Debatirán en el Congreso pioneril el tema de la innovación

Dos pioneros asombraron a sus padres con una idea inusual. Al final le han enseñado a la familia varios premios, uno de ellos, el de la XII Exposición Provincial Forjadores del Futuro. El venidero Congreso pioneril también debatirá el tema de la innovación y su incidencia en el aprendizaje de los niños.

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Keisuke (con pañoleta) y Asaichi frente a la maqueta que mantuvo en suspenso a la familia por casi un mes. CIEGO DE ÁVILA.— Keisuke y Asaichi. De apellidos Armengol López. Tienen 10 y 13 años, respectivamente. Achinaditos y con cara de maliciosos, la misma que se le ve al hermano más pequeño, Isami. Descendientes de cubanos y japoneses; al punto que sus padres, José y Beatriz Michiko, continuaron la costumbre de los emigrados nipones de ponerle nombre japonés a los familiares nacidos en Cuba.

Sin embargo, lo que no imaginaron los progenitores es que, además del físico y el gusto por el kárate, a sus dos hijos mayores la sangre de los abuelos les saldría también por otro lado: el gusto por el detalle y por armar objetos con una precisión asiática.

Eso lo comenzaron a vivir a principios de este año. Keisuke llegó por la tarde de la escuela con una copia del concurso del Programa de Ahorro de Electricidad con el Ministerio de Educación (PAEME). El padre leyó las bases y preguntó: «Bien, ¿y qué?». El hijo encogió los hombros: «Pudiéramos hacer una maqueta». «¿Una maqueta? ¿De qué?». «De los ventiladores, ahora que se está hablando de ellos». Y apuntó hacia el televisor. A todo lo largo de la pantalla, esbeltos y con su color blanco, estaban los dos aerogeneradores de la Isla de Turiguanó con sus aspas girando a viento batiente.

TRABAJO EN PARALELO

«Lo que hicimos fue un medio de enseñanza», explica Asaichi. «Pensamos crear algo que ayudara a que los muchachos de nuestra edad comprendieran qué es la energía renovable y sus ventajas».

El padre confiesa que al principio se rascó la cabeza pensando: «¡En qué líos me meten estos vejigos!» Pero dio una palmada y dijo: «Vamos a hacerla». La madre, Beatriz Michiko, lo tomó por el lado normal: «A los dos siempre les gustó armar y desarmar las cosas. Desde que eran más chiquitos. No hay carro de juguete en esta casa que ellos no lo hayan revisado por dentro. ¡Hasta idearon un ventilador!».

La idea era reproducir el Parque Eólico de Turiguanó y la forma en que la energía eléctrica, obtenida a partir de la fuerza del viento, mantiene las mismas posibilidades para la vida doméstica y la economía en comparación con la producida por el petróleo, incluso con mayores ventajas para el país.

Fue un trabajo en dos partes, que se hicieron casi al mismo tiempo. Los niños buscaban información en Internet con el abuelo, José Miguel Armengol, quien es contador de la ONAT; recopilaban lo que aparecía en la prensa y se presentaban ante los especialistas; mientras que en la casa, al regresar de las clases, agrupaban los materiales y objetos para la maqueta.

A comienzos de abril se encontraba lista. Medía un metro con diez centímetros de largo por 66 centímetros de ancho. Se veía una escuela y un consultorio del médico de la familia con paneles solares, una vaquería con su molino de viento, un repetidor de señal y los dos aerogeneradores. Con el alma en suspenso se presentaron al evento nacional del PAEME. Los jurados detallaron la maqueta y escucharon ceñudos la presentación de los muchachos. Luego conferenciaron y al final se supo. Uno de los premios era para Asaichi y Keisuke.

LO QUE SE QUEDÓ

Después del concurso del PAEME se presentaron a la edición provincial de El Camino del Sol, evento sobre las energías renovables; luego fueron al nacional, a principios de septiembre, y posteriormente concursaron en la XII Exposición Provincial de la Brigadas Técnicas Juveniles, donde obtuvieron uno de los premios especiales.

Sin embargo, en opinión de los padres, hacer la maqueta resultó una buena experiencia; pero lo más importante fue el conocimiento que sus hijos adquirieron. «Los obligó a buscar información sobre el principio de funcionamiento de los aerogeneradores, el futuro de las energías renovables y los problemas del medio ambiente», explica Beatriz Michiko.

Entonces el padre se vira hacia los muchachos: «A ver, ¿qué es la energía eólica?» Asaichi cierra un ojo, como diciendo «no me dejan ver el televisor» y responde: «Es la utilización de la energía del viento para producir energía eléctrica. En el caso de los aerogeneradores de Turiguanó arrancan cuando el aire sopla a 13 kilómetros por hora».

Apenas su hermano termina, Keisuke salta: «¿Usted sabe cuál fue el primer país que usó la energía del viento?». «No, ¿cuál?» «Dinamarca, a finales del siglo XIX». Armengol cruza los brazos y le pregunta al niño: «¿Y qué otras fuentes de energía renovable existen?». «Bueno, hay unas cuantas. Por ejemplo, está la solar; la mareomotriz, que se obtiene de la fuerza de las corrientes marinas; la hidráulica, a partir del agua y el biogás, que sale de las materias orgánicas en descomposición».

El padre se inclina en la silla: «¿Y qué ventajas tiene la energía renovable?». Asaichi responde: «Son energías que no se agotan ni agreden al medio ambiente». Keisuke da un brinco: «Ni provocan el efecto invernadero y con él, el calentamiento global, lo que llevaría a trastornos en el clima de la tierra y la subida del nivel del mar con la inundación de las zonas costeras».

«¿Y para Cuba, qué ventajas trae para Cuba?» Asaichi, meciéndose en el sillón y sin apartar la vista de la televisión, explica: «El costo del kilowatt de la energía eólica es de entre cinco y ocho centavos dólar, menos de la mitad de lo que cuesta obtenerla en Cuba por la quema del petróleo». Mira de reojo y pregunta: «¿Sabe cuánto le ha ahorrado el Parque Eólico de Turiguanó al país desde que comenzó a funcionar en 1999? Más de 600 toneladas de petróleo». Sonríe y antes de concentrarse en el televisor, dice: «Casi nada, ¿verdad?».

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