Un actuar subversivo y constante

Echando anclas en la tempestad

Autor:

Marianela Martín González

Aunque el mundo pinte feo, no es sabio dejarnos arrastrar por la incertidumbre. Esta Isla sigue pensando cómo reorganizar sus fuerzas, afincarse en lo mejor de sí y seguir adelante

Expandida como la sombra, la ceguera es otra de las pandemias que sufre nuestra especie. El Hombre ha dejado de verse a sí mismo; parece haber perdido la capacidad de unirse para enfrentar los daños causados por él. Solo un profundo cambio de su lógica hará posible sortear la crisis y hallar nuevos caminos que abran puertas a la salvación.

Parece ese un asunto de alta complejidad, pero en Cuba lo más natural del mundo es conversar en sobremesas de familia o en cualquier esquina, sobre el hilo de nuestras vidas. Aquí todos tenemos de médicos, abogados, meteorólogos y hasta de filósofos. Podemos desmenuzar cualquier asunto hasta la última partícula, como ese tan urgente de qué vamos a hacer para asumir los golpes de un aprieto global.

Aunque este diario pudo plantar el tema sobre cualquier mesa cubana, prefirió acudir a un espacio de lujo, de puro pensamiento, para regalar a los lectores algunas reflexiones sobre esta encrucijada. En el Instituto de Filosofía en la capital, nos recibieron la Doctora Concepción Nieves Ayús, directora del centro, y dos investigadores: el Doctor Gilberto Valdés Gutiérrez, y el Doctor Orlando Cruz Capote.

Las siguientes líneas son fruto de una conversación sumergida en lo que debemos y podemos emprender para arrostrar las adversidades de una tempestad que azota a todos.

—¿Cómo enfocar, desde Cuba, la crisis global del capitalismo?

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Comparto la idea de que no existe una sola crisis. Son varias. Se trata de una crisis global —y si vamos a ser consecuentes con el marxismo y la dialéctica—, estamos hablando de algo inherente al capitalismo como sistema social.

«Al vivir en un mundo globalizado, donde todo se interconecta, ese trance que acompaña al sistema social capitalista se extiende al mundo. Sabemos que esta etapa ha emergido con fuerza desde finales del año 2007, y no solo apunta a la cuestión financiera, sino también a la naturaleza.

«Sufrimos crisis ecológica, y sin dudas una de las más tormentosas por las cuales atraviesa la humanidad. Hay crisis de alimentos, de agua; hay una crisis social y hasta ideológica. Son realidades que naturalmente tienen su impacto en la sociedad cubana, y que se suman a nuestras contradicciones internas.

«Si reunimos todos esos elementos, podemos coincidir en que estamos transitando por un dilema civilizatorio. ¿Y qué hacer? ¿Lo vamos a enfrentar solos? Hay que buscar respuestas, y no debemos pensar, como lúcidamente ha expresado el sociólogo belga Francois Houtart, que la salida a este apuro consiste en un reordenamiento del sistema capitalista. Se impone una transformación, un cambio profundo que no pasa por una sola respuesta».

—Cuando cayó el muro de Berlín estaba en boga la filosofía del fin de la Historia. ¿Qué dirán ahora quienes vaticinaron ese desenlace?

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Lo que plantea la crisis actual son los límites del capitalismo como sistema, como lógica que el mundo no puede sostener. Este es un fin de la Historia pero no como lo planteó el politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, porque él hablaba del fin para las fuerzas revolucionarias, pero vivimos un sistema de dominación que la humanidad no aguanta, por como concibe sus relaciones económicas y sociales, porque en la Tierra los recursos están en manos de un por ciento de la población que es el minoritario, porque hay prácticamente una guerra declarada por la escasez de alimentos.

«La globalización neoliberal restringe el acceso de los países más pobres y menos desarrollados al uso de esos recursos, y las contradicciones se hacen insalvables».

—Doctor Orlando Cruz Capote: «Fukuyama tenía una mirada ideologizante. Para él el fin de la Historia era el triunfo del neoliberalismo occidental. Aparecieron otras teorías. El norteamericano Samuel Huntington, por ejemplo, enfocaba la ideología diciendo que a partir de los años 90 del siglo XX lo que se producía era un choque de civilizaciones. Él mencionaba como ocho tipos de ellas.

