La ciudad de Manzanillo celebra 215 años de legendaria existencia

La gente de este municipio de la provincia de Granma siempre han acompañado a la Patria en los momentos en que los ha convocado

Autor:

Amado de la Rosa Labrada

Foto: Calixto N. Llanes Manzanillo celebra nuevamente su Fiesta de Quince, y aunque son exactamente 215 años desde su fundación, ordenada por el Rey de España el 11 de julio de 1792, sus pobladores hacen todo lo posible por festejar el cumpleaños con el entusiasmo y la perseverancia combatiente que ha hecho sentir siempre dignos a los hijos del terruño que bañan las aguas del Golfo del Guacanayabo.

Cuentan que su Alteza Carlos IV ordenó crear un pueblo en el sitio costero de Cuba donde fue capturada una goleta inglesa dedicada al contrabando, y el caserío comenzó a erigirse cuatro años después. Nace así la Villa Puerto Real de Manzanillo, junto al litoral donde se producen los acontecimientos que dieron origen al primer monumento de la literatura cubana, el poema épico Espejo de Paciencia.

Narra un poeta local que los manzanilleros tienen un sentido de pertenencia singular por su ciudad, a la cual quieren entrañablemente; el espíritu que emana de su gente ha crecido a orillas del mar, escuchando el rumor de las olas y sintiendo el frescor de la brisa marina. Los pobladores de este lugar se caracterizan por ser hospitalarios, sencillos, de hablar pausado y, sobre todo, los distingue la alegría.

Los manzanilleros siempre han acompañado a la Patria en los momentos en que los ha convocado: se unieron a Carlos Manuel de Céspedes desde el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua.

Ciertamente la gente de este municipio de la provincia de Granma tiene muchas razones para alabar su historia. Siempre han acompañado a la Patria en los momentos en que los ha convocado: se unieron a Carlos Manuel de Céspedes desde el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua y a las huestes mambisas de Bartolomé Masó en su alzamiento del 24 de febrero de 1895, en Bayate. El cementerio local guarda los restos de este prócer y de los también presidentes de la República de Cuba en Armas, Francisco Javier de Céspedes y Manuel de Jesús Calvar «Titá Calvar».

No fue casual tampoco que Manzanillo estuviera junto a Julio A. Mella en la fundación del Partido Comunista de Cuba, en agosto de 1925, y tomara parte en el ataque al Cuartel Moncada, en 1953, con José Luis Tassende; abordara el yate Granma bajo las órdenes de Fidel, en 1956, con Andrés Luján Vázquez, Pedro Soto Alba y Manuel Hechavarría, y que, al decir del desaparecido poeta Manuel Navarro Luna, desde aquel 2 de diciembre, «esta ciudad se convirtiera en el Contrafuerte de la Sierra Maestra».

Por sus calles anduvo la audacia de inolvidables combatientes clandestinos como la heroína Celia Sánchez Manduley. De igual forma, hijos dignos de esta tierra como José Machado Rodríguez «Machadito», combatieron en el asalto al Palacio Presidencial, en marzo de 1957; y en otras tantas victoriosas batallas rebeldes entre 1957 y 1958, desde El Uvero hasta Yaguajay y Santa Clara, dirigidas por Fidel, Raúl, Almeida, Guillermo, Camilo y el Che.

Y aunque esa historia se multiplicó después del triunfo de la Revolución en Girón y el Escambray, donde cayó heroicamente el Comandante Manuel Piti Fajardo; y en las misiones internacionalistas de Angola, Etiopía, Nicaragua y Bolivia, donde el manzanillero Carlos Coello «Tuma» ofrendó su vida por la libertad de América, los hombres y mujeres de Manzanillo han enriquecido también sus mejores tradiciones culturales, productivas y sociales en general.

Sus otrora chinchales de zapateros y pequeñas tabaquerías (que aunó la pujante fuerza proletaria local donde surgieron líderes genuinos como Blas Roca y Paquito Rosales, el primer alcalde comunista de Cuba), se convertirían luego de 1959 en las primeras industrias creadas por la Revolución, junto con el desarrollo pesquero, que como primer monumento a la historia de la ciudad, erigió una comunidad de viviendas confortables para las olvidadas familias de pescadores, a quienes entregó nuevas embarcaciones, recursos de trabajo e hizo más seguro el sustento económico de todos.

Desde entonces nuevas fuentes de empleo fueron transformando la vida económica y social de la localidad, a la vez que se multiplicaban las escuelas y las posibilidades de estudio para los más jóvenes pobladores. Hoy sus institutos de Ciencias Médicas y Pedagógico, por ejemplo, preparan profesionales no solo del terruño, sino que, en hermoso gesto solidario, han abierto las puertas del saber a otros muchos de países latinoamericanos y de África, quienes también conocen de la peculiar hospitalidad de los manzanilleros.

De forma palpable la bien llamada Ciudad del Golfo ha multiplicado sus horizontes en las últimas cuatro décadas, aunque no siempre con la rapidez y magnitud que desean sus vecinos. Sin embargo, para nadie es un secreto que la máxima dirección del país jamás los ha olvidado. A pesar de las grandes limitaciones ocasionadas por el criminal bloqueo económico de EE.UU. contra Cuba, la obra de la Revolución ha continuado mejorando las condiciones de vida de Manzanillo.

Así la ciudad tiene un moderno acueducto, avanzadas tecnologías incorporadas al Hospital Clínico-Quirúrgico Celia Sánchez Manduley y a otras instalaciones de la Salud recién terminadas o en proceso de conclusión, junto a nuevas escuelas de artes plásticas, ciencias informáticas y de Camilitos, y se realizó la restauración de su teatro insigne fundado por Carlos Manuel de Céspedes, quien figuró entre sus primeros actores.

También este municipio cuenta con el primer canal comunitario de televisión fundado en el país, entre otras importantes obras en ejecución, que confirman el esfuerzo que se desarrolla a pesar de los grandes desafíos que aún impone el período especial.

Un singular monumento al desaparecido juglar Carlos Puebla, acompañado de su guitarra, sentado en uno de los bancos del parque Céspedes, constituye una convocatoria permanente al canto por la Patria y su Revolución. Foto: Marcelino Vázquez.

Los manzanilleros tampoco han olvidado sus raíces culturales, ni a sus legítimos exponentes: un singular monumento al desaparecido juglar Carlos Puebla, acompañado de su guitarra, sentado en uno de los bancos del parque Céspedes, constituye una convocatoria permanente al canto por la patria y su Revolución.

Precisamente en este 215 cumpleaños, nuevos aires de renovación se respiran en Manzanillo que, según colegas de Radio Granma, pudieran ser comparables con los de años precedentes, aunque esta vez el propósito de sus pobladores sea más ambicioso, para hacer de esta ciudad, la más bella.

Ahora los esfuerzos están centrados en dotar al territorio de numerosas obras sociales a fin de continuar multiplicando y diversificando los servicios a la población. En una de sus más céntricas calles se construye lo que será el Paseo citadino, en tanto, restauran el malecón junto a la bahía inmortalizada por Benny Moré en una de sus famosas canciones, que cotidianamente puede ser escuchada ahora, junto al monumento que en homenaje a este cantor han levantado en ese lugar.

Del mismo modo se reaniman instituciones como la Sala Teatro Rex, el Hotel Venus, la Fábrica de Fideos Horacio Rodríguez, la Oficina de Correos, el Ranchón Marino, entre otras, con el concurso de sus propios hijos que quieren vestir de largo a Manzanillo en su nueva fiesta de quince.

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