Extreman medidas en escuelas cubanas para prevenir contagios con el virus A (H1N1)

En todos los centros docentes se profundiza en la educación para la salud, actitudes básicas para prevenir a estudiantes y profesores de un posible contagio con el virus A (H1N1) y otras enfermedades transmisibles

Autores:

Dora Pérez Sáez
Margarita Barrios

«Hace unos días vino una mamá con su niña y un termómetro. La muchachita tenía un poco de fiebre y la madre pretendía que la maestra la chequeara cada cierto tiempo. Nosotros le dijimos que no podía dejarla. Lo importante es que se acuda al médico para que se realice el diagnóstico ante síntomas como esos».

Luisa Aleida Carones Rodríguez, subdirectora administrativa de la escuela primaria Ejército Rebelde, del capitalino municipio de Plaza de la Revolución, afirmó que en el centro no aceptan a nadie —ni alumno, ni maestro— con algún síntoma que indique la presencia de una enfermedad.

«No admitimos a los muchachos si tienen los ojos un poco enrojecidos. Cuando han tenido conjuntivitis les hemos dicho: “son siete días, no pueden venir antes”. Y para incorporarse deben presentar el alta médica. Tampoco ningún profesor puede dar clases en esas condiciones. Si el aula se queda sin maestro, el resto del colectivo asume esa responsabilidad».

—¿Cuáles son las medidas preventivas que han tomado?

—Fundamentalmente garantizar la higiene. No tenemos todo el personal de limpieza necesario, por lo tanto los maestros la realizan, con la colaboración de los padres.

«El centro tiene áreas exteriores grandes, las mantenemos chapeadas, y constantemente cuidamos de que los niños no tiren laticas, ni papeles, ni otros objetos que puedan acumular agua y provoque criadero de mosquitos».

—¿Cuentan con todos los recursos para conservar la higiene?

—Tenemos detergente y agua directa de la calle todo el día, y también una cisterna. En el comedor se friegan bien las bandejas y los cubiertos. No obstante, los estudiantes y los maestros tienen los utensilios separados.

«Además cuidamos la higiene de los baños y de los bebederos. El municipio de educación nos dio jabones para lavarles las manos a los alumnos antes de ir a merendar y almorzar. Y tenemos a favor que nuestras aulas son amplias, con buena ventilación».

Los pioneros de Ejército Rebelde están claros de lo que deben hacer. En los murales están los mensajes de salud, pero sobre todo el consejo oportuno, el cuidado y la insistencia de todos los maestros.

«Nos han hablado de que debemos lavarnos las manos constantemente, no prestar utensilios personales como el tenedor, cuchara, vaso o la toalla», afirma Laura Marín Rodríguez, alumna de sexto grado.

«Y taparnos la boca al estornudar con el ángulo del codo —acota su compañera de aula Amanda Manso Dueñas—. Además, cuando hacemos recogida de basura por los alrededores de la escuela, o cuando se acaba el receso o vamos a almorzar, nos lavamos las manos, para eso nos dieron un jabón».

El centro tiene 228 estudiantes que cursan desde prescolar hasta sexto grado. El trabajo educativo, según refiere Luisa Aleida, se extiende también a los padres.

«Esta persistencia por la higiene no es solo debido a la influenza. El maestro siempre se ha ocupado de eso, es normal exigir que los alumnos estén limpios, que no recojan cosas del suelo…, formar hábitos en el niño es una labor permanente de la escuela».

La misión de Lourdes Torres, maestra de primer grado, no es nada sencilla, pues sus 20 niños son muy pequeños y aún están aprendiendo a leer. Por ello, enseñarles cómo protegerse le lleva más tiempo y dedicación.

«En la clase siempre les hablamos del tema. Como solo tienen cinco o seis años, no empleo el término de influenza ni A (H1N1). Solo digo que es un catarro muy fuerte, que da mucha fiebre, que las personas que lo sufren se sienten muy mal y que por eso debemos cuidarnos, no tirarnos en el piso y lavarnos las manos antes de comer».

La clave es la prontitud

No fue pequeño el susto que se llevó Wendy Martínez cuando se enteró que su padrastro estaba hospitalizado con la Influenza A (H1N1). No se perdió un minuto. Con los primeros síntomas: fiebre alta, dolor de cabeza y en las articulaciones, acudió el hospital.

«Cuando el resultado de la prueba dio positivo, enseguida comenzaron a darnos los medicamentos. Ahora ya está de alta, gracias a que actuamos rápido».