«Fueron proposiciones que tuvieron un impacto inicial, pero negadas en breve por los hechos: ni el sujeto histórico ni los cambios sociales habían desaparecido. Se produjo la Revolución Bolivariana. Comenzaron a producirse los foros sociales en América Latina, y se acrecentaron los movimientos sociales. En menos de diez años lo que Fukuyama y otros habían planteado perdió sustento».

—¿Acaso la Isla tiene sobre sí una suerte de fatalidad inamovible si de enfrentar continuas crisis se trata?

—Doctor Orlando Cruz Capote: «Plantearse que Cuba tiene un destino fatal sería algo así como volver al mito del fatalismo geográfico. Somos un archipiélago demográficamente limitado, con pocos recursos, sobre el cual gravitan 500 años de haber sido colonia y neocolonia. A eso, sumemos una situación geográfica particular: a la entrada del Golfo de México, y a 90 millas de Estados Unidos, nación que desde finales del siglo XIX se convirtiera en la primera potencia imperialista del mundo y disputara, geopolíticamente, toda América Latina a las potencias europeas.

«Durante mucho tiempo imperó el mito de que aquí no podía triunfar un movimiento revolucionario hasta tanto eso no sucediera en el país del Norte. La Revolución de 1959 rompió con eso, y por supuesto, con el fatalismo geográfico. De modo que no veo destino fatal en nosotros, sino una ubicación física de la cual es imposible mudarse y ante la cual debemos seguir produciendo una cultura de la resistencia.

«Tenemos que vivir en este mundo que es un océano de capitalismo. Y hacerlo contra viento y marea; construyendo nuestro sistema político contrahegemónico».

—Doctor Gilberto Valdés Gutiérrez: «Creo que es un desafío histórico de la nación cubana ese de estar siempre en lucha, primero contra el poder colonial, luego contra las deformaciones de la seudorrepública, y después, por la permanencia de la Revolución. Habrá que seguir. Y alternativas hay. La nuestra es la de resistencia, la lucha, y la creación.

«Estamos hablando, como decía la Doctora Concepción, de una crisis que va más allá de lo económico, lo financiero. Es un problema de civilización, y se están mostrando los límites teóricos e históricos de este sistema que es el capitalismo.

«Hay una categoría que nos parece importante socializar, y es la de sistema de dominación múltiple. Atravesamos una etapa del capitalismo que no es la misma que vio Marx en el siglo XIX, ni la que vio Lenin cuando el inicio del imperialismo. Vivimos un capitalismo monopolista transnacional. Son empresas de producción mundial. Es un gran sistema de dominio interrelacionado.

«Hay formas de explotación y exclusión, algunas ancestrales. Otras se han sumado y es preciso estudiarlas para ver con qué estrategias el movimiento revolucionario podrá enfrentarlas. Son formas de exclusión de contenido neoliberal, por cuenta de las cuales millones de personas han sido expulsadas de la producción, y por tanto del mercado y de la política, para convertirse en ciudadanos de segunda y tercera categoría.

«También hay que estudiar cómo se da hoy la opresión política en el marco del capitalismo, y unido a ello, cómo se produce la discriminación identitaria sociocultural: es decir, la discriminación de género, de razas, de opciones sexuales.

«A todo lo anterior debemos sumar la enajenación mediática. No por gusto la mayor concentración de capital se da hoy en los medios, y hay una densidad de enajenación en esos espacios que estamos llamados a enfrentar de manera creativa e inteligente.

«Finalmente —lo cual no es un detalle adicional— estamos sufriendo una crisis medioambiental. En época de Marx la naturaleza no estaba capitalizada al grado que lo está hoy, de ahí la insistencia de Fidel, desde hace muchos años, en el tema de los límites que pone el capitalismo al medio ambiente.

«Pero el capitalismo no va a destruirse por sí solo. Pensar así es erróneo. La única salida que tiene el modo de producción capitalista es salir de sí mismo. Y no se trata de un discurso radical externo, sino de ser radical como decía Martí: yendo a las raíces. Tenemos que construir alternativas políticas. Cuba es una entre tantas. Tenemos que seguir apostando a los cambios que se están produciendo en el hemisferio, sin perder de vista que hace falta ir más allá de la lógica del capital.

