¿Te lo cuentan las estrellas? - Cuba

¿Te lo cuentan las estrellas?

Mientras aumentan quienes buscan interpretar su existencia acudiendo a predicciones astrológicas, estudiosos cubanos advierten el fondo social y económico de esta tendencia, y la subestimación sufrida por determinadas ciencias

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Hoy habrá pensamientos de viajes en tu mente, Claudia, y jugarás con la idea de tomarte un tiempo de licencia e ir a algún sitio que siempre hayas querido visitar. Un amigo o enamorado querrá acompañarte. El único problema será decidir qué lugares visitar primero. Esta será una difícil decisión. No dejes que te obsesione. Escucha a tu corazón.

Esta fue una predicción que Claudia, una joven adolescente cubana, recibió de un sitio web al que se suscribió hace unos meses, y del que diariamente recibe su horóscopo. En Internet, ese fascinante medio de comunicación donde se puede encontrar gran cantidad de información útil, al igual que mucha banalidad, existen actualmente, en español, 5 980 000 páginas de horóscopos, que de manera gratuita ofrecen al navegante conocer «qué pasará con tu vida hoy, mañana, la semana que viene...».

Pero Internet no es el único medio. En Cuba, personas que se dedican a la Astrología —conjunto de creencias que estudia la supuesta influencia de los cuerpos celestes en la vida del hombre—, elaboran cartas astrales por encargo, a un precio que puede llegar hasta los 5 CUC, e incluso las entregan a domicilio. Para ello, algunos se auxilian de programas de computación que facilitan su redacción.

Delia Álvarez es estudiante de Estomatología, tiene 19 años y asegura que no cree en nada que no sea lo que vive y palpa cada día. Pero no siempre fue así. Hace cinco años sus padres se separaron, y ella, angustiada, decidió acudir a alguien que le confeccionara su carta astral.

«Aquel día me sentí muy feliz. La carta me pronosticaba que me casaría con un joven de posición privilegiada, estudiaría una carrera que me daría mucho dinero, viajaría al extranjero y mis padres se reconciliarían y hasta tendría un hermanito.

«Ese pronóstico se convirtió para mí en una burla. Las discusiones en mi hogar persistieron al punto de no querer seguir conviviendo con mis padres. Y aunque tengo un hermanito, fue el fruto de un nuevo matrimonio de mi mamá».

 Profesor Jorge Pérez Doval,jefe del Departamento de Astronomía del Instituto de Geofísica y Astronomíade Cuba. Por su parte, Carla Fernández, de 15 años, gusta de consultar el horóscopo, sobre todo si las predicciones son positivas. «Hay personas que por sus características coinciden en el mismo signo zodiacal; eso no falla.

«Los Aries, como yo, son dominantes, y cuando se proponen una cosa, no paran hasta lograrla. Somos personas echadas pa’lante y de buena onda».

Carla afirma que para ella no se ha hecho rutinaria la consulta del horóscopo, aunque si tiene oportunidad va a casa de una amiga que posee computadora y abre una página de predicciones astrológicas.

«Lo hago porque me entretiene, aunque sé que muchas de las cosas que dice no son ciertas, porque es difícil que un Aries que vive en Cuba pueda estar pasando lo mismo que uno que vive en África. Es una forma de pasar el tiempo y de hacerse alguna que otra ilusión.

Se busca un príncipe azul

Un sondeo de opinión realizado por el Equipo de Investigaciones de Juventud Rebelde a 50 personas entre 15 y 42 años de edad en la capital, dio como resultado que el tema de la Astrología no les era ajeno, de hecho, todos conocían su signo zodiacal. No obstante, se evidenció una tendencia a no creer totalmente en el horóscopo.

Entre las causas más recurrentes de por qué acuden a él, se citan el embullo, la curiosidad y la diversión, pero también la búsqueda de apoyo en momentos de crisis y de orientación para la vida laboral, la necesidad de «creer en algo», la tradición familiar y la coincidencia de los signos con las características de la personalidad.

Roberto González, técnico medio de 25 años, reconoció que aunque no le tiene mucha fe, «a las chicas les gusta mucho, y entonces yo solo me dejo llevar».

Yaneisis Porto, de 23 años y estudiante universitaria, sí cree en el horóscopo y busca en él información económica y de pareja.

Pero Eliselva Pérez, de 41 años, no confía en ese método. Ella cree que está basado en la teoría de las probabilidades, en la que algunas de las características de los signos pueden ser comunes para cualquier persona, y por eso, al leer el signo al que pertenece, uno puede sentirse identificado, y hasta sugestionarse.

