Juventud Rebelde

Los que soñamos por la oreja

Raúl Torres: Igual y diferente

Raúl TorresTengo el privilegio de conocer la obra del matancero Raúl Torres desde hace ya casi 20 años. Mi primer escrito a propósito de su quehacer, publicado a fines de los 80 durante la primera etapa de esta columna en Juventud Rebelde, lo hice a raíz de aquel memorable concierto que él, Xiomara Laugart y Pablo Milanés ofrecieran en el Teatro Nacional. Después comenté sus dos primeras producciones discográficas en solitario, los álbumes Candil de nieve (PM Records) y Ala de luz (Milan Music).

De aquellos trabajos quedaron en la memoria de quienes amamos la cancionística nacional, temas como Hojarasca, Atrapando espacios, Se fue, Candil de nieve, Regrésamelo todo, Cantaora, El pescador o Río San Juan. Tras su impactante ópera prima, su segundo CD no satisfizo del todo las expectativas creadas, si bien en él hubo una que otra pieza memorable.

Ahora, tras unos cuantos años en los que Raúl Torres no había vuelto a grabar y solo se había dedicado a ofrecer conciertos aquí y allá en colaboraciones con gentes como Pablo Milanés, Simone, Sabina... y de que intérpretes como Ana Belén o Alba Molina hayan escogido piezas suyas para incluirlas en sus repertorios, reaparece con un tercer fonograma, una producción independiente titulada Maqueta de platino, la cual sale al mercado a través de la humilde pero eficiente discográfica Tierra.

Estamos ante un CD que es continuidad y a la vez ruptura con los precedentes. En un sentido, uno percibe que hay puntos en común con la obra anterior, sobre todo en el hecho de que el cantautor continúa apostando por composiciones que no son de letras fáciles, sino que él persigue llegar a los detalles más profundos de las relaciones humanas. Así, nos encontramos ante una poética que rebusca dentro del mundo interior del hombre como especie, quizá en la actualidad con un cierto aire canalla o una mirada deliciosamente cínica e irónica, y que mucho le debe a los decires de Joaquín Sabina.

En Maqueta de platino encontramos un Raúl Torres que ya no solo se apoya en la intimidad y el lirismo. Como él mismo asegura en la primera canción del álbum, el corte titulado Desde el estrecho, «ahora lo tengo todo bien claro de mí». Es tal seguridad en sus potencialidades la que lo ha impulsado a acometer su actual proyecto musical al margen de la industria, a sabiendas de que su disco no podrá contar con un fuerte respaldo mediático y que en su manufactura tendría que jugar mucho con el rigor artesanal. Semejante resulta el precio de quien apuesta por la resistencia cultural, a contracorriente de las transnacionales del universo fonográfico.

En el tercer álbum de Torres se incluyen 18 temas, en los que es fácil detectar a la vez una carga de malestar e ilusión ante las realidades que vive y padece el hombre contemporáneo. Una canción muy significativa en dicha cuerda es Don Quijote, una de mis preferidas de la grabación y en la que Raúl afirma:

«unos apostando por lo falso / reptando para hacerse del millón / se llenan los bolsillos de verde que te quiero azul y hasta marrón / tumba los baluartes de lo humano que otros ni pudieron sostener/ y el concepto buen gusto se pierde / entre banalidad y vanidad (...) Sé que el bueno no es quien mejor cante / sino el que más verdades cantó / mientras más molinos y gigantes / habrán más quijotes rumbo al sol (...) Vamos don Quijote contra los gigantes de ocasión».

Quizá el mejor modo de resumir la propuesta de este nuevo trabajo de Raúl Torres sea decir que viene a ser como una suerte de radiografía de un mundo globalizado, donde por doquier aparece la cruda realidad de la emigración. Ese asunto puede ser tratado de forma directa o como trasfondo de otras historias, unas de amor y otras de desamor. Esta resulta una de las preocupaciones que más se reitera últimamente no solo en la canción cubana contemporánea sino también en otras manifestaciones de nuestros artistas. Ya en lo musical, aquí hay una plena identificación con la música cubana alternativa y así sentimos la incidencia del rock, blues, funky, rap, R&B, house, techno..., todo hibridado en una sabia alternancia en canciones como Desempolvando, pequeña maravilla en un disco altamente recomendable.

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