La tecla del duende

Cuatro cuentos

Mientras la novela puede ganar por puntos, el cuento tiene que noquear, suelen repetir teóricos de la literatura. Si además son cuentos breves, la efectividad del golpe ha de ser fulminante. Los que Ediciones La Luz, de Holguín, reunió en el libro Todo un cortejo caprichoso. Cien narradores cubanos (2011), emplean con buen tino la pegada narrativa. Aquí va un sorbo de muestra.

Perdurabilidad del gesto. Pasado el mediodía comenzaron a llegar los pájaros. Sus picos se fueron hundiendo, repetidos, en los ojos. No solo bebían el caudal de sus cuencas, sino que en ellos quedaba impregnado aquel brillo estremecedor. Al rato llegaron las hormigas y, meticulosamente, fueron arrancando y cargando minúsculos pedazos de piel, hasta dibujar una hilera infinita entre las piedras reverberantes. De la sangre y otros jugos se encargaron el suelo sediento y la violencia del sol de las tres. Cuando ya los huesos refulgían bajo la noche cercana, un viento repetido los fue fragmentando hasta dejarlos como la arena misma del desierto. Fue entonces que pasó un caminante y descubrió, sobre la tierra reseca, una sonrisa humana, casi perfecta. (Manuel Navea, Bayamo).

Olvido. Una habitación oscura y húmeda. La cama en una esquina y la mesa en el centro, con dos sillas. El padre se levanta con resaca por la borrachera del día anterior.

—¿Dónde están mis medias? —pregunta desde la cama.

—Revisa dentro de tus zapatos —dice su hija desde la mesa, sin levantar la vista de su cuaderno de dibujo.

—¿Y dónde están mis zapatos?

—Mira tus pies, seguro los tienes puestos todavía.

—¿¿Dónde carajo están mis pies?? —grita el padre angustiado.

—La niña levanta la vista del cuaderno.

—¡Mamá! —exclama volteándose a la cocina—, papá ha vuelto a dejarse las prótesis en el bar. (Ariel Cantero, La Habana).

Ironía. El aviador y el buzo abordan el mismo taxi. Por azar los dos van pensando en lo dulcemente peligroso que resulta desafiar la inmensidad. Un ruido ensordecedor los saca de sus meditaciones. Un choque terrible. El auto se incendia. Estalla. Los dos han muerto en una calle demasiado estrecha. (Mariene Lufriú, Pinar del Río)

Lecciones de Historia Moderna. Esta es la democracia, rezaba una valla en las afueras del pueblo. Alguien vino un día y dudó, trató de demostrar sus ideas, prometió a la gente y hubo muchos que lo siguieron a la guerra.

Pasado un tiempo, el hombre y sus adeptos ganaron, por lo tanto ya no eran hombres, sino héroes. Cuando llegaron al poder derrumbaron la valla, y en su lugar pusieron otra que decía exactamente lo mismo, pero con pintura fresca. (Serguei Martínez, Cifuentes).

Semilla

Siempre la felicidad nos espera en algún sitio, pero a condición de que no vayamos a buscarla. Voltaire

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