Los que soñamos por la oreja

Ángel Bonne: el destino de su voz

Aunque la vida constantemente nos da señales de que no deberíamos estar tan influenciados por estereotipos e imágenes guardadas en nuestra mente de otros tiempos, con demasiada frecuencia caemos en semejante proceder. En correspondencia con ello, muchas veces solemos asociar a un músico con determinado género o estilo, sin percatarnos de que los buenos creadores no se autolimitan.

Creo que justo lo anterior es lo sucedido con Ángel Bonne, al que no pocos perciben solo como un vocalista de música bailable, en virtud del trabajo que realizase como integrante de Los Van Van y en una etapa con su propia agrupación. Pero Angelito, como se le dice en el medio, es más que eso, pues sus motivaciones artísticas lo llevan a desempeñarse como productor discográfico, arreglista, ejecutante del saxofón (en particular el alto), el piano y a incursionar en un género como el de la canción.

Confieso que yo apenas había escuchado algo de su quehacer como cantautor. Sabía que andaba en esos trajines y que incluso, no se limitaba a interpretar únicamente sus composiciones, sino que además montaba piezas de figuras como Gerardo Alfonso o temas de la trova tradicional, en especial procedentes de su natal Santiago de Cuba, manifestación de la que es un verdadero conocedor.

Por lo anterior debo admitir que para mí resultó una sorpresa escuchar su más reciente disco, el álbum titulado El guardián, material que ve la luz a través del sello Egrem. Esta es una propuesta en la que Angelito se nos presenta como un cantautor maduro, que tiene cosas que decirnos tanto en lo musical como en lo letrístico. Así, en el CD se registran seis piezas firmadas por él y tres pertenecientes a otros autores.

Una de las primeras cosas que llama mi atención al escuchar esta producción fonográfica de Ángel Bonne es lo interesante del trabajo armónico de las canciones que, sin caer en rebuscamientos innecesarios, encuentra soluciones y transiciones gratas al oído y que se apartan de lo manido o convencional. Esa intención se percibe desde el tema que da apertura al disco, es decir, Yo sé que vive en mí y prosigue a lo largo del resto del CD, con la sabia utilización en el acompañamiento de acordes aumentados, disminuidos, de séptima, de novena…

Otro elemento que me resulta muy bien logrado en el álbum es el de los textos, armados con una poética sencilla y transparente, pero con belleza en el decir y llenos de la experiencia que nos proporcionan los años de vida. Estupendos ejemplos en dicho sentido son los temas Evitando llorar, del cual proviene el nombre del fonograma, y Yo me lo perdí, uno de mis cortes favoritos de la grabación, por lo bien resuelto que en el mismo está el vínculo entre lo cubano y lo universal.

En cuanto a las piezas incluidas en el disco que no están bajo la rúbrica de Ángel Bonne, estas son Havana City, de Juan Formell, conocida ya desde hace tiempo, el precioso bolero Si el amor fuera, original de su padre Enrique (recientemente galardonado con el Premio Nacional de Música) y El cheque, acreditado a Rodolfo Cárdenas. En este último caso, en el CD encontramos dos versiones del corte, una a voces y otra con respaldo de banda.

La primera de tales versiones, es un trabajo en formato de cuarteto, en el que Angelito graba él solo todas las voces, en un formidable ejercicio de arreglo e interpretación. Con sinceridad, me parece que esta es la joyita de toda la producción y que deja claro por qué Juan Formell lo llamaba para participar como corista en grabaciones de Los Van Van después de su salida de la orquesta. Sucede que el color y timbre de la voz de Ángel Bonne son muy apropiados para el trabajo vocal a voces y si alguien duda de ello, le recomiendo escuchar con detenimiento lo que él consigue hacer en El cheque.

Es por eso que me pareció desaprovechar las posibilidades del disco incluir una versión con banda del tema, pues creo que habría sido mejor colocar alguna otra pieza, aunque intuyo que ello se hace por las posibilidades que da el corte para ser promovido por la radio y televisión, en virtud de su espíritu contagioso.

Al margen de lo anterior, esta producción discográfica, grabada por Tony Carreras y con la intervención como músicos de Raúl Verdecia, Jorge Alexander Wrest, Alfred Thompson, Osmany Sánchez, Yosvany Betancourt, Eduardo Llibre, Belinda Guerra y Reynaldo Milián «Molote», es una propuesta que da evidentes señales de que Ángel Bonne, aunque hoy no disfrute de la popularidad que gozó tiempo atrás, es alguien que continúa en la pelea y con el que hay que contar.

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