Reconocimiento académico e histórico en la Universidad de La Habana - Cuba

Reconocimiento académico e histórico en la Universidad de La Habana

Autor:

Juventud Rebelde

Palabras pronunciadas por Juan Nuiry Sánchez* en nombre de los dirigentes de la FEU en la década de los años 50 del siglo XX, condecorados con la Medalla 280 Aniversario de la UH el 23 de octubre de 2008, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana

La Universidad de La Habana, fiel a su conocida tradición, ocupó una posición protagónica de combate desde la misma madrugada del golpe militar del 10 de marzo de 1952.

En la capital cubana había por entonces una ausencia de dirección frente a los golpistas. El Poder Ejecutivo, los partidos políticos y sus dirigentes se mostraron vacilantes y cobardes, con una evidente falta de visión histórica.

Es el momento en que la Universidad de La Habana vuelve a ser un bastión irreductible de rebeldía. Al conocerse el desenlace del cuartelazo, primero fue la sorpresa y después la indignación, para luego escucharse el grito: ¡Para la Colina! Allí se dio cita el pueblo, y la Universidad se irguió otra vez para luchar, apoyada por su tradición y su historia.

Todo fue actividad desde las primeras horas de la mañana, cuando comenzaron a llegar estudiantes universitarios y de la enseñanza secundaria, jóvenes de distintos lugares, obreros, profesionales, veteranos. Una enorme bandera cubana a la derecha del Alma Máter se izó a media asta en señal de duelo. Los amplificadores no cesaban en sus mensajes y la majestuosa escalinata pronto se vio cubierta con telas y lemas combativos. ¡La FEU ni se rinde ni se vende!

Pero si ese día el alto centro vibró de rebeldía, para la FEU fue solo el comienzo, pues su combate no se limitó al interior de sus muros: la lucha por la Constitución del 40, la Marcha de las Antorchas y la caída de Rubén Batista Rubio, el primer mártir estudiantil, son parte de un proceso ininterrumpido, hasta lograr la radicalización de la lucha, que tuvo su momento más alto en la Carta de México, firmada por Fidel Castro y José Antonio Echeverría.

Si conocemos que cada generación tiene sus propios desafíos, a la nuestra, en la década de los años 50 del siglo pasado, le correspondió el enfrentamiento, tanto a la dictadura de Batista como al pasado neocolonial.

Es importante conocer la Declaración de Principios de la Federación Estudiantil Universitaria, emitida el 14 de marzo de 1952, que encabeza la frase de José Martí que dice: «El estudiantado es el baluarte de la libertad y su ejército más firme». El documento expresa además: «somos otra vez los abanderados de la conciencia nacional» y destaca que solo mantendremos acatamiento «a nuestro himno, nuestro escudo, nuestra bandera (...) símbolos que los mambises nos trajeron ensangrentados del campo de batalla (...) y queremos una República libre de mediatizaciones extrañas y de mixtificaciones internas».

Ahí, en los 12 párrafos de la Declaración de Principios de la Federación Estudiantil Universitaria estaba nuestra posición martiana y antiimperialista, cuando se abría un nuevo ciclo histórico, en que las acciones del 26 de julio de 1953, trazarían la única conducta que se debía seguir: la lucha armada.

Varios factores sobresalen en esta condecoración de hoy: reunir a un grupo de dirigentes estudiantiles, que fueron elegidos por las distintas facultades (13 en total) en las elecciones efectuadas en aquella década, para otorgarles la Medalla 280 Aniversario de la Universidad de La Habana, precisamente dentro de las actividades que se realizan en homenaje a esa importante efeméride.

Este encuentro tiene lugar a solo unos días del aniversario 50 del triunfo de la Revolución y cuando se cumplen 85 años del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en 1923 e impulsado por Julio Antonio Mella, aquel gigante del pensamiento y la acción, «una fuerza de la naturaleza», como lo calificara el intelectual Aníbal Ponce.