«Ese es a mi juicio el desafío más grande que tenemos: cómo superar —no darle un rodeo— la lógica política, económica, social, cultural, simbólica del capital hoy; cómo apostar cada vez más por formas de producción y reproducción que tengan como centro la vida y no la ganancia. Y hablo de rodeos que suelen ser trampas para proyectos alternativos que no son lo suficientemente radicales y terminan dentro de esa lógica productiva y cultural del capitalismo».

—¿Las alternativas, sistemas otros de concebir la existencia, serían la solución, o podría haber caminos dentro del propio capitalismo?

—Doctor Gilberto Valdés Gutiérrez: «Si vamos a la herencia del pensamiento marxista, sí creo que hay células dentro de la propia formación capitalista que apuntan, adelantan, la posibilidad de ruptura y superación, pero si uno apuesta exclusivamente a la evolución del sistema, habrá capitalismo por los siglos de los siglos, y lo que no habrá será humanidad ni planeta Tierra.

«Por eso yo hablaba de apostar por una ruptura que viene desde dentro, de los actores y sujetos sociales que son víctimas de este sistema de dominio, que están identificándose cada vez más, articulando, traduciendo las demandas emancipatorias y libertarias que tienen unos y otros, y apostando por puntos estratégicos comunes.

«Es difícil conciliar todas las fuerzas, pues hay muchas demandas y luchas, pero hay que buscar el centro de gravedad político en un país, en la región, en un momento determinado, y caminar en esa dirección».

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Lo que está ocurriendo en los momentos actuales es que los cambios se generan en la periferia, en los bordes, no necesariamente en los países desarrollados, pero lo que distingue al presente es que la lucha de clases, lejos de extinguirse como algunos pensaron, se intensifica, solo que sus modos de manifestarse son diferentes de los de los siglos XIX y XX, pues hoy América Latina es un hervidero, y se enfrenta por múltiples vías a la lógica del capital.

«No se puede pensar que las cosas cambiarán de un día para otro, pues el desafío cultural es enorme. Las revoluciones no se hacen sin los pueblos, y a los pueblos hay que educarlos y atraerlos hacia esos movimientos. La plataforma está: son las contradicciones en que vivimos».

—A veces el pasado vuelve...

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Honduras es expresión de ese pasado que vuelve, de esa lucha de clases, de esa lucha entre un Norte y un Sur. Es una cara de la crisis por el dominio de los recursos. Y volvemos a la idea de que los límites están en la naturaleza y en cómo se han maldistribuido las riquezas en el planeta.

«Es importante esa mirada al mundo en que vivimos. Y pienso que no podemos pensar que irremisiblemente seremos arrastrados por la crisis. Debemos plantearnos soluciones en determinadas coyunturas, de hecho nos estamos planteando cosas».

—Doctor Orlando Cruz Capote: «Aquí se ha dicho: “Nuestro destino es resistir”. La mirada del cubano es muy crítica hacia su forma de nación que es una utopía permanente, algo que puede seguirse perfeccionando. Para nosotros la Revolución es un acto subversivo y constante.

«¿Cómo es posible que una Isla con las características nuestras haya podido resistir el derrumbe del Muro de Berlín? ¿Sobre qué bases? Bueno, había un desarrollo que era no solo en lo económico sino también, y sobre todo, en la conciencia.

«Esta ha sido la creatividad, la lucha, la resistencia del pueblo cubano. No ha sido una resistencia pasiva. Hemos vivido con muchas limitaciones, entre otras cosas, por haber sido el primer y único país socialista, durante casi 50 años, en la mirilla. Ahora tenemos alianzas, y otros tipos de reconocimientos. Ahora tenemos un contexto más favorable, por lo tanto los impactos serán diferentes».

—En Cuba, ¿qué fortalecer y contra qué seguir batallando en un momento como este?

—Doctor Orlando Cruz Capote: «Siempre las tradiciones históricas y culturales han sido una fortaleza para Cuba. Eso nos sirvió en los 90 para enfrentar los embates. Tenemos pensadores claves. Estamos hablando de José de la Luz y Caballero, de Varela, de José Martí, Mella, Villena, Guiteras, Pablo de la Torriente, la Generación del Centenario. Y los que después continuaron defendiendo la Revolución, hasta nuestros días.

