Memorias - La tecla del duende

Juventud Rebelde

La tecla del duende

Memorias

A la vuelta de los años ciertos recuerdos se van desdibujando, y del paso implacable del reloj no escapan siquiera detalles que fueron cincelados al calor de grandes emociones.

Con la enigmática fuerza de esos cometas que regresan una vez cada centenares de años, trastocando o afirmando en solo unos segundos las nociones de la felicidad y la dicha de vivir, pasaron por la capital, el fin de semana reciente, tecleros de muchos rincones de la Isla. Pero dejemos que los apuntes de Mileyda dibujen qué aconteció y pongan nuestra memoria a salvo de las travesuras del tiempo:

¡Hola, duende! Dice un viejo proverbio: «cuando las puertas se cierran, todo es cama». Si lo dudas, pregúntale a los tecleros de visita en la capital este fin de semana para celebrar el octavo cumpleaños de la columna, o, si lo prefieres, indaga por ti mismo entre las cabañas del campismo Las Caletas, en la residencia universitaria del reparto Guiteras o en el ultramarino pueblo de Regla.

¿Más refranes confirmados? Pues El Cañón encontró «la horma de su zapato» (¡y nada menos que con otra holguinera, Yolanda Sabrosura!); Oscar «se vistió de largo» como relacionista público; y resultó ser mucha verdad aquello de que «las piedras rodando se encuentran», pues en la maratón de espirituanos y holguineros por sitios de la ciudad pillaron a varios tecleros pasivos y les hicieron prometer que se sumarían pronto a la tertulia del Hueco.

Y ya te cuento sobre el día del Amor en G y 21: Rebasamos en número de concurrentes a la cita decembrina en Sancti Spíritus, pero los duendes de Santa Clara, Guaracabulla y Cienfuegos se hicieron extrañar. En ocurrencias sí estuvimos parejos: buzón de grafitis y poemas, competencias de besos de todos los sabores, apasionadas confesiones de grandes (como Carlitos, Catalina, Julián), y de pequeños como Roxana y Víctor... Y para más lucimiento, el profe Luis Sexto nos estrenó el último de sus libros publicados, El camino siempre va a alguna parte.

Para probar que «lo bueno no pasa», en el improvisado «mural de la prehistoria» quedaron solo cuatro incógnitas: la mayoría de las fotos fueron identificadas por el grupo, entre carcajadas y asombros.

Otra cosa cierta, cuando de amor se trata, los milagros sí existen: por tres días se alejó el frente frío; en Cubamar encontramos funcionarios que sonríen mientras te sacan de un atolladero (gracias, Dagmara y Rolando) y además topamos con varios custodios amables, sensibles y flexibles en Las Caletas y el Instituto de Periodismo José Martí.

Hasta las guaguas se portaron tan asombrosamente puntuales que en poco más de 72 horas pudimos ver la ciudad desde alturas martianas, ir y volver del litoral santacruceño, enterarnos con Enrique Chiquito de los pormenores de una nueva serie que graba la Televisión cubana para este verano, husmear tiendas, participar en la ceremonia del cañonazo, cruzar la bahía (sobre sus olas y bajo sus entrañas), atisbar museos, comprar dulces y suspirar hasta los bolsillos en la Feria del Libro, que inunda de tesoros nuestra capital.

Desde la Atenas hasta San Juan

«Sonó la tertulia matancera el domingo 15. Hablamos del amor y la amistad. Se escuchó a Carlos Fidel y su guitarra». El reporte-telegrama de El Moro deja espacio a unas palabras más: desde mañana y hasta el domingo 22 de febrero San Juan y Martínez se convierte en capital de las ocurrencias.

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