El medio siglo de las luces

Autor:

Yailin Orta Rivera

En 1959 solo el 56 por ciento de la población cubana disfrutaba del servicio eléctrico; hoy el 96 por ciento goza de este beneficio

Los ojos de Dulce María Echeverría quedaron encandilados. No creía lo que estaba viendo. Acostumbrada a la luz del farol, no podía entender el milagro de la electricidad. Tenía 16 años cuando vio por primera vez aquel destello luminoso.

«Allá en mi batey lo único que teníamos eran mecheros... y de pronto apareció esa cosa tremenda, asombrosa. Era como un sol dentro de la casa», rememora esta cubana que acumula más de seis décadas de vida.

«A mí sí no hay quien me haga cuento. Quienes eran de campo adentro, como yo, no sabían ni de escuelas, ni de hospitales, ni de carreteras. Vivíamos en casas de guano y piso de tierra y con un quinqué o un par de velas para alumbrarnos cuando caía la noche».

Si bien datan desde fines del siglo XIX los primeros experimentos de la electricidad en Cuba, a la altura de 1959 solo el 56 por ciento de la población, que era de 6,5 millones de habitantes, contaba con este servicio. Para esta fecha existían solamente 10 200 kilómetros de líneas de todas las tensiones en la Isla y se generaban 430 megawatts.

Después del triunfo del 1ro. de Enero este panorama, que tan bien había sido descrito en las páginas de La Historia me absolverá, empezó a reconfigurarse. La Comisión de Fomento Nacional, adscrita al Instituto Nacional de Reforma Agraria, comenzó a iluminar aquel entorno rural sobre el que gravitaban grandes carencias.

Hágase la luz

La historia de la electricidad en Cuba dio su mayor giro el 6 de agosto de 1960, cuando se proclamó la Ley de Nacionalización para los centrales y empresas de propiedad norteamericana, entre las que se destaca la Cuban Electric Company, que desde ese momento pasó a nombrarse Compañía Cubana de Electricidad Nacionalizada Antonio Guiteras Holmes.

En octubre de ese mismo año se elabora un nuevo plan de estudios de la carrera universitaria de Ingeniería Eléctrica.

Después del triunfo revolucionario la mayoría de los ingenieros y técnicos de esta industria desertaron, y con los que quedaron (menos del 50 por ciento) se continuó operando, reparando averías, haciendo trabajos de desarrollo y construyendo el sistema eléctrico que demandaba el avance del país, y como parte de ello, la electrificación de las provincias orientales.

Fue necesaria también la creación de una base de producciones electromecánicas que hiciera transformadores de distribución, fusibles, drop-out, seccionadores, estructuras para redes, postes de hormigón, ensamblajes de metros contadores, diferentes herrajes y dispositivos, así como intercambiadores de calor y numerosas piezas y dispositivos para centrales eléctricas y redes.

Según especialistas de la Unión Eléctrica, a partir de 1961 se contratan y montan las primeras termoeléctricas y subestaciones soviéticas y checas; posteriormente se instalan dos unidades japonesas de generación en la Central Termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. Dos años después se celebra en La Habana el Primer Fórum de la Energía Eléctrica.

Otro de los hitos de este sector fue la interconexión del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en 1972 a una tensión de 220 kilovoltios por primera vez en Cuba, y tres años más tarde la creación del Departamento de Energía Solar del Instituto de Investigación Técnica Fundamental de la Academia de Ciencias de Cuba.

En los 70 se introdujeron nuevas tecnologías: redes de 220 kilovoltios, centrales generadoras de mayor capacidad y mejores parámetros, subestaciones y plantas móviles, que operaban en el horario pico, plantas generadoras que utilizan el gas acompañante de la extracción del petróleo (Energás), la generación distribuida, nuevos medios de protección y conductores y aisladores de nuevo tipo, así como se aplicaron modernas técnicas de trabajo en caliente y medios de diagnóstico para centrales y redes.

La década de los 80 estuvo igualmente marcada por profundos cambios. La creación de la Comisión Nacional de Energía y el Centro de Investigaciones de Energía Solar, al igual que la electrificación con energía solar fotovoltaica de la comunidad El Mulato, en Guamá, Santiago de Cuba, son de los hechos más relevantes de este período.

La crisis económica que sobrevino en los años 90, tras la pérdida del país de más del 80 por ciento de las fuentes de comercio exterior y el agravamiento intencional del bloqueo financiero, económico y comercial por parte de los Estados Unidos, provocó que la capacidad de generación del SEN descendiera.

En medio de la asfixiante situación económica, la Isla buscó nuevas alternativas para salir de los duros apagones que se extendían, con frecuencia, durante más de 12 horas diarias. Es en 1994 cuando se celebra en La Habana el primer Taller Internacional de Energías Renovables y se constituye la Sociedad Cubana para la promoción de Fuentes Renovables de Energía.

