Los restos de Almeida reposarán desde este martes en el Mausoleo a los Héroes y Mártires del III Frente Oriental

Con su jefe al frente, la loma de La Esperanza seguirá empinándose hacia la historia, como savia y oxígeno del futuro

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

CRUCE DE LOS BAÑOS, Santiago de Cuba.— Y La Esperanza tuvo al fin su premio. La altura del potrero con ese nombre entró desde 1957 en la historia a favor de la libertad y el bienestar de la montaña.

En una noche de ese año, un grupo de trabajadores encabezados por Rey Cabrera, Rolando Milanés y Henry Sarmientos (médico y director de la columna) subieron por el río, cortaron un palo de guásima del potrero y plantaron en la altura la bandera que caracterizaba al Movimiento 26 de Julio.

La bandera estuvo izada alrededor de dos horas después que amaneció, y aunque un delator de la tiranía fue rápidamente a bajarla, desde entonces fue evidente que en este lugar ya se simpatizaba con la lucha por una Cuba mejor.

En esta altura también ondeó la bandera del 26 de Julio durante el período de la ofensiva final, mostrando que el territorio estaba libre de la tiranía.

Después de conquistada la victoria, La Esperanza tuvo al fin su premio. En honor a la acción revolucionaria de aquel grupo de valerosos hombres y de otros que llegaron después a las serranías de Matías, La Lata, Cruce… para llevar la libertad desde los alrededores de Bayamo y Guisa hasta la Bahía de Santiago de Cuba, se construyó allí, en 1983, un monumento dedicado a perpetuar la memoria de aquellos días.

Años más tarde, en ocasión del aniversario 40 de la Constitución del III Frente Oriental, en 1998 y tras una remodelación, aquel monumento se convirtió en el Mausoleo a los Héroes y Mártires del III Frente Oriental Doctor Mario Muñoz Monroy, con el objetivo de que en él se atesoren para el futuro los restos de los combatientes de esa importante zona guerrillera.

Tributo a la hazaña

El Mausoleo otea desde la altura el devenir del poblado de Cruce de los Baños, la consumación de la obra por la que entregaron su vida aquellos hombres.

Presidido por una escultura que muestra las características propias de los combatientes: su vestimenta, la forma de enfrentarse al enemigo, de combatirlo, y la solidaridad que los distinguía en el modo de ayudarse unos a otros al ser heridos.

Allí también se levantan dos conjuntos de palmas, que representan al Comandante Almeida y los miembros de su guerrilla, y la llama eterna, símbolo de la permanencia del ejemplo de estos combatientes y sus ideales.

Está compuesto por 217 nichos, incluyendo la bóveda principal ubicada en la parte superior, y donde por disposición del propio Comandante Juan Almeida serán depositados, desde este martes día 15, sus restos.

El primer bloque de nichos representado con el color crema, está destinado a los combatientes caídos antes de la constitución del Frente y reciben el nombre de Escopeteros.

A continuación se ubica un grupo de nichos de color orquídea, donde reposan los restos de los 16 combatientes caídos en batallas. También con este color se identifican los nichos de los caídos en diferentes acciones de guerra, tales como: ataques a cuarteles, combates, emboscadas y otros hechos llevados a cabo en este período.

El color gris identifica el bloque de los nichos de los combatientes que fundaron el III Frente Oriental: los 55 hombres y dos mujeres que salieron desde Pata de la Mesa hasta Puerto Arturo, cerca de San Lorenzo de Céspedes, adonde, cansados pero convencidos, llegaron el 6 de marzo de 1958 para inaugurar el III Frente Oriental Guerrillero Doctor Mario Muñoz Monroy.

Identificado con el color rojo, otro bloque de nichos se destina a atesorar los restos de los 16 combatientes que fueron de la columna de Almeida y posteriormente murieron en otras acciones.

Actualmente se encuentran depositados en el Mausoleo Doctor Mario Muñoz los restos mortales de 40 combatientes del frente guerrillero, caídos en diferentes acciones antes y después del triunfo revolucionario, y también las víctimas del sabotaje al avión de Cubana de Aviación en Barbados, de la localidad.

En la distancia, desde el poblado cabecera del serrano municipio, se observa la punta de una estrella confeccionada con plantas de acalifa roja, símbolo de la sangre derramada por los combatientes que trajeron la luz de la libertad y el progreso a estas olvidadas serranías.

Desde este martes, con su jefe al frente, la loma de La Esperanza seguirá empinándose hacia la historia, como savia y oxígeno del futuro.

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