«En momentos de crisis, cuando existen preocupaciones, conflictos, si se está desorientado y no se encuentra explicación o hay que tomar decisiones importantes y se sufre desajuste emocional, la persona puede buscar desaforadamente un apoyo, una ayuda, y equivocadamente o no, esta es una vía fácil».

Marlén Montes de Oca consulta el horóscopo para confirmar si su elección amorosa fue acertada. «Cuando acudo a él, lo hago buscando una información positiva, favorable y consuelo espiritual. Cuando empiezo una relación amorosa siempre lo leo para ver si somos compatibles. Es una forma de ratificar, aunque si la respuesta no es favorable tampoco me importa».

Con buenas intenciones

«La Astrología es una ciencia considerada por los antepasados como una de las más complejas, pues tiene que ver con muchos cálculos acerca de la posición de los planetas. La diferencia con la Astronomía es que aquella se relaciona con el ser humano, mientras que esta no lo hace».

Giselle Gil Moreno es astróloga y vive en la capital. Hace alrededor de 15 años empezó a preocuparse por conocerse mejor como persona, y asumió la Astrología como un buen método para ello.

«Me interesó estudiarla, saber en qué se basa, cuáles son los principios, y una amiga mía organizó un curso y lo pasé. Al principio era un lenguaje muy nuevo, como si fuera una ciencia. Allí aprendí lo que significaban los símbolos. Después pasé un segundo curso con una persona que tenía otro método. Luego compré libros y seguí estudiando».

Solamente en la capital, Giselle conoce aproximadamente a 150 astrólogos. No se dedica de manera habitual a hacer cartas astrales, sino únicamente a personas conocidas. A ella acuden aquellos que tienen un problema y a quienes les han dado referencias suyas, y otros que ya han pasado por ese proceso y llevan entonces a un familiar.

—¿Qué diferencia existe entre el horóscopo y la carta astral?

—El primero es más general. Para determinar el horóscopo, calculan, por ejemplo, dónde estarán los planetas la semana próxima, y después sacan entonces cada signo zodiacal y el comportamiento que tendrá esa semana. Es muy general y es solo un aproximado.

«La carta astral está dirigida solo a la persona. No es un pronóstico ni una interpretación del futuro, es una descripción de la personalidad de uno, y como todo, tiene cosas a su favor y otras en contra».

—¿Cómo funciona la carta astral?

—La lectura de la carta astral varía en dependencia de quién la hace. A mí me interesa la psicología, es decir, darle a la persona una idea de cuáles son sus rasgos psicológicos, qué tipo de reacciones tiene normalmente o qué cosas le preocupan; las relaciones con sus familiares, cómo es en el medio laboral...

«Antes los astrólogos eran más fenomenológicos, y además más deterministas. Te decían, por ejemplo: «Tú tienes este problema con tu padre y no tiene solución». Es decir, lo daban por hecho y era insoluble».

—¿Esas cartas astrales que se hacen con ayuda de la computación, tienen para usted alguna credibilidad?

—Esos programas de computadoras son comerciales, pero el tener un software que te calcule la posición de los astros para un día determinado, te ahorra una serie de cálculos que tendrías que hacer a mano a partir de efemérides que se publican.

-—¿Te has encontrado con personas que no son como dice su carta astral?

—Eso depende de la habilidad y el conocimiento que tenga la persona que se la hace. No puedes comparar a una persona que se dedica a eso con un programa de computadora o con los horóscopos de las revistas que son muy comerciales. Además, depende también de qué tanto se conozca a sí misma la persona que se saca la carta.

-—¿Conocer tu carta astral te puede permitir cambiar algún rasgo negativo de tu personalidad?

—Sí, por eso digo que la carta astral no es determinante. Puedes hacer un esfuerzo por cambiar, tienes que proponértelo, y eso lleva un esfuerzo realmente grande. Casi siempre cuando tienes un rasgo negativo, posees otro positivo que te va a ayudar a contrarrestar el malo. Si la carta no te dice que existe una manera de cambiar, no creo que lo puedas hacer, pero en mi experiencia de leer cartas astrales, siempre hay una forma.

—¿Por qué los jóvenes se están acercando a este fenómeno?

—La espiritualidad es una propiedad intrínseca del hombre. Diferentes culturas muy antiguas, como los hindúes y mayas, asumieron que el sistema solar pasa por ciclos de 26 000 años, durante los cuales hay etapas en que los hombres se acercan más a la espiritualidad, y otras en que se alejan.

