Las descargas atmosféricas constituyen un trastorno para la sociedad

Una sociedad dependiente de los requerimientos técnicos, informáticos y de otro tipo, se hace mucho más vulnerable a las consecuencias de esos castigos «celestiales»

Autor:

Yailin Orta Rivera

«Nos puede partir un rayo». Para que el maleficio ocurra no hace falta siquiera que alguien haga de pájaro de mal agüero. Basta que dejemos de lado las precauciones técnicas que deben adoptarse para las instalaciones y los individuos, y ya estaremos dejándonos «achicharrar» por los relámpagos.

Las cifras en Cuba son poco conocidas, pero lo cierto es que una sociedad cada vez más dependiente de los requerimientos técnicos, informáticos y de otro tipo, se hace mucho más vulnerable a las imprevisibles consecuencias de estos castigos «celestiales», sobre todo en un archipiélago expuesto especialmente a estos fenómenos.

No es casual que el país, a pesar de sus carencias, se haya protegido de estos eventos. Y durante los últimos años ha acentuado los pasos en el ordenamiento y revitalización del costoso proceso de instalación de los Sistemas de Protección contra Rayos (LPS, según sus siglas en inglés), con el objetivo de preservar la seguridad de las personas y los bienes materiales.

La organización de esos mecanismos se volvió más apremiante con la introducción de equipamiento electrónico en los diversos sectores de la economía, ya que sus componentes son muy sensibles a cualquier perturbación generada por estas contingencias.

Pero a pesar de que se han trazado las normas y los requerimientos que regulan todo el proceso, aún ocurren deficiencias en los caminos del diseño y el montaje.

En el sector residencial también cambia el panorama. La protección de los ascensores que se renuevan en las grandes edificaciones de la ciudad, ha permitido conocer el deficiente estado de esos sistemas y los retos que implica su reposición.

Estragos de la tormenta

Muchos de los edificios del sector recidencial que existen en la capital estás expuestos al peligro de sufrir el impacto directo de las descargas atmosféricas, ya sea por carecer de los conocidos pararrayos, o por tenerlos en estado inoperante. Las descargas atmosféricas siempre constituyeron un trastorno para la población. Con frecuencia han ocasionado apagones, incendios y destrucciones. Hasta el momento no existen dispositivos ni métodos capaces de prevenirlas; y cuando impactan en las edificaciones, los servicios que entran a las mismas o la tierra cercana, pueden provocar grandes daños y hasta la pérdida de vidas humanas.

Según José Felipe Pomares, secretario ejecutivo del Comité Electrotécnico Cubano (CEC) y presidente del Comité de Normalización de Pararrayos, un rayo puede catalogarse, en una descripción simple, como un cortocircuito, siendo el más peligroso el que ocurre entre una nube y la tierra. Un fenómeno imprevisible y aleatorio de la naturaleza.

El miembro del CEC argumentó que, independientemente de que el impacto ocurre con mayor frecuencia en los objetos más altos, pudiera suceder también en la tierra, cuando las edificaciones se encuentran a una distancia que duplica sus alturas individuales. «Pero en cualquier terreno llano, si eres el punto más alto, agáchate con los pies bien unidos, porque puedes ser el punto de descarga; y no se te ocurra guarecerte bajo un árbol».

Hablamos de un evento que al ocasionar una chispa en la edificación, podría desencadenar un incendio o una explosión. Así lo alertó Alejandro Montí, ingeniero eléctrico de la Agencia de Protección Contra Incendios (APCI), quien refiere que estas descargas han ocasionado en muchos países pérdidas económicas incalculables.

Para cada posible daño existe una serie de medidas de protección. En cualquiera de los casos, añadió el especialista de la APCI, el instalador o planificador debe identificar los componentes de riesgo más críticos y reducirlos, teniendo en cuenta el aspecto económico.

Está demostrado, según los entendidos, que los rayos aún cuando caigan en el centro de la cubierta de una edificación, su corriente tiende a circular mayoritariamente por los conductores externos de ella (bajantes, estructuras metálicas continuas y conectadas a tierra) antes que por los conductores internos.

«Por eso es tan importante la instalación de los Sistemas de Protección Contra Rayos. Estos constituyen el medio más adecuado, hasta la fecha, para salvaguardar las edificaciones, las personas y bienes que están en su interior», sostuvo el representante de SEPSA Humberto Crespo.

Este LPS externo que se coloca, precisó Crespo, intercepta el rayo sobre la edificación con un sistema de terminación aérea; luego la corriente baja mediante conductores descendentes, y con el sistema de puesta a tierra se dispersa en el terreno, sin ocasionar daños térmicos o mecánicos, ni chispas peligrosas.