A la altura de 1999 hay instaladas en la Isla 175 minihidroelécticas y microhidroeléctricas, 26 de estas conectadas al SEN. Existían además zonas rurales aisladas, alrededor de 220 consultorios del médico de familia y tres comunidades electrificados con energía solar fotovoltaica.

Entre los programas de la Revolución Energética se inscriben los esfuerzos para el uso de energías renovables: eólica, solar, biomasa.... Foto: Roberto Suárez El 21 de abril de ese año comienza también a funcionar en la Isla de Turiguanó, al norte de Ciego de Ávila, el primer Parque Eólico Demostrativo del país, con una potencia instalada de 0,45 megawatts.

Revolución con energía

Ante el colapso que sufrió el ya deteriorado Sistema Electroenergético Nacional en 2004, basado hasta entonces en grandes plantas con altos índices de consumo de combustible y en redes de transmisión y distribución también en mal estado técnico, el país emprendió transformaciones de fondo en el sector.

A partir del año 2005, las soluciones aplicadas a los problemas se convirtieron en una estrategia de empleo racional de la energía, que fuera nombrada por Fidel, su principal artífice e impulsor, como Revolución Energética.

En un primer momento se determinó instaurar un nuevo esquema de generación eléctrica. Se estableció entonces la generación distribuida mediante la instalación de baterías de grupos electrógenos diésel y de fuel-oil, sincronizados al SEN, que permite el ahorro debido al uso de equipos más eficientes, reduce las pérdidas en redes eléctricas y garantiza la energía en casos de desastres naturales.

Con el objetivo de incrementar la disponibilidad de servicio eléctrico, se llevó a cabo además un programa de rehabilitación de redes que hasta el momento ha resuelto el 91 por ciento de las zonas de bajo voltaje. Han sido sustituidos, igualmente, más de 165 600 postes en mal estado, 3 900 kilómetros de calibre primario, cerca de 1,6 millones de acometidas, 25 300 circuitos secundarios y 1 035 000 metros contadores.

El costo de las labores previstas en las redes es de más de 262 millones de dólares, cifra que permitirá reducir los gastos y mejorar la calidad del fluido eléctrico.

El plan de ahorro se centró también en la sustitución inmediata y masiva de una serie de equipos ineficientes. Foto: Heriberto González El plan de ahorro se centró también en la sustitución inmediata y masiva de una serie de equipos ineficientes. Hasta la fecha se han reemplazado más de 2 528 000 refrigeradores antiguos, más de un millón de ventiladores, cerca de 3 240 000 hornillas y alrededor de tres millones de calentadores de agua.

A lo anterior debe añadirse la entrega de termostatos y juntas de refrigerador y cafetera, así como el cambio de motobombas de agua y la sustitución en el sector residencial de casi diez millones de bombillos incandescentes por ahorradores.

Han sido entregados a la población cerca de 22 millones de artículos y equipos para la cocción de alimentos. Foto: Jorge Luis Terencio La Revolución Energética incluyó igualmente, como uno de sus programas, la sustitución de queroseno y GLP (gas licuado procedente del petróleo) por artículos y equipos eléctricos para la cocción de alimentos; de estos han sido entregados a la población hasta la fecha más de 21,9 millones, según datos ofrecidos por el programa de los trabajadores sociales.

Como parte de la sustitución de equipos electrodomésticos ineficientes, recogidos y convertidos en chatarra, funcionan ya en los hogares más de 228 000 nuevos televisores y una cifra superior a los 250 000 aires acondicionados.

Según fuera precisado durante la primera sesión de trabajo de la VII Legislatura del Parlamento cubano, para la reparación de esos equipos se decidió crear 600 talleres en el archipiélago. En este propósito el país invirtió cifras millonarias para equipar a estas entidades y gastó 2,7 millones de pesos en la compra de todas las herramientas.

Como parte de la Revolución Energética se han instalado también grupos electrógenos de emergencia en objetivos vitales de la economía y los servicios, para proporcionar energía eléctrica en caso de eventos meteorológicos o de cualquier otra catástrofe natural.

Mediante estos grupos se garantiza la protección de hospitales, policlínicos, clínicas estomatológicas, bancos de sangre, hogares de ancianos y de impedidos físicos y mentales, farmacias principales, panaderías, centros de producción, conservación y elaboración de alimentos frigoríficos y sistemas de bombeo, entre otros.

Igual seguridad poseen, gracias a esta alternativa, instalaciones de la Misión Milagro y del nuevo programa de formación de médicos latinoamericanos; planteles educacionales importantes, estaciones meteorológicas, medios de comunicación masiva, instalaciones del turismo e industrias químico-farmacéuticas y biotecnológicas.

Los Trabajadores Sociales, entre 2006 y 2008, cambiaron más de siete millones de bombillos incandescentes por fluorescentes en naciones de América Latina y el Caribe. Esta experiencia, única de su tipo en el mundo, ha llegado a otros países mediante el esfuerzo de los Trabajadores Sociales, quienes desde el primer momento han sido protagonistas de esas transformaciones.

