Resaltan nuevos beneficios en el uso del electromagnetismo

Un joven colectivo de investigadores santiagueros acumula importantes logros en la novedosa imbricación del magnetismo y la industria 

Autor:

Juventud Rebelde

La magnetoterapia se usa para tratar enfermedades inflamatorias. Foto: Jorge Luis Guibert SANTIAGO DE CUBA.— Un imán abandonado en el local del Departamento de Electrotecnia Básica, de la Universidad de Oriente, les daría el «Norte». ¿Qué hacer con aquel pedazo de hierro, que estaba, incluso, dañando sus instrumentos?

La respuesta la sugirió un amigo, especialista de la textilera Celia Sánchez, quien había leído sobre la utilización de los campos magnéticos.

Adaptando los conocimientos que tenían a su disposición profesores y alumnos, el imán fue instalado en una parte del proceso de la fábrica textil. Los resultados «tropicalizarían» el asombro de aquel pastor, que, tras sus ovejas, descubrió las piedras de magnetitas.

Tres años sin abrir los equipos y una alta eficiencia en las instalaciones de la industria involucradas, le valdrían a la experiencia un Premio Relevante en el Fórum de Piezas de Repuesto, allá por principios de los 90, y a sus protagonistas, un reto que los atrajo para siempre: la investigación sobre el magnetismo y sus aplicaciones.

Así, como un hijo legítimo y natural de ese movimiento de la creación popular que es el Fórum de Ciencia y Técnica, hecho a mano por alumnos y profesores, surgió el 16 de enero de 1992, en tierras santiagueras, el Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA), adscrito a la Universidad de Oriente.

CIENCIA POR LA EFICIENCIA

El CNEA es un centro de estudios, pero no se queda en la investigación. En la introducción y aplicación de lo alcanzado está su énfasis, particularmente desde la novedosa imbricación del magnetismo y la industria, que es leitmotiv desde su nacimiento y también el mayor de sus frutos.

Así ha sido durante sus recién cumplidos 15 años de vida. Más allá del diseño de nuevos equipos y de nuevas aplicaciones para ellos, explica el ingeniero Joaquín Tristá Moncada, director del joven colectivo científico, los marca el empeño por generalizar la utilización de agua tratada magnéticamente en la industria, como ventajoso camino para aumentar la eficiencia energética en calderas, calentadores, sistemas de enfriamiento, destiladores, suavizadores... hasta lavadoras de ropas.

A la textilera Celia Sánchez le seguirían experiencias similares en la Pasteurizadora y la Destilería de ron santiagueras, en ocho instalaciones de los complejos agroindustriales azucareros (CAI) de todo el país, y recientemente en los sistemas ingenieros de más de un centenar de hospitales y otras instituciones de salud, centros científicos y educacionales.

Aunque son preliminares, los resultados en las entidades últimamente beneficiadas refrendan los de otros tiempos: elevación de la eficiencia de los procesos, disminución de los costos de mantenimiento y alargamiento de la vida útil de las instalaciones, al reducirse las incrustaciones provocadas por las sales del agua y evitarse el empleo de productos químicos, altamente agresivos a las tuberías.

La cantidad de sustancias contaminantes emitidas al medioambiente por las chimeneas de las calderas está directamente relacionada con la eficiencia energética de estas instalaciones, la que a su vez depende, entre otras causas, de la presencia de incrustaciones de sales en los tubos.

Esa verdad de Perogrullo, muchas veces ignorada, define otra de las vertientes de trabajo del CNEA: la lucha por el aumento de la eficiencia energética de los sistemas de generación, distribución y uso del vapor de agua y la disminución de la contaminación ambiental provocada por las calderas, que según un centenar de diagnósticos energéticos realizados en industrias, hospitales, centros científicos y turísticos, pueden elevar las potencialidades de ahorro de combustible desde un cinco hasta un 25 por ciento.

La corrección de las deficiencias detectadas que afectan a las calderas, según reportes del propio CNEA, ha representado al país un ahorro promedio anual de mil toneladas métricas de combustible, que significan unos 200 000 pesos convertibles y reducen en más del 20 por ciento la cantidad de contaminantes emitidas hacia el entorno.

Por otro lado, el CNEA ha continuado desarrollando sistemas de separación magnética, destinados a extraer partículas ferrosas presentes en algunos procesos industriales.

Los dos últimos equipos que han creado para este fin, denominados separadores tipo reja magnética Ferromag-03, sustituyen importaciones con un impacto económico de 12 268 CUC en la Planta Procesadora de Soya de Santiago de Cuba.

CORRIENTE POR LA VIDA

Según demuestran cada vez más los estudios mundiales, el funcionamiento fisiológico del organismo humano es también un problema eléctrico. Tras la pista de las interrogantes derivadas de tales presupuestos, andan los investigadores del CNEA en el campo de la Medicina.

Después de tres lustros han logrado resultados en la aplicación de campos magnéticos al tratamiento de enfermedades como la psoriasis, la gengivitis y la inflamación pélvica, usando equipos diseñados y construidos por ellos, como el Estimulador Magnético Local (NAK), registrado por el Centro Nacional de Control de Equipos Médicos.

Según la joven investigadora Miriam Marañón, un alto número de pacientes han sido tratados usando la magnetoterapia contra procesos inflamatorios, con efectos adversos mínimos y un alargamiento de los períodos de repetición de las enfermedades; avales, sin duda, para el establecimiento de la tecnología.

El diagnóstico de enfermedades usando parámetros bioeléctricos es otro de los campos en los que avanza el CNEA. A partir de la medición de la bioimpedancia del cuerpo humano, aprovechando la relación entre los parámetros eléctricos y fisiológicos, aspiran a predecir y diagnosticar enfermedades.

Con ese fin han realizado estudios para establecer los parámetros bioeléctricos de grupos poblacionales sanos, de personas de la tercera edad y pacientes con VIH-Sida de la provincia de Santiago de Cuba.

Al propio tiempo, desde 1997 trabajan en lo que puede ser su principal aporte a la ciencia en el campo médico: la aplicación de corriente eléctrica de bajo nivel en el tratamiento del cáncer. Por su intermedio, Cuba se inserta en un selecto grupo de países que emprende estudios de este tipo internacionalmente.

Después de excelentes resultados en la etapa preclínica —explica el doctor en Ciencias Luis E. Bergues, al frente del proyecto—, y como parte de un adiestramiento impartido por el experto chino Dr. Li Hing-Hong, en julio de 2005 se iniciaron las primeras experiencias en humanos con el tratamiento a pacientes con tumores en estadíos avanzados.

Las conclusiones y resultados obtenidos hasta hoy le valieron al proyecto el Premio Nacional de Salud en el año 2005, el Premio Nacional de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) y la nominación para el Premio Academia, que otorga la Academia de Ciencias de Cuba, en el 2006, entre otros reconocimientos.

Pero ni los recurrentes premios relevantes en diferentes ediciones del Fórum de Ciencia y Técnica, ni otros los envanecen.

Con la tozudez del imán, siguen, imperturbables, hablando de retos como introducir sus resultados en la agricultura, un sector que aún les ofrece resistencia; de las posibilidades de utilización de magnetizadores para optimizar los combustibles, de sumar sus logros a las diferentes tecnologías introducidas en el país como parte de la Revolución Energética, y en fin, de buscar nuevos resultados útiles a la sociedad.

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