Crespo, también miembro del Consejo Consultivo del CEC, explicó que se tiene que garantizar también que donde se aproxime el rayo haya un punto colector. Por eso es tan perjudicial que las personas coloquen antenas por encima del estos elementos. Razonó que a veces se ejecutan magníficos diseños y la gente los entorpece con su desconocimiento.

El ingeniero de la APCI Frank Amores acotó que como el rayo es un fenómeno muy energético, igualmente se necesitan medidas adicionales para que no se afecten los equipos electrónicos dentro de una estructura.

Existen dispositivos para la eliminación de sobretensiones transitorias y el drenaje de las corrientes que ocurren en el sistema eléctrico, señaló Amores. «Todo este sistema integral de protección interna y externo es bastante costoso».

Pero antes de diseñar la protección contra el rayo, puntualizó, es recomendable hacer una evaluación de riesgo, con el fin de que se seleccionen las medidas más adecuadas.

Lo lamentable, enfatizó su compañero Alejandro Montí, es que la gente no utiliza este método para sustentar una determinación, y ello puede traer subdimensionamiento o sobredimensionamiento de las propuestas de protección.

Para Montí es indispensable también que en esas valoraciones se considere que por nuestra ubicación geográfica estamos en una zona de riesgo. «Lo que no quita que por la variación de los parámetros de rayos, dentro del mismo país existen zonas de mayor incidencia».

En la investigación del Instituto de Meteorología titulada El Clima de Cuba se plantea que el mayor período de tormenta ocurre de mayo a octubre. También se precisa que las más altas frecuencias se localizan en zonas montañosas e interiores llanas, con un máximo de ocurrencia de días con tormenta en Pinares de Mayarí, Holguín.

En uno de sus estudios, Lourdes Álvarez, investigadora del Instituto de Meteorología, refiere que entre el 60 y el 95 por ciento de las tormentas ocurre en horario diurno.

Antes de los truenos de mayo

En el país durante los últimos años se ha trabajado en el ordenamiento y revitalización del costoso proceso de instalación de los Sistemas de Protección contra Rayos, priorizando los sectores más vulnerables y estratégicos.

Actualmente son varias las entidades que como COPEXTEL, GEYSEL, la Empresa de Inge-niería y Proyecto de Electricidad (INEL), Servicios Especializados de Protección (SEPSA), Servicio de Seguridad Integral (SEISA) y el Instituto de Geofísica y Astronomía (IGA), entre otros, cuentan con personal calificado para la puesta en marcha de estos Sistemas de Protección.

También la APCI desempeña un papel fundamental en el ordenamiento de ese proceso. La Agencia, especificó Alejandro Montí, es el cuerpo encargado de certificar las entidades para que realicen estas funciones; prepara y aprueba al personal que labora en estas y es la encargada además de homologar los productos que se emplean en las instalaciones.

La APCI tiene a su cargo también la certificación de los proyectos de una edificación y sus servicios, y todos los sistemas tendrán que tener el acta de puesta en marcha emitido por esta institución. «En caso de que se violen estos procedimientos, la Agencia se re-serva el derecho de suspender o retirar la certificación a empresas, productos o personas que lo incumplan», agregó el ingeniero Frank Amores.

Hace dos años también se adoptó la Norma de protección contra el rayo en Cuba, que cumple los parámetros internacionales. Según el Secretario Ejecutivo del CEC, la Norma traza los diferentes caminos para que los especialistas se puedan guiar correctamente en la proyección y ejecución de los sistemas de protección.

«Esta Norma le garantizará al país la existencia de un documento legal que le ayude a ordenar un sector tan estratégico como estas instalaciones», expresó.

Su propósito esencial —manifestó Pomares— es establecer las condiciones técnicas y los avales que deben reunir las instalaciones, con la finalidad de preservar la seguridad de las personas y los bienes, además de asegurar el normal funcionamiento del equipamiento y los servicios.

En la Isla no estamos al margen de la protección de las importantes inversiones que se han desarrollando en las ramas de Salud, Comunicaciones e Informática. Rubén Vega Torres, especialista electroenergético de la Dirección de Mantenimiento e Ingeniería del Ministerio de Salud Pública, comentó que en este sector ha sido singular la implementación de los LPS, por la gran cantidad de equipos que son susceptibles a ese fenómeno.

«El MINSAP cuenta con todo un equipamiento altamente sensible a las variaciones bruscas de tensión, que son los llamados Equipos Médicos de Alta Tecnología. Se cuentan entre estos los tomógrafos (conocidos también como TAC o Somatón), mamógrafos, excímer láser, Resonancia Magnética Nuclear, densitómetros óseos, angiógrafos; cámaras gamma, aceleradores lineales y cámaras hiperbáricas, entre otros», destacó Rubén Vega.

