Una instructora de arte en la montaña

Una integrante de la Brigada de Instructores de Arte José Martí,  ha visto nacer a teatristas, declamadores, poetas y cuenteros

Autor:

Lisván Lescaille Durand

«La profesora nos enseña ejercicios para expresarnos mejor e imparte lecciones que elevan nuestra cultura», dijeron integrantes del grupo Primavera, aquí junto a Yunelkis en una casa de abuelos. Imías, Guantánamo.— A las cuatro de la tarde el sol «pincha» la piel en este municipio, que se extiende en el denominado semidesierto cubano. Algunos lo piensan dos veces antes de transitar sus terraplenes erizados de polvo, aunque la mayoría se adapta a tales asperezas.

La joven Yuneikis Laffita Matos conoce bien los rigores del clima en su terruño; y hasta encuentra lados buenos en esos desencuentros con San Pedro. «Así la lluvia pocas veces estropea ensayos del grupo de teatro o alguna actividad cultural en el territorio», dice a modo de consuelo.

Camina con la soltura de quien domina sus predios. Toma un trillo a la derecha de la vía hacia la comunidad de Jesús Lores y desde ahora el reportero y su equipo intentarán seguirle el paso:

«¡Uuuh! Yo camino muchísimo diariamente —nos advierte—, desde la cabecera de Imías hasta el preuniversitario —alrededor de diez kilómetros—, también hacia las casas de niños, en ocasiones más de una vez al día, que residen en comunidades dispersas y alejadas entre sí, como El Salao, Acopio, La Línea, Rincón...

«Otras veces voy por intrincados consejos populares, como parte del proyecto Playitas-Palenque, a pie, cruzando ríos, haciendo actuaciones con títeres, actuando en los caseríos, durmiendo a la intemperie, viviendo en campaña para saber con precisión las preferencias de los habitantes de cada caserío».

Un equipo de música en su diestra y la mirada prudentemente atenta al movimiento de sus pequeños teatristas, se destacan en su desplazamiento rumbo a un círculo de abuelos en una comunidad de Imías.

«Hoy es 14 de febrero, y nos propusimos llevarles un poco de alegría a los abuelitos con una de las obras del grupo de teatro Primavera, integrado por escolares de cuarto, quinto y sexto grado de la escuela primaria Ciro Frías Cabreras, de la cabecera municipal», explica la muchacha a este diario.

Los instructores de arte sembraron un árbol en el Bosque Martiano, en Playitas de Cajobabo. Ella integra la Brigada de Instructores de Arte José Martí (BJM) desde hace alrededor de tres años, cuando egresó de la primera graduación en la Escuela de Instructores de Arte de Villa Clara, que forma a estos muchachos y muchachas bautizados por Fidel como «médicos del espíritu».

Por añadidura Yuneikis es parte del Destacamento 45 Aniversario de la UJC, el cual agrupa a brigadistas guantanameros, cuya misión apunta al rescate de tradiciones culturales y populares en zonas de difícil acceso de estas serranías.

Testigos del abanderamiento de la referida tropa fueron, este 28 de enero, en ocasión del natalicio 154 del Héroe Nacional, unos cien delegados de todo el país, asistentes al Primer evento nacional de la Brigada José Martí, denominado Encuentro entre Generaciones.

Allí, con las olas del mar acariciando el monumento al desembarco de José Martí, Máximo Gómez y otros patriotas, el 11 de abril de 1895 por Playitas de Cajobabo, el Destacamento expuso su compromiso de despertar aún más las infinitas fibras del hombre de campo, como seguimiento a lo iniciado por el Apóstol a su paso redentor por estas lomas. 

«Esa no es cosa de varoncitos. De ahí salen flojos y yo no quiero ver a mi hijo metido en ningún asunto de esos», le dijo un padre cierto día. Otro echó mano a sus creencias religiosas para torpedear el interés del párvulo por unirse al grupo Primavera.

El pasado 28 de enero, en Playitas de Cajobabo se abanderó el  Destacamento de la BJM 45 aniversario de la UJC. En el bosque martiano develaron una tarja con el compromiso de los brigadistas ante la Patria. «Una reacciona con perplejidad cuando escucha esos argumentos, pero luego empieza la labor de convencimiento, explicando de qué se trata. En ambos casos me armé de argumentos y hasta les mostré casetes de videos con presentaciones de mis niños en otras comunidades.

«Los padres fueron cediendo y aceptaron. Incluso en el primer caso, el niño no solo integró el grupo, sino que al cabo de tres años, convertido en un adolescente, aprobó el examen y es uno de los estudiantes de la Escuela de Instructores de Arte», dice esta brigadista.

Como parte de la cátedra de teatro de la casa de Cultura municipal, Laffita Matos reparte su apremiante jornada de trabajo entre los talleres de apreciación y creación del teatro que imparte en el preuniversitario Protesta de Baraguá, los ensayos vespertinos con los 11 integrantes de Primavera, sus compromisos creativos en los círculos de abuelos y las actividades culturales de algunos consejos populares del municipio.

«El resultado no se hace esperar, y aquí en casi todas las comunidades tenemos niños que hacen representaciones teatrales con personajes de las obras martianas, excelentes cultores del baile típico de Imías como la “guanajá”, una suerte de sátira a quien se queda sin pareja en una fiesta guajira.

«Con los jóvenes del preuniversitario la cosa ha sido más difícil; hay que recurrir a formas de motivación para que asimilen los talleres de creación y apreciación del teatro, en este caso latinoamericano y cubano; no obstante también tenemos el grupo Rajatabla, compuesto por 20 estudiantes.

«Resulta tarea más compleja inclinar el gusto estético de estos jóvenes por lo tradicional y autóctono; se aprecia su alta predilección por el reguetón y otros ritmos foráneos», sostiene.

Tales satisfacciones y retos acompañan las agotadoras jornadas de esta instructora de arte, una de las más de 9 500 que se desempeñan en el país, quien en su corta experiencia ayudando a que emerja lo mejor de cada ser humano, en su natal Imías, ha visto nacer declamadores, poetas y cuenteros de gracia y verbo afilados.

«Descubres la vocación de muchos pioneros y jóvenes talentosos que se encuentran fácilmente en cualquiera de nuestras escuelitas rurales, secundarias o preuniversitarios, y lo más gratificante es que siempre anida en ellos el interés por el arte como bálsamo para el espíritu», afirma Yuneikis.

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