La bendición del Cacique

La persistencia de huracanes aconseja evaluar la ubicación de numerosas poblaciones costeras, sin herir sus herencias y costumbres. Cajío, humilde asentamiento de pescadores al sur de La Habana, es uno de estos Imágenes de los estragos del huracán Ike en territorio cubano Vea la cobertura completa sobre Ike

Autor:

Marianela Martín González

En la finca El Yamile, próxima a Majana, en Artemisa, también las aguas penetraron a la altura señalada por esta moradora. Hace falta otra historia que haga reaccionar a los pobladores de Cajío. Ya la del cacique vigilando al mar y protegiendo a su pueblo no vale, aunque algunos aseguren verlo todavía bordeando la playa de arenas grises en noches de luna nueva.

Quienes vean los destrozos de Gustav e Ike, y recuerden a Charlie, la peor pesadilla vivida en este lugar hace cuatro años, no vacilarán en sugerir que conviene inventar otra leyenda, porque la que era válida para tiempos en que el hombre y la naturaleza andaban de hermanos, ahora no funciona.

El 80 por ciento de los recursos y el esfuerzo a la evacuación en Güira de Melena se dirige a asistir a los pobladores de Cajío. El Cacique Cajío, según Rigoberto Castañeda, historiador de Güira de Melena, tampoco bendijo a los moradores de ese poblado en 1944, 1951 y 1966. En el primero y último de estos años los bestiales vientos y las surgencias devastaron el pueblecito, y en 1951 un incendio forestal lo redujo a cenizas.

Este indio fue pura invención comercial, asegura Castañeda, dirigida a promover la venta de terrenos en esa zona costera, en los años 20 del pasado siglo. Antonio Rodríguez, alcalde de Güira de Melena en esa época, fue el autor de este mito, que más tarde tomó cuerpo mediante el cincel del escultor Enrique Lambarri. La estatua todavía se conserva frente al mar.

Por ser uno de los más bajos de la Isla este lugar es un abrevadero de los huracanes. Las olas promovidas por los ciclones en ocasiones superan aquí los dos metros de altura, y las penetraciones los tres kilómetros tierra adentro.

Están magulladas las puertas metálicas de las casas antihuracanes, levantadas tras Charlie a un costo de casi 12 000 dólares, y el fango penetró en estas como si ese espacio le perteneciera.

«Son muchos los sustos que nos ha hecho pasar el mar, y aunque todavía queda gente cabezona, que cuando avisan que viene un ciclón creen que es un vientecito platanero, siempre la Defensa Civil y las autoridades del Gobierno y el Partido nos sacan de aquí para la escuela Ciro Berrios», asevera Alexander Hernández.

Este joven fue beneficiado con una vivienda de esas que parecen estar hechas contra la furia del mismísimo dios Eolo, y por esa razón no piensa abandonar el lugar donde nació y se crió, pese a la hostilidad del clima y presiones de su mujer por mudarse para el pueblo, donde dejarían atrás la tragedia de las inundaciones.

Veterano de mil batallas

Jesús Díaz González, presidente del Consejo de Defensa de Playa Cajío desde hace casi 30 años, pudiera escribir un libro sobre ciclones, donde no faltaría lo humano. En sus páginas habría amplio espacio para la solidaridad, el estoicismo y la infinita capacidad de recuperarse de los moradores de este lugar.

Producto de la surgencia que afectó a Cajío y Majana las aguas penetraron hasta un poco más de tres kilómetros tierra adentro. «Este hombre es tremendo. Estaba “batido” aquí en los momentos en que el mar nos venía para arriba y su familia estaba en Paso Real, en Pinar del Río, pasando cosas peores que nosotros», destaca Esmeralda Hernández, quien reconoce la labor del Consejo de Defensa Municipal, el cual, como cuando Gustav, garantizó la evacuación inmediata de las personas y sus pertenencias.

«Como el Charlie ninguno. El Gustav no nos hizo daños de envergadura, pero Ike coló el agua tres kilómetros y medio tierra adentro, y lanzó olas con más de dos metros de altura», subraya Jesús Díaz.

Cuentas para reflexionar

Brigadas de toda La Habana trabajan en la zona suroeste de la provincia para devolver el servicio eléctrico, entre ellas está la de inversiones, la cual reanimó la Cuenca Sur que suministra de agua a gran parte de la capital. Güira de Melena cuenta con una población que ronda los 38 000 habitantes, de los cuales cerca de 500 pertenecen a Playa Cajío. Casi el 80 por ciento de los recursos y el esfuerzo destinado a la evacuación en esta localidad se dirige a asistir a los pobladores del referido asentamiento costero.

«Esta vez pusimos a disposición de los evacuados 25 camiones, 12 rastras y 15 guaguas. Consumimos entre 14 000 y 15 000 litros de combustible, porque Cajío está a 16 kilómetros del centro urbano», explica Orestes Felipe López, presidente del Poder Popular, quien califica el proceso de evacuación en esta zona como algo muy complejo por el riesgo que corren sus pobladores cuando amenazan los huracanes.

«Esta vez evacuamos a 780 personas; de estas 311 fueron para el albergue y el resto para casas de familiares y amistades. Se da el caso de quienes, con el ciclón amenazando, te dicen que necesitan ir para otro municipio, donde vive la familia. A la mayoría hay que trasladarlos con sus animales y pertenencias, y con la ayuda de las fuerzas de orden interior custodiarles sus propiedades en la Playa».

Pedro Luis Ortega, presidente del Consejo de Defensa Municipal y primer secretario del Partido en Güira de Melena, destacó la disciplina de los habitantes de Cajío en los últimos eventos meteorológicos.

Reconoció la labor de todos los que estuvieron atentos a estos fenómenos, especialmente las mujeres que sobrepusieron los intereses colectivos a los propios problemas personales.

«Nuestros problemas se concentraron en la agricultura, donde se afectaron cerca de 25 caballerías de plátano en producción. Eso equivale aproximadamente a 100 000 quintales que dejaremos de producir», acota el dirigente partidista.

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