«Heridas» a la inocencia - Cuba

«Heridas» a la inocencia

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Aunque Cuba figura entre los países con menor índice de maltrato infantil, el fenómeno no está ausente. Los pequeños que integran familias disfuncionales viven bajo este fuerte factor condicionanteEra un niño como de unos diez años. Sus ropas delataban el paso del tiempo, y los ojos... Nadie era capaz de imaginar cuánto habrían vivido a esas alturas.

—¡Señora, señora! ¿Me da dinerito para comprarme algo?...

En la calle Obispo, más de cinco pequeños «asaltaban» a los capitalinos. Algunos tran- seúntes daban el regalo de gracia. Otros ha- cían ojos ciegos a aquel evento, quizá por vergüenza, quizá por miedo o indiferencia.

En una esquina, uno de los infantes, cabizbajo, estaba cansado. Alguien dijo: «No vale la pena, sus padres los ponen a hacer eso, les dicen hasta los puntos céntricos. No niña, déjalo tranquilo».

Una anciana, vecina de aquellas calles y de quienes habían puesto la malicia en manos inocentes, contó que desde los seis años los padres de ese niño lo obligaban a pedir dinero.

«Es triste ver cómo lo maltratan si no llega a casa con algo. Hemos hecho denuncias; la madre estuvo bajo vigilancia y el padre nadie sabe quién es. Veo a mi nieto, de esa edad, y no puedo creer que exista gente capaz de hacerle eso a su propia sangre».

Para Javier la llegada a casa no tiene horario, tal vez porque nadie le ha enseñado, o porque para él ese lugar al que todos llamamos hogar no existe. Desde que tiene uso de razón sabe que no puede dormir en casa con mamá y papá, pues entre sus cinco hermanas y su madre no hay espacio para él. A veces el «cuartico» de su abuela se convierte en su refugio.

Cada tarde, al terminar la escuela, su rutina es soltar la mochila y buscar en la calle, con los amigos del barrio, la atención y el cariño que no encuentra en su hogar. Según contó el director, muchas veces han tenido que buscarlo en las mañanas, pues su familia no se ocupa de su educación y termina en la calle deambulando todo el día.

Si bien es cierto que Cuba es uno de los países con menor índice de maltrato infantil en el mundo, este existe y se refleja entre los pequeños que integran familias disfuncionales, principal factor condicionante del fenómeno. De ahí que muchos especialistas aseguren que este flagelo impone la aplicación de estrategias más efectivas por parte de la familia, la comunidad y las instituciones.

Desafío en casa

Durante cinco décadas Cuba ha desafiado la realidad mundial, donde más de 600 millones de niños y niñas viven en absoluta pobreza; más de 115 millones no tienen acceso a los sistemas de educación y más de 318 millones trabajan para subsistir, la mayoría en labores duras y peligrosas.

Niños analfabetos, vendidos y comprados, prostituidos y violados, maltratados y asesinados, son parte del drama del mundo capitalista. Padres que no pueden responder por sus hijos al no contar con mecanismos estatales que los amparen y les ayuden a sustentarlos.

Por eso para muchos sociólogos y psicólogos es «imperdonable» que algunos progenitores cubanos ignoren los beneficios de nuestro sistema social y expongan a los pequeños a las vicisitudes de una vida de calle, rechazo, vicio y malos tratos, que los laceran física y emocionalmente.

«El maltrato por abandono o negligencia, aunque es más difícil de demostrar, actualmente es el de mayor incidencia. Padres que no se ocupan del niño, de su educación, de sus deberes escolares, de su salud, de su alimentación e incluso de su necesidad de esparcimiento, figuran como muestras de este fenómeno, muchas veces reproducido inconscientemente», aseguró el doctor Cristóbal Martínez, jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría Infanto-Juvenil.

«No suministrarle el cariño, el afecto, que es una necesidad primaria del ser humano, deriva en que el niño no aprenda a amar. Amenazas, críticas, desprecio, burlas, bloqueo de iniciativas, creación de falsas expectativas, y chantajes o exigencias extremas, hacen del pequeño una persona retraída, insegura y potencialmente violenta».