«En este momento estamos entrando en una etapa en las cuales esas energías espirituales son más intensas, y por tanto, hay más personas que sienten la necesidad de acercarse a la espiritualidad».

—¿Qué crees de los horóscopos de Internet y de las revistas del corazón?

—Son demasiado generales y comerciales, y desvirtúan y desprestigian la Astrología.

Jóvenes buscando su espacio

 Doctor Adolfo Méndez, investigador titular del área de Astronomía Solar del Instituto de Geofísica y Astronomía de Cuba. Una pregunta nos llevó a la Universidad de La Habana: ¿Por qué ha proliferado en nuestra sociedad la creencia en prácticas esotéricas que no están en nuestras raíces culturales?

La Doctora en Filosofía Teresa Díaz Canals, quien trabaja en el Departamento de Sociología de ese centro de estudios superiores, asegura que nuestro país, después de haber pasado un período económico muy grave y salir de una crisis terrible, enfrenta ahora otros problemas.

«Ante las calamidades, la gente necesita también espiritualidad, calma. La vida de todos los seres humanos se basa en proyectos, y aunque quizá nunca los llegamos a realizar, los necesitamos. Por eso a veces empezamos a creer en la suerte, en las posibilidades, en cosas que no son científicas, que no parten de una realidad objetiva».

Por su parte, la socióloga Clotilde Proveller, aunque no es una experta en el tema, como profesora de esa misma facultad universitaria, está constantemente rodeada de jóvenes y eso le ha posibilitado conocer sus inquietudes.

«Nosotros, como educadores, vemos que existe una falta de proyección en los jóvenes. Hay una tendencia por un lado a la frivolidad, y por el otro a la formalización».

—En su criterio, ¿qué condiciones han fa-vorecido la proliferación de estas creencias?

—El período especial, que deterioró las economías, creó un aumento de las desigualdades sociales. Eso favoreció el florecimiento de sectores sociales con recursos económicos por encima de las posibilidades de la media. Ellos pueden tener intereses frívolos, pero no se puede decir que son solo ellos quienes acuden al horóscopo.

«Estamos en un momento en que la gente se refugia en otras alternativas. Los organismos que tenemos la responsabilidad de encauzar y trabajar con los jóvenes, vamos dejando espacios. Se hacen actividades, pero no hay desarrollo de iniciativas que recojan los intereses de los muchachos.

«Cuando hay una crisis de este tipo, hay que reforzar el trabajo ideológico. Pero con lo que se movilizó a mi generación, no se moviliza a los jóvenes de hoy. Los resortes no pueden ser los mismos, por lo tanto el trabajo es más difícil, pero no por ello menos importante.

«Si se prepara a la persona para que sea un receptor activo, puedes ponerle delante cualquier cosa, que sabrá discernir si es provechoso o no. El trabajo es despertar en los jóvenes intereses importantes, acordes con el momento en que vivimos. Que él sea capaz de decir: “Qué bobería, qué frivolidad, con tantas cosas importantes que hay en el mundo”. Darles herramientas para que sean protagonistas, y confiar en ellos».

Entretenimiento sí, ciencia no

La Astronomía se define como la ciencia que estudia la naturaleza física de los cuerpos celestes: sus movimientos, los fenómenos ligados a ellos, su registro y la pesquisa de su origen a partir de la información que llega de ellos.

La Astrología está considerada una seudociencia —o sea, sus teorías no son demostrables—, que estudia la supuesta influencia de los cuerpos celestes en la naturaleza humana.

Por su parte, los astrónomos cubanos opinan que es sencillamente un entretenimiento. «El que quiera creer, que crea. Pero hay que estar consciente de que carece totalmente de base científica».

Así afirmó el profesor Jorge Pérez Doval, jefe del Departamento de Astronomía del Instituto de Geofísica y Astronomía de la Academia de Ciencias de Cuba. Argumentó que la influencia que pueden ejercer los planetas sobre el ser humano es totalmente despreciable en términos de cantidad. «Los planetas del sistema solar no tienen luz propia, la que recibimos es la del sol que se refleja en la superficie de estos. La fuerza de gravedad que recibimos de ellos es insignificante, comparada con la que ejercen el sol y la luna».

—¿Qué son los signos zodiacales?

—Hay que hacer una diferenciación entre constelaciones y signos zodiacales. Los signos, que son los que utilizan los astrólogos, son una división de la esfera celeste en 12 sectores de 30 grados cada uno; 12 por 30 grados son 360 grados, que es el total de la esfera.

