Los que soñamos por la oreja

Honor a quien honor merece

Aunque sé que muchos no lo comprenden en su exacta dimensión, siempre he defendido la idea de que no estar de acuerdo, no significa estar en contra. Pienso en ello ahora que redacto las presentes líneas a propósito del gran César Portillo de la Luz. Y es que al margen de la profunda admiración que experimento por este genuino creador cubano, del cual me considero un absoluto devoto, en numerosas ocasiones he discrepado de sus planteamientos en diversos foros académicos e intelectuales, en relación con los disímiles procesos que hoy se están dando entre la más joven generación de músicos en nuestro país y que, en resumen, se vinculan al carácter transnacional que en la actualidad ha asumido casi toda nuestra cultura.

Empero, mis desavenencias conceptuales con el maestro César no me impidieron regocijarme de lo lindo cuando hace ya varios años, mi amiga Rosa Marquetti me transmitía un correo electrónico con la noticia de que la Academia de la Música en España había decidido «entregar a Portillo de la Luz el Premio Latino a Toda Una Vida, en reconocimiento a su aporte a la música, a su talento como compositor y a la enorme difusión de su obra, capaz de traspasar generaciones haciendo valer su inmensa calidad y su vigencia».

En la década del 30, Portillo de la Luz comienza a dar los primeros pasos de lo que sería tiempo después una fructífera carrera artística. Aquel inicio coincide con el furor del fenómeno de la llamada Trova Intermedia, que en esencia cabe explicarse como un modo diferente por parte de los compositores cubanos de abordar la creación y sobre todo, en la manera de acompañarse en la guitarra, que asumió un tratamiento mucho más complejo, tanto en el plano de la armonía como en el de las figuraciones rítmicas ejecutadas por el instrumento de las seis cuerdas. Es en dicha corriente en la cual hay que rastrear el antecedente natural del movimiento musical surgido unos años después bajo el apelativo de filin, término tomado en préstamo del inglés y que significa sentimiento.

Luego de los primeros pasos como aficionado y semiprofesional durante la segunda mitad del decenio del 30 y a principios de los 40, alrededor de 1945 César se integra a un trío en el que también figuraron Cheo Herrera en la guitarra e Ignacio Herrera en el tres. Un año después, es decir, en 1946, la popularidad que obtiene su canción Realidad y Fantasía, grabada por el mítico vocalista Roberto Faz con el Conjunto Casino, le ubica como un compositor de cierta notoriedad y al que poco a poco el público, los intérpretes y los especialistas empiezan a prestarle atención a su propuesta.

Por esa propia fecha, su talento artístico se va a perpetuar en una creación que desde el mismo instante en que viese la luz, se convertiría en una pieza recurrente en lo mejor de la cancionística cubana de todos los tiempos: me refiero a la mundialmente conocida Contigo en la Distancia, tema que ha sido versionado por cultores de diversos estilos y que transcurridos 65 años de su aparición, continúa sonando como si se hubiese estrenado hace apenas unos días. La belleza y frescura de la composición le otorgan la perdurabilidad que registran las obras artísticas que están al margen de los vaivenes, oscilaciones e inconstancias de una cosa tan superflua como la moda.

De entonces a acá, César nos ha legado otros clásicos de la cancionística nacional, como Tú mi delirio, Canción a la canción, Realidad y fantasía, Noche cubana, Canción para este día, Amor es eso, Son de a verdad, Canción de un Festival o Son al son (quizá, una de las composiciones que más se ha trabajado en los espectáculos nocturnos cubanos de las últimas décadas).

Hoy no existe discusión alguna en cuanto al hecho de que él es nuestro compositor vivo que más ha sido interpretado por cantantes de fama mundial. A lo largo de su existencia ha ponderado y dignificado con su quehacer no ya tan solo el ámbito de la trova cubana, que de por sí sería bastante, sino en general el amplio espectro de nuestra música, que todavía hoy entrado el siglo XXI continúa siendo el principal exponente en el rico panorama cultural de la nación.

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