En todo el país —puntualizó— hay instalados en estos momentos 123 de esos equipos, que además de resultar muy útiles en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, tienen la característica de ser muy costosos. Todo esto nos obligó a extremar el cuidado en el funcionamiento y en la protección de esos dispositivos.

En el campo de la biotecnología, el turismo y otros grandes sectores, entre estos los vinculados a la Batalla de Ideas y a la Revolución Energética, también se han salvaguardado los recursos, precisó José Felipe Pomares. Aunque —aclaró— todas las edificaciones no están protegidas, porque las nuevas tecnologías de la información las están invadiendo vertiginosamente, y en ocasiones llega este tipo de equipamiento a un lugar que no está preparado para alojarlo.

«También presenta grandes desventajas el sector residencial, sobre todo los gigantes multifamiliares, con independencia de aquellos que se protegieron porque tienen en su azotea antenas de Comunicaciones u otros objetivos económicos», enfatizó Alejandro Montí.

Luces y sombras en el sector residencial

Muchos de los edificios altos del sector residencial que existen en la capital cubana están expuestos al peligro de sufrir el impacto directo de las descargas atmosféricas, ya sea por carecer de los conocidos pararrayos, o por tenerlos en estado inoperante.

El período especial dejó grandes secuelas sobre los LPS de estos edificios. La falta de mantenimiento durante los años de contracción económica favoreció la acumulación de distorsiones en este servicio. Tampoco pudieron sobrevivir intactos a los descuidos e imprudencias de muchas personas.

Lo mismo existen edificaciones con los bajantes a tierra del LPS recogidos sobre cubierta, como modificaciones en la azotea, donde alguien colocó puntos de atracción más altos que los del pararrayos. La advertencia la hizo el ingeniero Humberto Crespo, uno de los representantes de SEPSA que efectúa la valoración de estos sistemas en los edificios múltiples de la ciudad, donde se están renovando los ascensores.

«El estudio se hace para la instalación de los sistemas de puesta a tierra en esas edificaciones, con el objetivo de cuidar esta tecnología, que ha costado millones al país y con la que se beneficiarán más de 20 000 personas en esta primera etapa de recambio», argumentó Rafael Acosta, funcionario de la Dirección Provincial de Vivienda en la capital (DPV).

La realidad no es muy alentadora. Según informó Acosta estos sistemas están bastante deteriorados, pero ya la DPV ha contratado, además de SEPSA, a otras empresas especia-lizadas para que se realicen las reparaciones.

En opinión de Crespo, entre los problemas más frecuentes están las afectaciones de los bajantes. «Lo más habitual es que esté cortado el último tramo de este tendido, que de-biera estar conectado a tierra para que drenen las descargas. Las personas, desconociendo el peligro que representa, lo pican para emplearlo en otros fines, o lo cortan involuntariamente cuando chapean los jardines, y hay hasta a quienes sencillamente les molesta».

El problema —precisó— es que todo esto necesita de mantenimiento y del cuidado de los mismos vecinos del edificio, porque si lo cortan, el sistema ya no funciona.

Este especialista observó la inadecuada instalación de las redes como otro de los errores más comunes. «Por desconocimiento han colocado los cables telefónicos y tuberías de gas cerca del cordón colector, sin respetar la distancia de seguridad. Esta proximidad es muy nociva, porque si la corriente del rayo se acopla con estas redes, por efecto de inducción, los daños podrían ser severos», argumentó.

En caso de que la arquitectura obligue a utilizar la misma ruta para estas conexiones, el especialista enfatizó que los conductores de-ben estar apantallados con metal.

En los edificios altos de la ciudad que inspeccionó el ingeniero, entre estos los de Vento, Altahabana y Tejas, además de encontrar algunas de estas deficiencias, también se tropezó con que ninguna de estas construcciones tuvo nunca los protectores de sobretensión interna.

La observación coincide conque los elevadores antes eran mecánicos y por ello mucho más resistentes a las descargas atmosféricas.

El deterioro de estos sistemas es mayor, enfatizó Alejandro Montí, porque los diseños deben supervisarse cada uno o dos años, en dependencia de la agresividad del entorno, pero la falta de recursos en los 90 debilitó esta práctica.

La población, quizá por desconocimiento, maltrató estos elementos. «Ante esta realidad se recomienda tomar determinadas medidas de protección para sus bienes, como desconectar los aparatos electrodomésticos de la corriente y desenganchar la antena y separarla del televisor cuando haya tormenta», aclaró Pomares.