«Las constelaciones son el elemento en el cielo que emplean los astrólogos para señalar la ubicación de un planeta. Hace 2 000 años, cuando se asentaron las bases supuestamente científicas de la astrología, las constelaciones coincidían con los signos zodiacales. O sea, a esos sectores de 30 grados de la esfera celeste, se les puso el nombre de la constelación que en esa época estaba en ese lugar.

«Sin embargo, debido a uno de los movimientos de la Tierra que se llama precesión, que es muy extenso en el tiempo —dura alrededor de 25 800 años—, la posición del planeta con respecto al cielo va cambiando, y ya las constelaciones no están coincidiendo con los signos, se ha desplazado una constelación. O sea, cuando el astrólogo dice que tal planeta está en Aries, en realidad no está en Aries, astronómicamente hablando.

«Además, las constelaciones son formaciones ficticias que el ser humano ha creado al ver las estrellas y asociar las figuras que forman con determinados objetos, animales, incluso también imágenes mitológicas. Les han dado esos nombres. Pero esas estructuras, esas formaciones, son falsas, porque las estrellas de una constelación físicamente no tienen nada que ver unas con otras.

«Por ejemplo, la osa mayor, la más conocida, usted la ve y observa un rectángulo con una cola. Pero realmente de esas estrellas que forman esa figura, puede estar una aquí y la otra infinitamente lejos, muy distantes unas de otras, sin nexos físicos entre ellas.

«Cada una tiene su movimiento. Las estrellas se mueven en el cielo, muy lentamente, pero se mueven, como todo en el espacio. Y al cabo de miles de años esa figura desaparecerá y esa constelación no será así, sino de otra forma. Por tanto, es un ente ficticio creado por el hombre.

«Por último, les diré que los planetas se han ido descubriendo a lo largo de cientos de años. Inicialmente solo se conocían Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Después, a través de los telescopios, fueron descubiertos Urano, Neptuno y Plutón.

«Hasta esa época, según los astrólogos, esos eran los planetas que influenciaban en los seres humanos. Sin embargo, los otros estaban ahí, existían, aunque como ellos no los conocían, no los tomaban en cuenta.

«Después los han ido incluyendo en su ho-róscopo. Pero hoy se han descubierto objetos más allá de Plutón, que son incluso mayores. De ahí la decisión de la Unión Astronómica Internacional de establecer una nueva categoría, llamándoles enanos, y quitar a Plutón como planeta clásico.

«En esta nueva clasificación, Neptuno es el último, y esos otros que existen más allá, han entrado a formar parte de esa categoría de enanos. La pregunta es: ¿Esos nuevos objetos no intervienen en la vida de los seres humanos? ¿Por qué si Plutón influye, ellos no? ¿Por qué no los conocen?».

—¿Tienen algún valor científico las cartas astrales?

—Hay softwares, programas de computación que se han creado para, conociendo la fecha de nacimiento, incluso la hora, calcular por métodos astronómicos el signo zodiacal que estaba en el horizonte, lo que llaman el ascendente.

«Pero si usted analiza detalladamente el contenido de esas cartas, le incluyen toda una serie de atributos que son contrapuestos unos con otros.

«¿Qué pasa? Pues que la psicología del ser humano se fija en las cosas que coinciden con lo que uno es, o con lo uno cree que es, y desecha las otras; entonces, al final la solución que halla es que efectivamente coincide. Es un sentimiento innato en el ser humano tratar de conocer por adelantado lo que le va a ocurrir».

El Doctor Adolfo Méndez, investigador titular del área de Astronomía Solar del instituto, afirma que esas personas que venden cartas astrales las hacen sin ninguna base científica.

«Si usted quiere creer en la astrología como un acto de fe, hágalo, pero no lo ligue con nada que tenga que ver con la ciencia. De hecho ha existido toda la vida. Incluso hay una famosa frase del astrónomo alemán del siglo XVI, Johannes Kepler, que dice más o menos que la astrología es la hija estúpida de la astronomía, pero los astrónomos ganan muy poco dinero, y tienen que ganarse la vida haciendo astrología.

«Si se es Escorpión, si el sol está en Sagitario, eso es cierto, pero lo que no es nada cierto es que puede existir algún tipo de influencia física real sobre los hombres; yo no soy ningún signo, soy un ser humano».

Para estos científicos, el auge de la Astrología en el país tiene que ver con la poca atención que recibe la Astronomía.

