Raiko Martín

Tiempo extra

Gala

Que nuestra Serie Nacional de béisbol no es el espectáculo que todos queremos, es un hecho tan palpable como algunos de los pasos dados para que el principal pasatiempo de los cubanos alcance, lo más rápido posible, el nivel añorado.

Es cierto que algunos de ellos se han improvisado sobre la marcha. También que varios, ideados como soluciones, arrastraron consigo otros inconvenientes en los que muy pocos —para no decir nadie— pensó en el momento adecuado. ¿Falta de previsión o de capacidad? Prefiero asumir que son frutos de la premura, y vistos desde cierta distancia, forman ya parte de la experiencia adquirida de cara a futuros empeños.

Pero aun así, con cada uno de ellos se dio un pasito más hacia el objetivo. El primer intento de concentración de calidad, refuerzos, estimulaciones tangibles para los ganadores del campeonato y del Juego de las Estrellas, conferencias de prensa en la postemporada y la Gala de Premiación, fueron algunos de los aportes llegados con la recién concluida temporada.

Y en torno a esta última iniciativa me detengo, no sin antes aplaudirla, respaldarla, y hacer votos por su trascendencia, aun cuando me haya quedado cierto regusto a insatisfacción.

Nada tiene que ver mi inconformidad con el lugar elegido para realizarla, porque pienso que estas ceremonias no deben ser presa de ningún regionalismo estéril, y la selección de sus escenarios solo debe condicionarla la existencia de las garantías necesarias para que gocen de la máxima calidad posible.

Claro que todos los seguidores del equipo campeón siempre desearán sentirse protagonistas de estas celebraciones. Es una legítima aspiración. Mas no es este el único momento, y tal vez tampoco el más idóneo, para que el pueblo demuestre el apoyo y agradecimiento a sus jugadores, e interactúe con ellos de alguna forma. Y en el diseño de esas oportunidades tienen que pensar siempre las autoridades locales.

Mis sensaciones están ligadas a la concepción de esta primera puesta en escena. Aunque repito, me quito el sombrero ante todos aquellos que, con un enorme esfuerzo, la hicieron posible.

Ahora bien, con el válido propósito en imbricar cultura con deporte, la elección del repertorio no fue del todo afortunada, más por el tipo de propuesta que por la probada calidad de los ejecutantes. Para mi gusto, al guión le faltó dramaturgia, emoción, espectacularidad, esta última cualidad derivada de una falta de preparación previa y mejor estructurada, y no por los recursos tecnológicos disponibles.

Lograr que los jugadores no aparezcan como simples recogedores de premios puede ser una vía. Crear expectativas en la selección de los miembros del Todos Estrellas entre varios candidatos, se pudiera convertir en uno de los tantos recursos posibles.

En fin, no se trata de inventar el agua tibia, sino de pensar entre muchos y muy bien, pero no el día después del último out. Si queremos que nuestra Gala se parezca al béisbol que soñamos, hay que empezar a darle forma desde ahora. Solo así evitaríamos que la próxima nos sorprenda fuera de base.

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