La propuesta realizada por la Cátedra José Antonio Echeverría fue analizada y aprobada por el Consejo Universitario. Para ello contaron con las biografías de los propuestos, que además de su condición de dirigentes estudiantiles debían haber mantenido hasta el momento los mismos principios por los que lucharon en sus años juveniles.

Por ello, aunque se observe a un colectivo un poco cargado de años, tengan presente que según las categorías del escritor argentino

José Ingenieros, serán eternamente jóvenes aquellos que han sabido cumplir con dignidad los principios sustentados en su juventud. Esto no lo pongan en duda.

Junto a esa FEU histórica no puede faltar la mujer. Por eso, y por mil razones más, están presentes junto a nosotros, ayer, ahora y siempre las integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas. ¡Cuánto se podría hablar de aquel grupo de mujeres, martianas y combatientes! Flores que se convertían en heroínas. Mujeres que a lo largo de esos años fueron compañeras, hermanas, amigas y madres, para cada uno de nosotros.

Sobre ellas solo señalaremos estos valores: fue la primera organización frente a la dictadura de Batista y supieron ser unitarias, tanto en su integración, como en su proyección. El Frente Cívico de Mujeres Martianas se creó en la Universidad de La Habana, primero en la Escuela de Ciencias y luego en el Salón de los Mártires, bajo la mirada de Mella, Trejo y Guiteras.

He querido destacar un punto, que por su importancia, tiene una alta significación para todos nosotros, y es la presencia de los ausentes. Esta es la FEU en la que descollaron dirigentes estudiantiles e inolvidables compañeros de luchas: José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez, René Anillo y Álvaro Barba, por solo mencionar a los más destacados, cuyo recuerdo imperecedero está en el corazón y en el pensamiento de cada uno de nosotros.

Si en nuestra FEU las conmemoraciones relacionadas con los mártires nunca fueron de lamentos ni llantos, hoy no lo serán tampoco, y como en cada medalla está el recuerdo de todos nuestros compañeros caídos en la lucha, esta de hoy será de reafirmación y de compromiso con la Revolución, con la convicción de ser fieles al legado de nuestra Universidad, formadora de valores académicos, culturales e históricos, que han sustentado nuestra identidad, la primera en el tiempo en la enseñanza superior y buque insignia en la universalización, la siempre Universidad de La Habana.

Si una condecoración siempre tiene una alta significación, esta tiene un valor agregado, pues tiene 280 razones. Por todo lo expresado, no podríamos, en nombre de todos los condecorados, ayer dirigentes estudiantiles, hoy estomatólogos, abogados, médicos, farmacéuticos, filósofos, historiadores, científicos, arquitectos, ingenieros... en fin, todos graduados en esta Universidad que acumulan tanta sencillez y sensibilidad, dejar de agradecer esta distinción muy sinceramente a usted, rector Rubén Zardoya, al Consejo Universitario, a los profesores de esta casa de altos estudios y a la FEU, ese ejército de luz, que siempre luchará bajo el lema que Mella expresó hace 85 años «Por un futuro mejor».

Para terminar, he dejado que lo haga aquel joven estudiante de Arquitectura, Presidente Eterno de la FEU, que vivió con la velocidad de un rayo, con un pie en su día y otro en el futuro: José Antonio Echeverría, con palabras que recogen todo el contenido unitario y de tradición, que hemos tratado de expresar, cuando en un Festival Universitario de Arte, celebrado en 1954, dijo: «Hablo escoltado por Mella en el 23, Guiteras en el 27, Trejo en el 30, y Rubén, Renato, Raúl Gómez García y Boris Luis en el 53; la FEU de la Universidad de La Habana que custodia entre sus muros las cenizas de Varela, quien desde las Ciencias Sociales proclamó: “no hay ciencia sin conciencia” y los restos de Felipe Poey, quien desde las Ciencias Naturales planteó “no hay inteligencia sin moral”».

*Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana.

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