El mensaje que aún no llega

Especialistas, comunicadores y periodistas de Cuba y otros países ponen a debate las buenas intenciones, pero también el talón de Aquiles de los mensajes públicos en torno al VIH

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Mayte María Jiménez

Una inesperada conversación entre un hombre y su órgano reproductor, la supervivencia de un pez gracias al confort de un preservativo, o el despertar de dos parejas homosexuales una mañana cualquiera, son algunas situaciones que, desde la imaginación, pueden llevar a la mente un picaresco, pero reflexivo mensaje de prevención acerca del VIH.

Esta mezcla de identidades culturales, cotidianidades y sobre todo sentido humano pueden lograr una aproximación al más heterogéneo público, con un pensamiento capaz de hacer recapacitar a todos sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana.

Sin embargo, a las puertas de una era más informatizada, la realidad golpea con un pasaje de desinformaciones, discriminaciones sociales y violencia, en torno a la pandemia del siglo XX.

Más allá de la responsabilidad de cada persona, las políticas de estado, o la voluntad individual, está en manos de los medios de comunicación el lograr, desde la cultura, una percepción de riesgo en pos de la educación preventiva.

Desde que, en el año 1985, en Cuba se diagnosticó el primer caso de VIH/sida, en el país se han infestado más de 11 600 personas. De ahí que haya que pensar cada vez más los spots, los pósteres, imágenes, mensajes, a través de historias de vida que identifiquen, en su diversidad e identidades sexuales, al público con los contenidos.

A partir de estas interrogantes se debatió en el Taller Latinoamericano y Caribeño SIDACULT, que sesionó la pasada semana en la capital, donde especialistas y comunicadores intercambiaron experiencias en torno a la mejor manera de comunicar sobre VIH y crear campañas más efectivas.

Desde la cultura llega el cambio

«En cuanto al sida hace falta un cambio cultural, y eso se logra con un proceso que involucre a todos y donde, al informar, estemos identificados con lo que transmitimos y sabiendo de quien estamos hablando», es la reflexión que propuso Horacio Knaeber, periodista uruguayo.

Este colega señaló que lo primero en los mensajes sería entender la información, llevar el lenguaje técnico a lo coloquial, y cuidar el empleo de los datos y las cifras.

Los realizadores señalaron que a veces las campañas no incluyen elementos característicos de cada región, como el machismo, la doble moral ante la homofobia, o el aumento de prácticas homosexuales en varones que no se reconocen como tal y por eso se pierden los públicos.

Tal ejemplo lo evidencia una producción de la Televisión Serrana, con la que se mostró cómo las campañas nacionales a veces son muy generalizadoras y representan solo la vida urbana, y la población rural cree que a ellos no les va a tocar.

Generalmente se apela más a la televisión para la emisión de mensajes y carteles, y se desestima una importante vía de prevención desde la educación popular, directamente desde las comunidades, o se satura a los medios y a su público.

Desde Francia, el comunicador Antonio Ugido señaló que la prevención debe ayudar a las personas a tomar decisiones, formar multiplicadores en la sociedad, que lleven el mensaje de salud mediante métodos participativos como teatro interactivo, concursos. «Hay que apelar a los sentimientos, seguir hablando de amor, del enamoramiento, de la vida afectiva de pareja pues ella continúa… el VIH no es el fin».

Raúl Fuillerat, psicólogo y director de un programa comunitario en la emisora Habana Radio, en La Habana Vieja, donde comparte reflexiones y vivencias con sus oyentes, explicó que para llevar los mensajes de prevención de salud, es necesario partir de la cultura de la gente y no de sus prejuicios, «como una puerta para hablar con la comunidad y sus problemáticas».

Isabel Moya, directora de la Editora de la Mujer, refirió que el periodismo debe por tanto ser el espacio para que la sociedad se problematice a sí misma, «la información no cambia por sí sola».

En ello coincide Magda Resik, directora de la emisora Habana Radio, al destacar que en Cuba el periodista no se queda en la «Torre de Marfil», sino que se vincula con sus públicos.

Una experiencia interesante resultó la campaña universitaria sobre diversidad sexual, desarrollada por el CENESEX, donde se tomó como punto de partida las expresiones con las que la juventud se da a conocer y sus identidades, desde la imagen, la música, la estética y las expresiones verbales.

Comunicación implica compromiso

En el mundo se estima que actualmente cerca del 50 por ciento del contagio se produce por relaciones heterosexuales, lo cual indica que a esos grupos las campañas o mensajes, no llegan totalmente, o no se están priorizando desde las grandes estrategias comunicativas.

Roberto Gálvez, representante residente adjunto del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, refirió la necesidad de sistematizar las lecciones aprendidas con un enfoque sociocultural, no desde la ciencia o la epidemiología, sino desde la cultura y las realidades de quienes tienen VIH.

Manuel Hernández, especialista del Centro Nacional de Prevención de ITS/VIH/sida, explicó que ha existido un desplazamiento histórico desde el inicio de las campañas, donde se transitó de lo factual a lo conductual, de lo cientificista hasta el enfoque sociocultural.

Con relación a la campaña, Mariela Castro, directora del CENESEX, señaló que se hace mayor énfasis en las campañas por el Día Internacional contra la Homofobia, y la lucha contra el VIH/sida, como parte de una estrategia nacional educativa, durante todo el año, para promover el respeto a la libre orientación sexual y la identidad de género.

Explicó que en Cuba la sexualidad se ha trabajado desde la cultura, pues el propósito ha sido cambiar la percepción y el conocimiento de la sexualidad a través de la educación. Para ello se realizan actividades educativas, «pero la campaña nos permite visualizar en los medios masivos la educación sexual, de tal manera que ayudemos a la población cubana a reflexionar sobre estas realidades.

«Hay que evitar la ruptura entre un proceso educativo, que parte de investigaciones avaladas científicamente, y las decisiones que se toman a un nivel macrosocial».

Ante una población cada vez más conocedora de la educación sexual, con identidades sexuales y culturales diversas, es necesario repensar las estrategias de comunicación, para adecuarlas a sus públicos, y ser parte de sus vivencias, desde el respeto y, sobre todo, desde el amor.

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