«Hay ahí una gran fortaleza que se une a las conquistas sociales alcanzadas por el socialismo en este país. Ahora bien, ¿qué debemos garantizar también?: mayor participación popular. Eso es importantísimo no solo a nivel de convocatoria, de movilizaciones, de una organización dada, sino de tomas de decisiones frente a algunos de los problemas vitales, quizá con énfasis en los pequeños escenarios, allí donde la gente demuestra tener una capacidad increíble para encontrar respuestas».

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Tenemos una historia que nos respalda muchísimo en lo que estamos haciendo, en lo que está por venir. Pero la historia no es algo dado sino algo que se construye de manera permanente, y tenemos que continuarla.

«¿Qué vamos a hacer en este mundo con crisis múltiples? Si somos consecuentes con nuestro pensamiento estratégico que se apoya en las ideas marxistas y también en el ideario revolucionario cubano, debemos pensar en una premisa que Raúl ha expresado en sus discursos: no podemos vivir más allá de lo que producimos, es decir, tenemos que producir para poder desarrollarnos, y eso es algo a lo que hay que prestar atención especial, porque tiene que ver con los recursos con que contamos para poder vivir y desarrollarnos y construir esa sociedad que queremos.

«Debemos avanzar de manera independiente. Eso es muy difícil en un mundo globalizado, pero estamos precisados a crear nuestras propias armas para crear una plataforma económica que nos permita una seguridad en este mundo incierto.

«La economía, sin embargo, no lo es todo. A mi juicio hay otros dos elementos que merecen atención. Uno lo mencionaban ustedes: la participación. Hay medidas que adoptar, pero si se dictan y no se construyen colectivamente, nos estaremos alejando de la esencialidad del sistema socialista que queremos construir.

«Hablo de participación como un suceso que está lleno de contradicciones, de flujos y reflujos. No podemos pensar que todo el mundo estará de acuerdo. La participación es lucha.

«Y lo otro fundamental es la ética. En momentos de crisis acecha el “sálvese quien pueda”. Ahora no estamos en los 90, cuando comenzaban las desigualdades, vivíamos en una sociedad bastante homogénea y las contradicciones emergían. Hoy es evidente la polarización, y lo que hace este sistema revolucionario, con sus medidas, es enfrentar las desigualdades, proteger a los grupos más desvalidos.

«Tenemos que crear equilibrios internos que nos permitan seguir adelante con ética. Aquí, en momentos difíciles, lo que ha distinguido a esta sociedad es la solidaridad familiar, la del barrio, y eso nosotros no podemos perderlo, pues es lo que nos distingue del otro sistema, allí donde el Hombre es el lobo del Hombre».

—Doctor Gilberto Valdés Gutiérrez: «Estamos apostando por una participación política responsable, que no significa atomización de la sociedad sino todo lo contrario: articulación de esa gran diversidad de puntos de vista en el entendido de lo que decía Martí: que la libertad vive del respeto, y la razón se nutre en la controversia.

«Esa controversia creativa, responsable, es vital en todos los ámbitos de la sociedad, y también en el plano ético. Los valores se dan y reproducen en nuestra práctica, en la familia, el trabajo, la escuela, en toda nuestra cotidianidad.

«En cuanto a las fuerzas que debemos enfrentar, pienso que una es la falta de sensibilidad; es ese discurso, revolucionario entre comillas, que no nace de la espiritualidad de los seres humanos. Y eso es cardinal, porque los revolucionarios tenemos que reconstruir el consenso en nuestro país, y podremos salir de la crisis económica pero también es crucial salir fortalecidos desde el punto de vista humanista, ideológico, para lo cual resulta imprescindible cultivar la sensibilidad, y la ética».

—¿La naturaleza del ser humano dará oportunidad para que podamos hacer el cambio profundo que el planeta necesita?

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «Recordemos la idea de Fidel de que hay que creer en lo mejor de nuestra especie. Desde tiempos lejanos el Hombre ha sido dibujado por muchos pensadores como un ser depredador, egoísta. ¿En qué está asentada la lógica del capitalismo y el sistema neoliberal? En que yo defiendo lo mío, la propiedad privada. Es una mirada muy antigua que debe ser repensada para que las personas, cuando haya una propiedad colectiva, no se sientan ajenas de esta.

