Reciben jóvenes cubanos Preparación Básica para los Nuevos Soldados

Miles de jóvenes entre 18 y 21 años se preparan en diferentes unidades militares en un período de cinco semanas conocido popularmente como «la Previa» con el que inician el Servicio Militar Activo

Autor:

Rocío Trujillo Olivares

El primer disparo de la Preparación Básica de los Nuevos Soldados despertó en todos una gran emoción «Cuando llegó el momento de partir mi mamá estaba llorando; sin embargo, mi papá se mostró muy contento porque ese siempre ha sido mi sueño».

Esta historia pudiera empezar un día cualquiera de enero, febrero, julio o agosto, pues son estos los meses en que un grupo de jóvenes cambian su rutina hogareña para cumplir con el deber social.

Para el joven Félix Romero, de 21 años, la Preparación Básica de los Nuevos Soldados —período de cinco semanas conocido popularmente como «la Previa», antes de la entrada al Servicio Militar—, empieza desde que salen de sus casas.

«Salimos de Santa Cruz temprano en la mañana y cuando llegamos a Camagüey nos hicieron reclutas. Nos vestimos de verde olivo y de esa forma comenzó nuestra familiarización con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Al otro día nos trasladaron hasta la capital».

Llegó el tren

Hace unas semanas una Gran Unidad de las FAR, ubicada en el occidente del país, no tenía la algarabía de hoy. Esta enorme instalación militar alberga por estos días a quienes se preparan como nuevos soldados para iniciar el Servicio Militar Activo (SMA). Así, como esta, otras unidades del país acogen a miles de jóvenes.

«La primera imagen que vi fue la de unos tanques que están en la entrada. Era de noche y estaban opacos pero, como nunca había estado cerca de uno, me fijé bien. Me sentí emocionado», confiesa a JR Félix.

Dámaso Alfonso explica que fue la primera vez que se separó de su casa, pues nunca estuvo becado. «Ese instante fue muy difícil. Pensé que no lloraría, pero al despedirme se me salieron las lágrimas».

Cuando llegó a la unidad se dio cuenta de que todo era diferente a lo que le contaban. Eran instalaciones de mampostería, con baños cómodos y modernos, y buenos colchones y taquillas.

«Los primeros días de entrenamiento fueron muy fuertes, pero uno se adapta», aseguró el joven recluta Dámaso Alfonso. «Me habían dicho que se pasaba muchísimo trabajo, que la vida era difícil y que había que subir a las lomas a pasarse días internados solo con una lata de leche y otra de carne. Esa fue la experiencia de personas mayores de mi barrio. Quizá lo comentaban para asustarnos. La verdad es que los primeros días de entrenamiento fueron muy fuertes, pero uno se adapta. Es más instructivo y educativo», afirmó el joven de 19 años.

En los primeros días los muchachos pasaron mucho frío, pues muchos son de diferentes regiones del oriente del país y no conocían tan bajas temperaturas. «Estábamos temblando, y eso que nos pusimos la camisa, un pulóver y el abrigo de campaña. Pero era mucho para nosotros», comentó Félix.

El mayor Velázquez Aldana, jefe de la mediana unidad, manifiesta que en estas primeras cinco semanas se les imparten a los jóvenes los conocimientos necesarios para convertirlos en soldados capaces de cumplir con las misiones combativas. Después de esta instrucción básica, los reclutas pasan cursos para especializarse en comunicaciones, como jefes de tanques, artilleros terrestres y antiaéreos, ingenieros zapadores, mecánicos de instrumentos ópticos, operadores de equipos de radio, etc.

«No obstante estos incentivos, el cambio es difícil. La gran mayoría de los muchachos lo asimilan con facilidad, pero siempre hay una minoría a la que le resulta muy fuerte. Son los que en sus casas no hacían nada. Aquí se les enseña desde el primer día cómo tender la cama y posteriormente se les exige que lo hagan bien. Así van creando hábitos y habilidades», ratificó el mayor.

Comienza el día

El de pie o diana —como es conocido este horario entre los militares— sucede cada mañana cerca de las cinco y treinta, cuando aún el sol no apunta sus primeros rayos. Alistar las camas, hacer la gimnasia matutina, y cumplir con el aseo e inspección personal, es cuestión de una hora.

Para muchos es un cambio brusco, pues incluso los domingos hay que levantarse temprano. Sin embargo, un gran espíritu, entusiasmo y emoción parecen reinar en estos muchachos que apenas rebasan los 21 años. Dámaso es uno de los que nunca había tenido un fusil en sus manos.