Lo cierto es, añadió, que le resulta más complejo al país remodelar los LPS en una edificación, que ponerlos en un inmueble que se esté construyendo. Además, con la situación económica que atravesamos se deben priorizar los lugares de más riesgo.

Las soluciones para la remodelación serán más complejas, amplió Humberto Crespo, en caso de que las edificaciones no posean áreas exteriores para hacer el aterramiento. Será de vital importancia realizar el levantamiento de los servicios que entran a la misma, porque sería muy riesgoso dañar los conductos del agua, del gas o de la corriente, mientras se estén haciendo las perforaciones.

Problemas pendientes

El científico norteamericano Benjamin franklin fue quien ideó el primer pararrayo A pesar de que se trabaja en los LPS con determinadas exigencias, aún existen reportes de daños en instalaciones donde el proceso sufrió distorsiones en el diseño y montaje.

El ingeniero industrial Erick Arroyo, de la APCI, identificó que una de las causas que provoca estas deficiencias es la fluctuación del personal en las empresas especializadas en colocar los sistemas protectores.

«En muchas ocasiones esos nuevos trabajadores comienzan a proyectarse sin estar aún acreditados por la APCI, violando así lo establecido».

Otras veces se traen proyectos para que la Agencia los certifique, y ya se están instalando. El especialista valoró que este problema sucede porque las empresas ven estos trámites como una formalidad y no identifican los beneficios que pueden reportarles.

«Tampoco se puede obviar que hay clientes que aceptan el proyecto sin estar certificado; por eso es que pudieran existir instalaciones de este tipo que nosotros no conozcamos», manifestó Arroyo.

También subrayó el ingeniero Alejandro Montí que algunos especialistas se guían por su ex-periencia o por lo que han escuchado y no estudian las últimas actualizaciones de la materia.

Los expertos coincidieron en que no siempre se realizan los estudios de las propiedades del terreno donde van a instalarse los sistemas a tierra. Son insuficientes también los aná-lisis de riesgo o hay lugares en que se aplica la Norma, pero se malinterpretan determinados apartados de esta.

En ocasiones, señalaron, presionados por el tiempo en la entrega de alguna obra se descuidan importantes elementos. Y es casi tan malo no tener la conexión como que esté mal hecha, ya sea porque no se conecten bien todas las uniones eléctricas y mecánicas, o porque sin respetar la compatibilidad electromagnética se ponga un equipo sensible cerca de un bajante del pararrayo, entre otras situaciones.

Sucede también, agregaron, que las empresas de proyectos no se comunican con las instaladoras. Entonces ocurre que los ejecutores les hacen variaciones a los proyectos porque no cuentan con los materiales que indica el diseño.

«El curso de certificación de los especialistas se da en una semana, y en muchos casos quienes vienen a formarse después no profundizan en lo estudiado», comentó Montí.

«Hay lugares donde operan juntos ascensores, redes de datos, sistemas automatizados, centros de cálculo, nodos de computación, y la protección no se asume integralmente, descuidando que la solución que le aplicas a uno de estos elementos puede generarte otras contingencias», consideró Erick Arroyo.

El Secretario Ejecutivo del CEC advirtió que, en ocasiones, quienes impermeabilizan la cubierta sepultan los LPS sin darse cuenta.

Alejandro Montí añadió que ya están creados los mecanismos organizativos en el país para que no se registren deficiencias durante la instalación de estos sistemas protectores.

El respeto de estas prácticas contribuirá sensiblemente a evitar riesgos de accidentes y las pérdidas nocivas a la economía nacional.

Pie de foto1: Muchos de los edificios altos del sector residencial que existen en la capital cubana están expuestos al peligro de sufrir el impacto directo de las descargas atmosféricas, ya sea por carecer de los conocidos pararrayos, o por tenerlos en estado inoperante.

Peligrosas creencias

Cuántas veces hemos escuchado que «un rayo no cae dos veces en un mismo lugar». Pues sepa que está comprobado que puede caer más de una vez en ese mismo punto.

Otras creencias populares contribuyen a que las personas tengan dudas sobre este asunto y continúen arriesgándose. Uno de los errores más comunes consiste en pensar que están protegidos por el pararrayos del vecino.

Hay una confusión incluso mayor. Muchos creen que los pararrayos pueden atraer los rayos a sus edificios, y por eso se rehúsan a instalarlos, poniendo en riesgo sus vidas.

Otra duda común relacionada con la extraordinaria invención del científico norteamericano Benjamin Franklin es si protege o no a los equipos electrónicos. Para eso deben ser empleados un aterramiento eléctrico (cable a tierra) y supresores de sobretensión.

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