Escala un cubano por primera vez montañas nevadas de más de 4 000 metros

Jorge del Sol Baylac es un joven de 22 años que aboga por desarrollar la escalada en el país.

Autor:

Juventud Rebelde

Fotos: Cortesía del entrevistado

Las pasiones humanas son misteriosas. Quienes se dejan arrastrar por estas no pueden explicárselas, y quienes no las han vivido no las comprenden. Hay personas que se juegan la vida por subir a una montaña. Y nadie, ni siquiera ellos, pueden explicarse el porqué.

De esa manera resumió el escritor alemán Michael Ende la incomprensible relación escalador-montaña. El alpinista Jorge del Sol Baylac, estudiante de cuarto año de Historia en la Universidad de La Habana, coincide con Ende.

«No sé en realidad cuál es el secreto, si es que existe, pero siempre que llego a la cima de una montaña lo disfruto al máximo. Es como llenarme completamente de nuevas energías que me convierten en el hombre más feliz del mundo, porque así me realizo completamente como ser humano», explica Del Sol.

A este muchacho puede catalogársele de afortunado. Con solo 22 años cristalizó uno de sus mayores sueños: en menos de 15 días ascendió tres montañas nevadas con más de 4 000 metros de altura cada una.

El hecho tal vez no es una proeza para escaladores renombrados en el mundo. Sin embargo, para Jorge significa mucho más que eso: él solo había visto la nieve en la televisión, y lleva apenas tres años como alpinista.

Con su permanente sonrisa, carácter tímido y hablar pausado, llegó recientemente este joven a la Redacción de Juventud Rebelde para una entrevista que consideró la escalada más complicada de su vida.

Durante casi cuatro horas contestó preguntas de varios periodistas, quienes, curiosos al fin, se acercaban a escuchar sus historias de amor por las montañas, y su pasión por ese mundo vertical, el cual le aporta mucho más que lo que él le entrega.

—¿Por qué decidiste convertirte en escalador?

—Me embullé después de leer una entrevista publicada hace como tres años en el periódico Granma. Allí un joven llamado Aníbal relató detalladamente en qué consistía el escalamiento de montañas rocosas. Aquella onda aventurera me atrapó de inmediato.

«Contacté con Aníbal. Él me enseñó las primeras técnicas. Ascendimos varias veces juntos en el país. Por día me fui enamorando del escalamiento, tanto… que ahora es parte inseparable de mi vida».

—Muchas personas hablan de alpinismo, pero ni siquiera saben qué es…

—Escalar es muy emocionante, pero como deporte de riesgo siempre está presente la posibilidad de algún percance. Para evitarlos hay que tratar de dominar cabalmente las técnicas y los equipos: colocar bien los seguros, revisar completamente las cuerdas, y sobre todo no hacer ninguna imprudencia para ganar tiempo. Lo importante no es llegar rápido a una cima, sino escalar por muchos años.

—¿Has sentido miedo durante algún ascenso?

—Al principio sentí miedo en ocasiones, pero supe sobreponerme. Las alturas son impresionantes. Y más cuando son montañas heladas, donde el clima se convierte en tu principal enemigo. Si no te concentras bien puede costarte la vida. Sobran los ejemplos.

«Ahora le he cogido la vuelta y asciendo con más seguridad, aunque todavía siento algo de miedo. Creo que siempre será así. De lo contrario me convertiría en un escalador demasiado temerario y eso es muy peligroso».

—Eres de los pocos cubanos que ha podido escalar fuera del país…

—Durante 15 días estuve por las montañas más altas de Europa, principalmente en Suiza y Francia, la meca del alpinismo en el mundo.

«Fue una experiencia inolvidable, exigente. Era la primera vez que tocaba nieve y no me dieron tiempo ni para jugar a las bolas con ella, como suele hacerse. En cuanto me puse aquel equipamiento, casi desconocido para mí, comencé a subir una montaña de más de 4 000 metros de altura.

«Durante las dos semanas subí primero al Weissmies, una montaña de 4 027. A los tres días escalé la Strahlhorn, elevación de 4 190 metros. Por último ascendí hasta la cima del Mont Blanc Du Tacul, a 4 248 metros. Terminé con los dedos de los pies a punto de reventar, por la baja temperatura y la dureza de las botas, a pesar de que usé medias muy gruesas».

—¿Es más difícil escalar montañas nevadas o rocosas?

—Las nevadas son más complejas. El hielo suele ser traicionero. A veces un paso en falso puede costarte la vida, porque puedes hundirte a varios metros de profundidad y a unos cuantos grados bajo cero. Además, en esas elevaciones el clima cambia rápidamente, y si no llegas a un refugio puedes congelarte en un momento.

—Aunque en Europa subiste a otros tipos de montaña, ¿las técnicas aprendidas aquí te facilitaron el ascenso, no?

—Me sirvieron de mucho. Los principios de este deporte los puedes poner en práctica en cualquier parte. En la escalada el cerebro es el principal músculo. Mientras estés bien concentrado y tengas una preparación física aceptable hay grandes probabilidades de que puedas llegar a la cima.

—El viaje también te dio la posibilidad de ver el avance de esta modalidad. ¿Cómo podría ese deporte mejorar en Cuba?

—Falta mucho por lograr. Varias personas están interesadas en practicarlo, pero el apoyo institucional que recibimos es insuficiente. He visto jóvenes escalando casi a «pecho limpio». Arriesgando su vida por falta de equipos y conocimientos. Pero no pueden controlar los deseos de treparse a una montaña, y se arriesgan.

«Hace poco el INDER reconoció a los dos grupos fundamentales de escaladores del país, ubicados en la capital y en Viñales, Pinar del Río. En otras partes hay algunos grupos también, pero son muy pocos y no cuentan con muchos integrantes. Lo ideal sería organizarnos mejor para aprovechar la experiencia de los más avezados.

«Continuar desarrollando nuestras competiciones nacionales, aunque sea una vez al año, también ayudaría a la masificación y desarrollo de la escalada cubana. Si contáramos con una federación, como tienen otros deportes, algunos alpinistas cubanos pudieran participar en eventos internacionales, y eso los favorecería mucho, porque adquirirían importante experiencia».

—De los alpinistas se dice que son raros y que prefieren desafiar mil alturas antes de enfrentar un matrimonio. ¿Cómo relacionas alpinismo, universidad y vida privada?

—Es común que la gente piense así de los alpinistas, porque por lo general son personas solitarias, y hasta extrañas, puede decirse. Lo que pasa es que algunos no entienden por qué uno arriesga la vida solo por subir a una montaña y entonces nos catalogan de locos.

«Considero que los montañeros son tan normales como otras personas. Algunos se casan. Otros no, como sucede con cualquiera. Yo saco tiempo para llevar una vida normal. Dos o tres veces a la semana escalo para ejercitar, y cumplo con el resto de mis obligaciones.

—¿Alguna vez te sucedió algo que te hiciera pensar en desistir de una práctica tan riesgosa?

—Por suerte nunca he tenido un accidente. Pero conozco colegas que los han sufrido dramáticos y los ha afectado mucho física y psicológicamente, que es el peor daño. Algunos nunca pueden superarlos y jamás vuelven a pisar una montaña. Espero que jamás me ocurra algo así, porque de lo contrario dejaré de hacer lo que más me apasiona.

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