«El susto fue muy grande porque no estábamos acostumbrados. Primero practicamos con balas de salva, y ahora los hacemos con municiones de combate», aseguró.

Jorge Martínez recién acaba de cumplir los 18 años y tenía en su mente que se dirigía a un lugar donde lo prepararían para, en cualquier momento, defender la Revolución. Él había tirado con diferentes fusiles pero con AKM, nunca. Fue una gran emoción haber tirado con un fusil nuevo y diferente, de mucha más potencia.

Confiesa que el paso de la vida civil a la militar, y en edad tan temprana, mediante este período de Preparación Básica y Servicio Militar, conlleva un cierto nivel de madurez en los muchachos.

«Venía más o menos preparado psicológicamente. Por eso cuando llegué lo encontré todo bien. Aquí las cosas suceden de manera más formal. Todo es mucho más serio», afirmó.

Para José Enrique Suárez, joven granmense de 19 años, vincularse a la vida militar no fue una decisión fácil, pero para ser alguien en la vida hay que arriesgarse y pasar trabajo.

«Una de las cosas que más me afecta es la lejanía porque echo de menos a mi familia. A veces me lleno de nostalgia. Pero pa’lante, que uno tiene que abrirse camino en la vida».

En la época en que el mayor Aldana pasó la Preparación Básica se dormía en hamacas en pleno monte, y los reclutas debían permanecer allí ocho semanas.

«Ahora están en ubicaciones permanentes, con todas las condiciones de vida creadas. Tienen colchones cómodos, taquillas para sus pertenencias y ropa de cama que se le cambia semanalmente. Evidentemente las condiciones de vida superaron las anteriores», enfatizó el oficial.

14 de febrero

A Félix, separarse de su novia y pasar este 14 de febrero tan lejos, le resultó algo muy difícil «Pa’qué contarte. La extraño muchísimo, aunque ella me dijo que me esperaría» afirmó.

Dámaso confiesa haberse «engorrionado» cuando pusieron la música. No fue solo él. Casi todos sintieron mucho estar lejos de sus seres queridos un 14 de febrero. A José Enrique también le afectó la distancia.

«Aquí coincidí con un amigo que nos conoce a mi novia y a mí. Él me dio un montón de consejos para que me animara porque todo pasaría en un pestañazo, y luego volveríamos a estar juntos. Eso más o menos me ayudó porque tenía el corazón oprimido».

Tiempo libre

Cierto es que para quien no está acostumbrado a la vida militar, el ajetreo del entrenamiento y las prácticas de tiro pueden llegar a convertirse en una pesadilla. En una ocasión Félix se cayó de la parte superior de la litera, porque estaba soñando con una guerra en la que tiraban un cañonazo y le caía al lado.

Mas, estas tensiones pueden disiparse dentro del programa de actividades semanales para los reclutas. Tienen previsto un día para música, cantos y juegos.

«Los domingos nos ponen música y nosotros mismos cantamos y animamos un poco. También hacemos equipos y nos entretenemos jugando dominó, ajedrez, pelota, fútbol...», aseguró el joven Félix.

Jorge formaba parte del colectivo de una base de campismo como técnico de recreación y ahora ha descubierto que la vida militar le gusta.

José Enrique aprovecha las tardes para hacer ejercicios y mantenerse en forma. También gusta del placer de comer. «La comida es realmente buena y las “tías” nos tratan de la mejor forma. No siempre me lleno, pero sé que eso será solo hasta que me acostumbre».

Mirando al futuro

Jorge se considera muy travieso, aunque en la unidad se ha portado bien porque no quiere mezclar lo civil con lo militar. «Aquí se corren muchos riesgos con el armamento si no se observan las medidas de seguridad. Casi te juegas la vida en un descuido», afirmó.

José Enrique se puso sumamente nervioso cuando fue a dar su primer parte en el cuartel. Pero después lo ha hecho con naturalidad y asegura que le gustaría ingresar a la escuela de cadetes. «Soy graduado de técnico medio en Informática y quisiera estudiar Telecomunicaciones por esta vía».

Así, como estos jóvenes, hay muchos en todo el país que están recibiendo la Preparación Básica para los Nuevos Soldados, y que una vez dentro de la vida militar se enamoran de ella.

Las historias de Jorge, Dámaso, Félix o José Enrique, pudieran ser la de cualquier joven cubano entre los 18 y 21 años. Ellos, como los de ayer y los de mañana, se preparan hoy para defender las conquistas de nuestra Revolución.

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