La tecla del duende

Brigadista

Una de las maravillas que hemos cosechado juntos en estos años de teclazos fue el homenaje a la Campaña del siglo, la más hermosa y masiva acción cultural de la Revolución Cubana, cuando cumplió cinco décadas, en 2011. Para el folleto que preparamos entonces, la Doctora María Dolores Ortiz nos dio su testimonio. Ahora, que a los 50 hemos sumado otro lustro, vale la pena recordar fragmentos de aquella crónica.

Decir ahora que ya han pasado 50 años de aquella Campaña Nacional de Alfabetización, irrepetible e inolvidable es algo más que simples palabras para todos cuantos participamos en ella, que es decir, todo el pueblo. En especial, los que sentimos todavía el honor y el orgullo de haber pertenecido a aquel ejército singular que fueron las Brigadas Conrado Benítez, del cual guardo amorosamente en mi casa mi uniforme y hasta la boina y la bandera.

(...) Varias cosas me impresionaron. Una fue aquella decisión irrevocable que logró vencer las más disímiles barreras para incorporarse a las brigadas, sobre todo para las muchachas, en una época en que predominaban aún tantos prejuicios; otra, el valor de los jóvenes y de sus familias al permitir que fueran «por llanos y montañas», en un momento histórico en que ocurría la invasión de Playa Girón y las bandas de alzados perpetraban fechorías, cuya culminación fue, para los brigadistas, el asesinato del brigadista Manuel Ascunce Domenech y uno de sus alumnos en las montañas del Escambray, hoy ambos devenidos símbolo y ejemplo de aquella gesta educacional. Por último, me conmovió comprobar, una vez más que aquella decisión que nos llevó a decir: «Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer», significó para muchos brigadistas el deseo de ser maestros, y a esta noble profesión han dedicado sus vidas.

Como se suele decir, mucha agua ha corrido bajo los puentes (...). Todos hemos trabajado, sufrido, amado, realizado las más difíciles tareas. Pero pocas nos dieron, como la alfabetización, la sensación palpable, profunda, tangible, de ser parte esencial de una parte de nuestra historia; la que sentó desde entonces las bases para hacernos más cultos, que es decir más libres.

Semilla

«El profesor autoritario, el profesor permisivo, el profesor competente, serio, el profesor incompetente, irresponsable, el profesor amoroso con la vida y la gente, el profesor mal querido, siempre con rabia hacia las personas y el mundo, frío, burocrático, racionalista, ninguno de ellos pasa por los alumnos sin dejar su huella. De ahí la importancia del ejemplo que ofrezca el profesor de su lucidez y de su compromiso…». (Paulo Freire, Pedagogía de la autonomía y otros textos).

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