Para la adolescente, estudiante de noveno grado de la secundaria básica Camilo Cienfuegos, la experiencia vivida, más que atemorizarla, le permitió comprobar la utilidad de lo que sus «profes» le inculcan en la escuela.

Sus compañeras Daniela Martínez y Camila Pérez refirieron poner en práctica las medidas de seguridad aprendidas, no solo allí, sino en sus casas o al salir con los amigos. Aunque es difícil no saludar con el tradicional beso y evitar estar en aglomeraciones, la percepción de riesgo está latente y las ha llevado a ser especialmente cuidadosas en acciones comunes como lavarse las manos antes de comer.

Según explicó a este diario la profesora Yolanda Pérez, diariamente se chequea a los muchachos aula por aula, en busca de algún posible síntoma.

«Asimismo, les insistimos constantemente en la necesidad de mantener la higiene, porque en esta etapa de la adolescencia ellos suelen ser bastante rebeldes y no le dan importancia a esas cosas.

«Nos hemos convertido en multiplicadores de todo lo que se divulga por la prensa. Creo que por todo eso solo hemos tenido algunos muchachos con catarro, conjuntivitis, prácticamente lo que habitualmente se padece en esta etapa, pero nada alarmante».

Como el espacio para el matutino suele resultar pequeño para 394 alumnos, la escuela recibió la orientación de suspender dichos actos. Para Miguel Ángel de la Torre Delgado, profesor de noveno grado, la medida ha sido muy acertada.

«Ahora dedicamos esos minutos a reflexionar y debatir con ellos dentro del aula, en un espacio más íntimo y eficaz. No podemos cansarnos de hablar con ellos, ni tampoco con sus padres.

«Estamos en una especie de campaña para que cada uno traiga su vaso, que no se pidan agua entre ellos. La higiene debe ser más profunda: no solo lavarse las manos, sino enjabonarse casi hasta el hombro», afirma Miguel Ángel.

Que la higiene se multiplique

En una reciente transmisión televisiva de la Mesa Redonda Informativa, la doctora Irene Rivero, viceministra del Ministerio de Educación, informó que ese organismo y el de Educación Superior priorizan la enseñanza de hábitos sanitarios entre sus más de dos millones de alumnos.

En los 12 000 centros educacionales que existen en el país se promueve el autocuidado, la responsabilidad y la disciplina como actitudes preventivas.

La funcionaria explicó que es necesario mantener la sistematicidad en las labores de higienización de cada centro, y llamó a la cooperación de los padres para evitar que los niños con síntomas respiratorios, fiebre o conjuntivitis asistan a clases.

«En los círculos infantiles —precisó— donde tenemos alrededor de 130 000 niños, es vital la limpieza, la higiene, la enseñanza que sus educadoras puedan dar a los pequeños, y velar a la vez porque no se enfermen y, si se enferman, que sean atendidos oportunamente, en estrecha colaboración con el personal de salud y los padres.

«Los maestros deben convertirse en promotores mucho más efectivos de la salud, con lo cual no se agrega contenido de trabajo, sino que se refuerza el aspecto educativo de cada uno de ellos.

«El MINED debe preocuparse también porque sus trabajadores, los alumnos y los familiares de estos, tengan conocimiento acerca de las medidas sanitarias fundamentales del país, para que los centros nuestros se mantengan libres de suciedad, basura, escombros, malos olores, papeles en el piso, dentro y fuera de los planteles».

La viceministra señaló que una tarea priorizada del MINED es velar por la salud de los 41 000 alumnos de las Escuelas Especiales, así como de los 10 000 niños con necesidades educacionales especiales, quienes son atendidos en sus respectivas comunidades.

«Si suspendemos la asistencia a clases de un niño por encontrarse enfermo de alguna afección contagiosa, estamos protegiendo la salud de sus compañeros y así evitamos que se generalice una enfermedad.

«Y llamaremos con énfasis a la comunidad donde están enclavadas nuestras escuelas, para que los vecinos, los cederistas, cooperen en la higiene de los espacios que rodean nuestras instalaciones, donde conviven diariamente un tiempo y estudian nuestros alumnos».

La funcionaria refirió que se ha establecido un sistema en virtud del cual las ausencias por enfermedad de un estudiante, no influyen en su evaluación escolar. «Y debemos lograr disciplina en el cumplimiento de las medidas orientadas, para que llegue la información rápida a la familia de un alumno al que le detectemos una enfermedad, y sea atendido con prontitud».

Fueron tomados fragmentos del Tabloide Especial Pandemias en expansión.

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