El Duende

La tecla del duende

Fármaco de versos

«Lleva quien deja y vive el que ha vivido», dijo el profe Luis Sexto, citando al poeta, para anunciarnos cuánto nos dejaba un periodista amigo que fue a ver la vida. Sí, porque ir junto a los médicos cubanos que hicieron la maravilla primigenia del fármaco y la ternura en la selva guatemalteca, es viajar, a contrapelo de miedos y mezquindades, a verle el rostro a la existencia.

Guatemala: el milagro de la primera vez, fue la ocurrencia que Eduardo Montes de Oca, erudito analista de Bohemia, trajo hasta la tertulia capitalina para regalar a las madres. Con él navegamos el río del cólera, en el Petén; nos agarramos a la nada frente al susto de un abismo; supimos que hasta socorrer un niño en aquellas tierras puede costar la vida, porque mil ojos lo confundirían a uno con los usuales traficantes de pequeños.

El paludismo que sufrió el reportero, su asombro ante la fibra sublime de nuestros coterráneos, las ganas de dar, de darnos junto a él en la aventura de los amores... De eso y de cuantas historias nos han contado las madres vibró la peña de mayo.

Y como las redes de la Tecla siempre van más allá, el cierre tocó al poemario Rumor de Pan, de Pedro Péglez. Este duende de la espinela, junto a Modesto Caballero, también inquieto vate, trajeron el abrazo del grupo Ala Décima.

Desde una semilla de diez versos en el capitalino Alamar, ellos y los demás miembros de la agrupación, llevan una cruzada conmovedora por la estrofa del alma cubana. Y ya son muchos los que en el país —y en el ciberespacio— los siguen. ¿Cuántas travesuras podríamos nacer juntos...!

Pan a la espera de Giraldilla

En La Habana del siglo XVI, desde el Castillo de la Fuerza y mirando al marítimo horizonte, Isabel de Bobadilla esperaba en vano día a día el regreso de su esposo, Hernando de Soto. Así se transformó, según el mito, en la Giraldilla que corona desde hace siglos la fortaleza. En el siglo XXI, el dios Pan, acaso reencarnación del aventurero, busca afanosamente en La Habana a su Giraldilla.

(...) La Habana me está mirando./ Su voz encoge los hombros/ y yo busco en los escombros/ un jardín de fuego. ¿Cuándo/ apagó su llama el bando/ azulado de septiembre?/ ¿No hay semilla que resiembre/ su ojo verde de utopía?/ Pero yo soy mediodía/ y ya me cerca diciembre.

La Ciudad me está mirando/ con serpentinas de diabla./ Desnuda sobre una tabla/ de sándalo, asume el mando/ de mi sexo. Va poblando/ mi soledad de otro traje/ de espejismos. Su equipaje/ sin recato de sayuela/ me va estrujando una estela/ de seducción y de encaje.

(...) La Ciudad me está mirando./ Y ya no sé si soy Pan/ o el fantasma de Tristán/ de Jesús Medina. Un bando/ real me anuncia el nefando/ epitafio de la espera:/ Magdalena de Junquera/ decididamente ha muerto./ Y yo me fundo en el puerto/ por que La Habana no muera. (De Péglez, tomado del sitio web Cuba Ala Décima, www.peglez.blogspot.com)

Nos vemos en Santa Clara

Cuatro años de tertulia: mil ocurrencias, tantos amigos. Son muchos los impulsos para vernos en Santa Clara. Así que allí estaremos este domingo, a las 10 y 30, en la Biblioteca provincial. JR llevará sorpresas.

Semilla

Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años. Abraham Lincoln

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