«Está demostrado que cuando lo colectivo se siente como propio porque antes se participó en su construcción, el Hombre actúa de otra manera. No estamos obligados a ser egoístas. Hay expresiones y muchos ejemplos en la historia que hablan de nuestra capacidad de altruismo. Cuando alguien se lanza a luchar por los demás, eso significa que la naturaleza humana no es fatalmente egoísta.

«Es innegable que en momentos de crisis se dan los ejemplos de gente que acapara sin pensar en los otros, que no le dan la mano al que está en apuros. Son expresiones de egoísmo, de individualismo, pero creo que la cultura que nosotros hemos ido desarrollando en esta nación nos dice que es posible creer en lo mejor».

—Doctor Orlando Cruz Capote: «Esa es una vieja disputa filosófica que rebasa los marcos de la filosofía y cae en la discusión cotidiana. ¿El ser humano es bueno o es malo? En el caso de Cuba y de América Latina, somos hijos de la modernidad, suceso que surge por la acumulación originaria del capital.

«Esa modernidad también tuvo ideas importantes. Ahí está la Revolución francesa con sus ideas de libertad, igualdad y fraternidad. La burguesía las enarboló, y después les cogió miedo y las traicionó, pero son ideas válidas. Cuando recorremos los derechos humanos universales, hay aspectos válidos que han sido manipulados, tergiversados, adaptados a las nuevas condicionantes del liberalismo burgués. Es, por tanto, un humanismo abstracto que quedará siempre en esa zona donde nada se concreta.

«Aquí hay un problema fundamental. En estos siglos, desde el XIX para acá, con la primera, la segunda y tercera revoluciones científico-técnicas, la racionalidad se ha puesto en función de una base tecnológica enorme, pero falta una ingeniería humanista.

«Hablo de la modernidad, porque en América Latina quedó algo que está pendiente como asignatura para casi todos: somos hijos de una colonialidad desde el poder, y eso crea una mirada cuyo cambio es muy difícil de producir.

«Entonces, podremos alcanzar victorias económicas, pero correr el riesgo de no tener la espiritualidad suficiente para construir el socialismo, la cual pasa por una educación que va desde la familia, el barrio, la comunidad, la escuela, el centro de trabajo, y los medios de comunicación.

«Y todo eso, hacerlo sabiendo que la humanidad se pasa la vida sentada frente al televisor, porque este es el mundo de la imagen, y se crean gustos, seudogustos, antigustos, y hasta deseos que son incontrolables. Se ven conflictos bélicos en tiempo real, como si fueran películas, y los espectadores se insensibilizan y piensan: “las bombas inteligentes no me cayeron encima”, mientras familias enteras han sido destruidas».

—Doctor Gilberto Valdés Gutiérrez: «Estamos hablando de crisis de lo que caracterizamos como una civilización excluyente, patriarcal, depredadora y discriminatoria. Frente a esa civilización hay múltiples formas y prácticas alternativas que debemos hacer más visibles. Ese es el desafío que tenemos hoy desde los medios de comunicación, y desde los estudios sociales».

—Doctora Concepción Nieves Ayús: «La sociedad cubana no puede desconocer que en el siglo XXI resurge con mucha fuerza la idea del socialismo en pueblos como Venezuela. Y la sociedad nuestra, que desde 1959 ha vivido un proceso de construcción de ese socialismo, no puede estar al margen de esos movimientos que están desarrollándose en el siglo XXI.

«No podemos pensar que lo que hicimos en la década de los 60, 70 y los 80 del siglo XX, sea lo que continuaremos haciendo, porque vivimos en un mundo que también nos da lecciones. Venezuela y América Latina nos dan lecciones. Y nosotros a ellos.

«Debemos ser capaces de asimilar lo asimilable para nuestra realidad particular. No podemos caer en el pecado de una absorción acrítica, mimética, de otros modelos. Tenemos que pasarlo todo por el filtro de la cubanía y ser capaces de estar constantemente abiertos al análisis crítico de lo que emprendemos por el socialismo. Si somos capaces de hacer eso, nos mantendremos vivos».

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