«La Astronomía es la más antigua de todas las ciencias —discute ese lugar con la Medicina—, argumenta Adolfo Méndez, porque desde que el hombre es hombre, su condición erguida le permitió mirar al cielo y comenzar a preguntarse qué había allá arriba.

«Pero en Cuba hasta se eliminó del sistema de enseñanza. En los años 70 y hasta comienzos de los 80 se impartía en la enseñanza media. Incluso, del Pedagógico se excluyó la carrera de Física y Astronomía, ahora se llama Física y Electrónica».

Al respecto, Pérez Doval afirmó que es difícil motivar a los jóvenes de hoy para que estudien ciencias. «La matrícula de la escuela de Física ha descendido mucho. Lamentablemente, se inclinan por otras materias, como la computación, que tiene un uso general».

Para Adolfo, la falta de motivación por las ciencias pasa, además, por la responsabilidad de los medios de difusión. «Cuando se menciona a los premios nacionales, nunca se habla de los de la Academia de Ciencias; no solo los de Astronomía, que los hay, sino los otros.

«Después ves que entrevistan a un artista en un programa de televisión, por ejemplo, y lo primero que le preguntan es: “¿Qué signo tú eres?”. Y los millones de cubanos se dejan inducir por todo eso. Y no hay nadie que salga al paso y diga: “Me estás preguntando una tontería”».

—Pero los astros sí influyen de alguna manera en la vida de la Tierra.

—Así es. La Luna tiene una influencia real en la formación de las mareas en los océanos, incluso de aquellas que no se notan, pero ocurren en el suelo. Eso sucede por lo cercana que está de la Tierra, y por la fuerza de gravedad que ejerce sobre ella, y viceversa, afirmó Pérez Doval.

«El sol también provoca mareas. La masa es inmensamente mayor que la de la Luna, pero se halla 400 veces más lejos, por tanto las mareas solares en los océanos son menores que las provocadas por nuestro satélite natural. Aunque en determinadas fechas del mes, cuando hay luna nueva o llena, y ambos astros están en la misma línea recta, se suman las dos mareas y son más fuertes; es lo que se denomina mareas vivas.

«O sea, tanto el Sol como la Luna ejercen influencia, pero sobre toda la biosfera del planeta, y sobre todas las personas por igual, independientemente de la fecha en que nacieron. Pero que las estrellas o todo el sistema planetario, como estuvieran en el instante mismo en que nací, ejerzan una influencia física sobre mi carácter, sobre mi persona, es lo que no tiene sentido.

«Yo digo que la astrología es un entretenimiento. Si usted quiere pagar dinero por él, hágalo, pero sepa que carece totalmente de base científica».

Nota: Agradecemos la colaboración de Nelly Osorio (Equipo de investigaciones sociales de JR)

Ciencia vs. Ingenuidad Para el Doctor Mitchell Valdés Sosa, director del Centro de Neurociencias de Cuba, existen factores del tipo psicológico que propician que las personas crean en la astrología. «Hay estudios de los procesos de la memoria humana. Las personas tienden a recordar más los casos positivos de asociaciones que los negativos. «Se les da una importancia extraordinaria a las predicciones que se cumplen, y aunque hay múltiples instancias en que no se cumplen, no se fijan en eso. Es una tendencia que tiene en general el ser humano, sobre todo si la persona tiene una creencia previa. «Mientras más imprecisa es la predicción, más fácil es que se haga realidad. Si yo digo: «Va a haber un accidente de tránsito», por la forma en que está materializada la tecnología del transporte, es muy fácil que suceda. Pero cuando la predicción es precisa: «El accidente será tal día, en tal esquina», esa no se cumple.«En la ciencia hay una sola manera de avanzar, y es haciendo predicciones precisas. Un físico dijo una vez que él prefería hacer una predicción precisa y equivocarse, porque podía aprender del error, y la seudociencia está llena de imprecisiones. Siempre citan a Nostradamus como la meca de la predicción, y sus avisos son de una imprecisión tremenda. Dijo que nacería un hombre terrible. Y muchos lo asocian con Hitler, cuando realmente han nacido tantos individuos temibles, que han cometido genocidios, destrucción masiva. «Hay características psicológicas del ser humano que lo predisponen a buscar conexiones causales que no existen. La conquista de la ciencia es entrenar a la mente humana en que no se puede creer todo, sino que hay que poner pruebas y exigir condiciones y criterios para que algo sea verdad.

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