La tecla del duende

Daniela

Es una joven de sensibilidad exquisita. Y a pura sensibilidad combate lo aciago. Entro a su Facebook, «robo» y comparto. Aquí les dejo la voz de Daniela Muñoz Barroso.

Colores fuertes. Mi papá y yo somos como los colores de estas fotos, si yo soy rojo, él es azul. Si yo soy negro, él blanco, pero los dos (o los tres) somos colores a fin de cuentas. Colores así: fuertes, intensos, exagerados, pasionales. No se vale amarillo clarito, moradito, o azul cielo, no, no, tenemos que llegar a los extremos. Juntos somos como las primeras películas teñidas por Tecnicolor, atormentantes. Pero póngase usted a pensar, también somos como un arcoíris, como la paleta de un pintor, como un plato de comida bien servido, como la famosa carátula de Pink Floyd. Somos la cajita que tiembla, y que tenemos miedo, pero todos queremos abrir porque hay cierta garantía de que dentro puede estar llena de sorpresas.

Para discutir nos tenemos que parar de cabeza, para comer tenemos que tumbar (sin querer) un cubierto (como mínimo), para cantar tenemos que hacerlo con otra letra porque no nos sabemos ninguna, para divertirnos hay que hacerlo con amigos porque si no, no tiene sentido, y para amar tiene que ser bien fuerte, porque de otra forma no es posible. Sí, somos de colores totalmente diferentes, pero colores al fin, colores fuertes. ¡Felicidades, papu!

Viajar. Podía viajar a casi cualquier parte y me sentía como si volara. Encontré en el viaje mi forma de ser feliz, de reencontrarme. En cada paso sentí la seguridad y la fuerza que brindan tomar decisiones propias y que nada ni nadie pueden intervenir para impedírtelo. El placer de dejarte llevar, de fluir en la naturaleza en la búsqueda de un mundo casi desconocido y que por un momento parece que siempre estuvo esperando por ti. La gracia de necesitar un mapa como guía porque no sabes dónde estás. El encuentro casi mágico con esas personas a las que quizás nunca vuelvas a ver pero de las cuales te llevarás un recuerdo hermoso y dejarás a cambio un montón de sonrisas. Viajar se volvió parte de mi forma de vida, parte de mí. Por estos días no puedo ser yo completamente. Hay una tristeza siempre en mi alma, una añoranza. He buscado nuevas formas de viajar, he descubierto ciertas raras estrategias para volar. Cada vez que creo que ya conozco todos los colores del atardecer me sorprende uno nuevo, y a veces en ese instante abro más que nunca los ojos y disfruto el vuelo. No respiro profundo, prefiero que lo haga la memoria, así los colores se transforman en olores, y puedo oler la yerba mojada, el café aguadito, hasta el silencio...

Semilla

No te des por vencido, ni aun vencido/ No te sientas esclavo, ni aun esclavo.

Almafuerte

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