Enrique Gómez Cabeza, director de este Programa, durante el acto de Misión Cumplida de las tareas de la Revolución Energética que se desarrollaron en países de América Latina y el Caribe, dio a conocer que cerca de 800 jóvenes cambiaron entre 2006 y 2008 más de siete millones de bombillos incandescentes por fluorescentes en esas naciones.

Este grupo, junto a cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas, ingenieros eléctricos y profesores cumplieron misiones en Antigua y Barbuda, Belice, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, Nicaragua, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Surinam, entre otros países amigos.

Otros importantes resultados

La producción nacional de petróleo equivalente —crudo más gas— en 2008 representa un crecimiento de ocho veces en relación con el volumen obtenido en 1989.

Este crecimiento se sustenta en un programa de exploración que incluye un ambicioso plan de investigaciones sísmicas y de perforación, con la participación de firmas extranjeras, tanto en tierra como en aguas someras y en las zonas profundas de la Zona Económica Exclusiva de Cuba en el Golfo de México.

Durante 2007 fue concluida, además, la perforación de otros 20 pozos y en el presente año se concluirá una cantidad similar.

Actualmente Cuba cuenta con cerca de 500 megawatts de potencia instalada para generar electricidad a partir del gas acompañante del crudo, una variante que garantiza mayor eficiencia y calidad.

Al crearse el gasoducto de 15 kilómetros en el litoral norte de La Habana, y ser conectado a la planta de tratamiento de Puerto Escondido, el país también creó capacidad suficiente de limpieza y potencia instalada para asimilar todo el gas disponible.

Entre los programas de la Revolución Energética se inscriben además los esfuerzos para el uso de energías renovables: eólica, solar, biomasa e hidroenergía. Ya fueron instalados más de 8 100 sistemas fotovoltaicos autónomos, los que han sido distribuidos en escuelas, consultorios médicos, salas de televisión y viviendas sin servicio eléctrico. Se encuentra en desarrollo también el primer proyecto de planta solar, con capacidad de cien kilowatts, la cual se integrará al SEN.

Cuba aprovecha todas las posibilidades de generación eléctrica, pero como los costos son tan altos lo hace de forma moderada en medio de las complejidades financieras que vive la nación. Durante 2007 y 2008 fueron construidos dos parques eólicos de prueba de 5,1 y 4,5 megawatts respectivamente, ambos en Gibara, Holguín, y existe otro en la Isla de la Juventud —equipado con tecnología anticiclónica— que produce 1,65 megawatts.

A estos esfuerzos se une la instalación de cien estaciones de medición de viento en 32 zonas de 11 provincias.

Otro campo que se explorará es el de la hidroenergía, pues el país cuenta con 232 presas que pueden aprovecharse. Por el momento 35 000 habitantes disfrutan la energía de 149 minihidroelécticas.

La energía solar térmica también ha sido utilizada para mejorar la eficiencia energética en la Isla. El Ministerio del Turismo es una de las instituciones más beneficiadas con esta variante.

En la Isla de la Juventud se encuentra en ejecución el montaje del primer Grupo Electrógeno de 50 kilowatts y en fase de diseño una planta de 1 megawatt de capacidad, ambos a partir de biomasa forestal.

Durante 2009 se implementará el montaje de una moderna planta de biogás de tecnología alemana en la provincia de Cienfuegos, la cual será erigida en áreas aledañas al Combinado Porcino Integral de Palmira.

La planta industrial, que generará energía eléctrica a partir de biogás producido en el sector porcino, ubicará a Cuba a la vanguardia de esta tecnología en el Caribe y Latinoamérica. Esta experiencia constituirá el comienzo de un programa nacional que deberá desarrollarse a corto, mediano y largo plazos.

La propuesta será además una solución eficiente e integral al problema de la contaminación ambiental y el efecto invernadero provocado por los residuales de este tipo.

En fecha reciente fue inaugurada también en la capital cubana una planta de biogás, cuya explotación permite procesar desechos sólidos, con grandes ventajas ambientales.

En Cuba existen más de 700 plantas de biogás, aunque se estima que solo funciona el 50 por ciento. En el año en curso se levantaban 300 de esos enclaves.

Si en 1959 se generaban 430 megawatts, en la actualidad, a través de todas las fuentes de energía utilizadas, se producen más de 4 600, una cifra que supera diez veces la de hace medio siglo.

Sin embargo, a pesar de que estos logros han demostrado su impacto en la vida nacional y el 96 por ciento de la población cuenta con este servicio, aún quedan por eliminar aquellos resquicios por los que se filtran el despilfarro de combustible y electricidad. Porque el ahorro, como nos alertara Fidel, sigue siendo nuestro principal yacimiento.

(Agradecemos la colaboración brindada por el ingeniero Winston Fondevila Sotolongo, director adjunto del Centro de Investigaciones y Pruebas Eléctricas [CIPEL], para la realización de este trabajo) 

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