Privarle del tiempo de ocio es quitarle al niño ese espacio de socialización que le permite desarrollar su personalidad. Según advierte el especialista, los padres deben entender que el juego, más que diversión, es una necesidad primaria que perdura a lo largo de la vida.

En el caso de los menores que piden a los extraños es mucho más extremo el abuso —señala—, pues implica agresión psicológica a un individuo que no tiene conciencia plena de lo que hace, y esto se convierte en una laceración moral mayor.

El problema de la violencia, la mayoría de las veces, no radica en causas psiquiátricas, sino culturales y familiares, aseguró el doctor Ernesto Pérez González, jefe del Departamento de Peritaje Mental, psiquiatra y criminólogo, para quien «generalmente el maltratador no es un sujeto con problemas mentales, sino un sujeto normal, tal vez condicionado por la llamada transmisión transgeneracional de la violencia.

«Es un patrón que se ha repetido en su núcleo familiar y que forma parte de lo que conoce como normal. Actúa y luego se percata de que cometió una acción dañina, algo mal hecho, dominado por instintos.

«En cuestiones de violencia, hablar del bueno y del malo, del transgresor y de la víctima, estableciendo márgenes de diferencia, es muy difícil, porque es una situación circunstancial. Los roles se intercambian», señaló.

Un sondeo entre decenas de capitalinos reflejó que la mayoría de los padres solo asocian el maltrato infantil con la violencia física. En algunos casos reconocieron las agresiones emocionales.

Para muchos de los entrevistados la falta de cuidado o los accidentes que «no son ni tan accidentales ni tan inevitables», no forman parte de este fenómeno.

Sin embargo, advierte el doctor Roberto Planas, presidente del Comité Académico para el Estudio y la Prevención del Maltrato Infantil en Ciudad de La Habana, la mayoría de las personas no sabe que está maltratando a su hijo, o se creen con todo el derecho sobre ellos, por lo que también es importante que la comunidad haga conciencia.

Leyes con apoyo social

Aunque el Código de Familia cubano precisa que los padres tienen el deber de salvaguardar a sus hijos, propiciarles una educación y alimentarlos hasta que alcancen la mayoría de edad o comiencen su vida laboral, la realidad, en ocasiones, traiciona el buen deseo.

En el país las vías están creadas para que las personas puedan denunciar los maltratos, desde la comunidad con las organizaciones de masas, la escuela y el médico de familia. Pero muchas veces, por desconocimiento o indiferencia, las estructuras legales son subutilizadas.

Idania Silot Navarro, jefa de Asuntos Civiles, Administrativos y Laborales, perteneciente al Departamento de Atención al Derecho Ciudadano de la Fiscalía General de la República, explicó a JR que nuestro sistema legislativo contempla los derechos y obligaciones de los padres o tutores, así como las sanciones ante el incumplimiento de lo estipulado.

«En el artículo 315 del Código Penal, por ejemplo, se plantea que aquella persona que no atienda o descuide la educación, manutención o asistencia de un menor de edad que tenga bajo su potestad, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año, o multa de cien a 300 cuotas o ambas», señaló.

En el acápite referido a los actos contrarios al normal desarrollo del menor, las leyes plantean que quien induzca a un pequeño a abandonar su hogar, faltar a la escuela, rechazar el trabajo educativo o a incumplir sus deberes, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año, o multa de cien a 300 cuotas o ambas.

De hecho, nuestras leyes comprenden que el que utilice a una persona menor de 16 años de edad en el ejercicio de la prostitución o en la práctica de actos de corrupción, pornográficos u otras conductas deshonestas, incurre en una sanción de privación de libertad de siete a 15 años.

Mientras que el artículo 312 aclara que quien utilice a un menor de 16 años en prácticas de mendicidad, incide en sanción de privación de libertad de dos a cinco años o multa de 500 a mil cuotas, o ambas, y si el hecho se realiza por quien tenga la potestad, guarda o cuidado, puede ser de tres a ocho años.

La fiscal comentó además que ya está en estudio y proyecto un nuevo Código de Familia, con propuestas dedicadas a una mayor protección de los derechos de la infancia y la familia en su más amplia diversidad de géneros y roles.

