Recuerdan lucha estudiantil contra la tiranía batistiana

Después de 50 años, todavía el aliento del líder estudiantil José Antonio Echeverría puede sentirse en la Universidad de La Habana y sus cercanías Testamento político de José Antonio Asalto a la historia

Autor:

Margarita Barrios

Foto: Roberto Suárez  "Mi abuelo siempre me contaba historias de su juventud. Él nunca pudo estudiar en la Universidad, porque era pobre y tenía que trabajar, pero sentía mucha admiración por aquellos que iban a la Colina, y sobre todo por las hazañas que realizaron contra la dictadura de Batista.

«El 13 de marzo él andaba trabajando por las calles de La Habana Vieja. Era mensajero de una empresa americana. Cuando empezaron los disparos, un guagüero le dijo: “Sube muchacho, que están asaltando el Palacio, y la cosa está malísima”. Entonces se fue para su casa, y luego se enteró de lo que había sucedido».

Así recuerda David Hurtado, recién egresado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, las historias que lo motivaron luego a leer, a buscar más información.

«Siendo yo un niño, un día mi abuelo me llevó a la Universidad de La Habana. Allí me enseñó los lugares históricos. Esos cuentos suyos me aburrían un poco en aquel momento. Sin embargo, cuando me tocó ser de la FEU, y él ya no estaba, sentí un gran honor y hasta emoción de integrar esas filas».

Juan Nuiry, quien compartió con José Antonio Echeverría la dirección de la organización estudiantil, lo recuerda como un joven que se preocupaba por su apariencia. «Siempre vestía de traje, como la mayoría de los hombres de la época, pero escogía el color negro para lucir un poco más delgado. Como era gordo y de piel muy rosada, le decíamos Manzanita. Le preocupaba la caída de su cabello, si viviera hoy de seguro sería calvo.

Con su novia María Esperanza.  «Tenía una novia, María Esperanza, estudiante de Filosofía en la Universidad de La Habana. Ella vivía en una de las casas de huéspedes más célebres entre los estudiantes de entonces, La Bombonera, que era solo para señoritas. Por allí rondábamos los muchachos, y José Antonio entre nosotros.

«Era asmático, pero el padecimiento no le impidió practicar deportes; le gustaba mucho remar y jugar fútbol rugby. En sus ratos libres coleccionaba sellos, y se deleitaba escuchando y bailando los ritmos de moda en su época, como el foxtrop y las melodías de Benny Moré».

Nuiry evoca los primeros días de marzo de 1957, cuando la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana era centro de José Antonio gustaba de comer en el Centro Vasco, pues su familia provenía de esa región de España. reunión y conspiración de jóvenes estudiantes que luchaban contra la tiranía de Fulgencio Batista. Entre ellos se destacaba el presidente de la FEU, quien por su arrojo y liderazgo indiscutible era seguido por la mayoría.

«La personalidad del líder estudiantil puede resultar contradictoria para algunos, pues aunque procedía de una familia adinerada de Cárdenas, Matanzas, y era un buen estudiante de Arquitectura, ello no fue óbice para que surgiera en él un radical pensamiento revolucionario, y arriesgara su vida en virtud de esos ideales».

UN HÉROE EN LA COLINA

No todos conocen que la Escuela de Arquitectura e Ingeniería de la Universidad de La Habana, radicaba en la actual Facultad de Física. Un busto de José Antonio está colocado frente al local, pero nada indica que él estudió allí. Foto: Roberto Suárez Todos estos detalles de la vida de José Antonio que permiten verlo más humano, más cercano, más común, más alcanzable como paradigma y no como un héroe distante en el tiempo y los méritos, no son todo lo difundidos que debieran entre una parte de los jóvenes de hoy, aun cuando muchos desandan diariamente los mismos espacios donde él hiciera su vida estudiantil y entrara para siempre a la Historia de Cuba.

«La historia del movimiento estudiantil cubano y los detalles humanos de quienes la construyeron debería estudiarse con más profundidad, y no solo en la Universidad, sino en otros niveles de enseñanza», refiere David Hurtado.

Este diario comprobó algunos vacíos al indagar entre estudiantes de la capital, fundamentalmente de la Universidad de La Habana.

Rafael Lima, estudiante de segundo año de Historia, se lamenta de no conocer más al dirigente de la FEU. «Nosotros, aunque estudiamos Historia, no hemos llegado a esa etapa. Los que están en años más avanzados ya deben saber más.

La pizzería de L y 21 era antes una cafetería a la cual asistía con frecuencia José Antonio. Foto: Calixto N. Llanes  «Prepararse para la prueba de ingreso ayuda mucho. Lo que sí recuerdo es haber estudiado la Carta de México, donde se unen para la lucha la FEU y el Movimiento 26 de Julio».

Sentadas en un banco de la Plaza Ignacio Agramonte, cuatro muchachas de la Facultad de Lenguas Extranjeras repasaban unas lecciones. Ellas explicaron que en su carrera no se enseña Historia de Cuba, sino de Francia, pues su especialidad es el francés.

No obstante, reconocieron que debían saber más de la tradición de lucha de los cubanos, pues en el pre sí dieron ampliamente esa materia. También contaron cómo a su entrada a la Universidad, les dieron un recorrido por los lugares históricos. Pero argumentaron que eso no es suficiente.

Esta era la casa de huéspedes para señoritas que los muchachos llamaban «La Bombonera», en L y 19. Foto: Calixto N. Llanes Por su parte, Claudia García asegura que en la carrera de Filosofía se trata de que la historia no sea un cuento «bonitamente contado», sino que se le busque el sentido.

«Eso es algo por lo que luchan los profesores de la Facultad, porque la Historia no sea una “sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente”, sino que se busque la lógica, el alcance. Pero eso no se ha logrado, está empezando el camino».

A ello contribuirán también los coloquios Caer para ser Semilla, que este 12 de marzo se realizaron en los centros universitarios del país, incluyendo sedes municipales, en muchos de los cuales participaron los protagonistas de aquellos sucesos memorables.

«Creo que es importante luchar por resaltar la historia en la Universidad, especialmente la del movimiento estudiantil, pero no solo aquí; debe llevarse a todos los niveles de enseñanza.

En la esquina de L y 27, donde ahora hay una librería, existía una cafetería que frecuentaba el líder universitario. Foto: Calixto N. Llanes José Antonio era un buen bailador. Le gustaba compartir con sus amigos en fiestas familiares. «Conocer la Historia —consideró Claudia— es una responsabilidad de todos. Los programas de estudios de los diversos niveles de enseñanza, las organizaciones estudiantiles y políticas y la familia deben enseñarla de manera prioritaria, aunque la motivación por conocer más pasa por el interés personal de cada joven».

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