El doctor Ernesto Pérez González asegura que la cuestión penal es algo que se debe analizar detenidamente. «Hay que tener en cuenta que esta intervención puede provocar que la familia se fragmente. La labor no radica totalmente en fortalecer el mecanismo de lo penal, sino en aumentar las respuestas en el resto de la sociedad».

Los especialistas coinciden en que la comunidad debe estar preparada para detectar este problema, pues la mayoría de las personas, o no saben que están maltratando a sus hijos o, al no ser advertidas por los factores sociales, continúan haciéndolo.

«Es necesario que todas las organizaciones de masas, el médico de la familia, el consejo popular y en general el barrio trabajen en consonancia, pues a veces la gente considera que el maltrato infantil atañe solo a la familia, cuando en realidad es un fenómeno que implica una mirada social», insistió el doctor Cristóbal Martínez.

Grandes pequeñas ayudas

El juego constituye un espacio vital para el niño que no puede ser violentado. Foto: Albert Perera Familias numerosas, o divididas tras períodos de crisis, o que viven en condiciones difíciles, muchas veces hacen de los niños centros de sus problemas, y sobre ellos recaen las manos y las palabras hirientes.

Según plantean los especialistas, el maltrato es consecuencia de cuatro factores que conspiran entre sí. El agresor, la situación desencadenante, la familia y el contexto, donde la sociedad y sus leyes desempeñan un papel esencial.

La realidad cubana de la década de los 90, tanto en lo económico como en lo social, entrañó cambios y decisiones complejas que crearon zonas de conflicto.

Desde entonces, a pesar de que las condiciones socio-económicas han cambiado, la ausencia paterna, la existencia de modelos inadecuados de crianza, la irresponsabilidad de algunos progenitores con los hijos, el incorrecto ejercicio de la autoridad, las defectuosas relaciones de poder entre padres e hijos, entre otras causas, han favorecido conductas agresivas o erradas.

En estas condiciones, muchas federadas y cederistas recuerdan con orgullo cuando visitaban a la anciana abandonada, la mujer golpeada y al niño maltratado; cuando llevaban a los hogares disfuncionales una mirada reflexiva, de nuevas oportunidades.

Para Zaida Rodríguez, una capitalina de 68 años, muchos deben hacer memoria y recordar los preceptos con los que surgieron organizaciones como los CDR y la FMC, en el enfrentamiento a las problemáticas de la comunidad.

El también capitalino Roberto Sánchez comenta que cuando joven fue testigo de la preocupación de la presidenta del CDR con su vecina, quien tenía dos pequeños, de los que, en ocasiones, no se ocupaba de vestir o alimentar debidamente.

«Recuerdo que su maestra venía a buscarlos, y sé que se reunía con las federadas para buscar la mejor solución: el maltrato infantil se veía como un problema de todos y no de la familia solamente».

Justamente para dirigir una estrategia coherente que atendiera, desde la comunidad, problemas sociales como la violencia intrafamiliar, con la mujer, niños, ancianos y otros que surgen en las relaciones de convivencia, se creó el 29 de agosto de 1986 la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social.

Según explicó Carlos Amador, vicepresidente de esta institución, la misma se encargaría de prevenir y atender de forma directa, organizada y planificada las conductas transgresoras de la convivencia social, como la discriminación, el rechazo y la violencia, en especial en hogares disfuncionales, y a todas las personas que lo requieran.

Esta comisión la integran representantes de los ministerios de Educación, Interior, Salud Pública, Trabajo y Seguridad Social, Cultura, Justicia, el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación, además de organizaciones de masas, juveniles, estudiantiles y de trabajadores.

Dicha estructura debe constituir un punto de partida importante en la atención directa al maltrato infantil desde el vecindario, analizando las necesidades de cada municipio y de los consejos populares o de las circunscripciones de todo el país.

Dentro de esta estrategia, la FMC, junto a los CDR, tienen como línea de trabajo defender la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer como entes activos en la comunidad, apuntó Sonia Veretervide, miembro del Secretariado Nacional de la organización femenina.

«En la convivencia se dan casos de abuso infantil. Detectar el maltrato desde la cuadra, como estructura primaria, es también tarea de las federadas. Cada circunscripción debe tener una trabajadora social, de oficio, con una preparación que le permita detectar los problemas».

La dirigente explicó que en la escuela debe existir un diagnóstico por aula de la asimilación de los conocimientos, así como del comportamiento de los menores. Y de esta manera poder brindar una atención especial a los niños que lo requieran y a sus familias, que es la máxima responsable.

«Sabemos que muchas veces las personas recurren al maltrato porque carecen de herramientas para manejar una situación sin necesidad de golpes. Mediante una visión integradora con los especialistas del grupo, tiene lugar un acercamiento a los familiares y se les asesora. Si el problema se agudiza, lo más probable es que la madre necesite atención, y hay que brindársela.

«Lo más importante para nosotros en el trabajo de la Federación es conocer la situación de cada uno de los hogares, porque la única manera en que tú puedes ayudar a la gente es conociéndola y guiándola», enfatizó.

Abrir murallas

Desafiar los problemas propios, trascender distancias, doblegar las barreras y entregar, incluso más de lo que se tiene, son más que meras palabras para el grupo de Trabajadores Sociales que actualmente impulsan un experimento con niños y adolescentes de familias disfuncionales en el municipio capitalino de Boyeros.

Tras un pesquisaje realizado en el año 2004, que permitió diagnosticar la magnitud del problema, se desarrolla esta iniciativa, que también se lleva a cabo en la provincia de Villa Clara. Esto ha permitido un trabajo más cercano y efectivo en la prevención y atención del maltrato infantil físico y psicológico.

Jorge Ramírez, uno de los creadores del proyecto, aseguró que al iniciar esta tarea muchos los veían como alguien que viene con un papel o un lápiz a hacer una investigación y no vuelve. «Pero con nosotros no ha sido así».

Mediante este estudio acordaron que cada cual debía atender sus casos y darles seguimiento. «No se trata solo de conformar un expediente, sino de hablar con las familias, relacionarnos, que sintieran que estábamos ahí para apoyarlos y que confiaran en nosotros», confesó.

Javier Castro, jefe de la brigada, contó que al principio muchos padres no los recibían y también necesitaban el apoyo de la comunidad. «Era una reacción muy fuerte, pero con la constancia y la preocupación diaria vimos cómo la situación fue cambiando».

Estos jóvenes cuentan que hay padres que se han negado a reaccionar, y en estos casos el problema se va de sus manos. Entonces el trabajo se continúa en la Comisión de Prevención de la circunscripción, la cual debe mediar en la adopción de futuras medidas de atención con la familia.

«Pero siempre estamos del lado de la familia, aun cuando esta tenga dificultades y nosotros las conozcamos. No queremos que nos vean como un órgano represivo, sino que estamos intentando encontrar una solución para concientizarlos y ayudar al niño, que es la preocupación mayor», insistió Javier.

Ellos coinciden en la necesidad de llevar a la comunidad el trabajo de prevención y hacer funcionar los factores de atención implicados. Siempre que exista un niño maltratado debe haber una reacción social efectiva, desde la familia hasta la escuela, y las instituciones, que como los trabajadores sociales pueden implementar una estrategia efectiva.

Por eso quien ve a Yenisel Padilla recorrer voluntariosa las calles del reparto Mulgoba, en Boyeros, no imagina cuánto siente con su labor. Tener una niña de apenas tres años la acerca y sensibiliza más sobre lo importante que puede resultar el afecto para los pequeños.

«Cuando me eligieron para esta labor decidí que lo primero era ir directamente a la escuela, para saber cómo estaba el niño, ver qué hacía y conversar con él. Luego fui a ver a la familia y comencé el acercamiento, pero siempre tratando de que me vieran como una amiga, como a alguien cercano.

«Esto nos ayuda a ser mejores seres humanos. Lo que más me place es que puedo decir que he visto progreso en los casos que atiendo. Es cierto que hay quienes requieren de más tiempo, pero el simple hecho de ver cómo un niño que antes lloraba, ahora sonríe y hasta se le ilumina la mirada cuando habla de que tiene nuevos amigos, y comienza a contarlo; es alentador. Saber que también ha sido gracias a mí, es maravilloso», confesó.

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