Cuba presenta excelentes indicadores de salud

En el más importante de estos indicadores, el de la mortalidad infantil, Estados Unidos tiene una tasa superior a la de Cuba

Autor:

Luis Hernández Serrano

Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, que nos bloquea sin piedad hace ya casi medio siglo, tiene, en el más importante indicador de salud: el de la mortalidad infantil, una tasa superior a la de Cuba.

La mayor potencia económica y militar del planeta, ocupa el número 30 en la lista de las naciones con mayor tasa de mortalidad infantil en todo el orbe. Según un estudio de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, dado a conocer el 1ro. de septiembre de 2009, Estados Unidos tiene el peor índice de mortalidad infantil entre las naciones industrializadas y ocupa el cuarto lugar en el mundo, después de México, Turquía y Eslovaquia.

No solo en eso, sino en otros acápites, la Revolución Cubana ha logrado —pese a un bloqueo causante de una pérdida superior, al cambio actual, a los 230 000 millones de dólares— mejores indicadores de salud que el país de la Estatua de la Libertad.

El primero de enero de la victoria, la tasa de mortalidad infantil de nuestra patria era superior a 60 niños fallecidos, menores de un año, por cada mil nacidos vivos. Sin embargo, finalizamos 2008, por ejemplo, con solo 4,7.

Solo por los partos prematuros (según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos), ese país registra hoy la muerte de siete de cada mil niños durante el primer año de vida.

El número de bebés nacidos antes de la semana 37 en Estados Unidos (12,4 por ciento), es el doble que en Suecia (6,3 por ciento), una verdadera amenaza para la supervivencia infantil, cuya magnitud es inversamente proporcional a las semanas que el feto pasa en el claustro materno.

Cuba, en medio de innumerables agresiones de diez gobiernos yanquis, exhibe cifras como estas: En 1959 tenía 6 000 médicos (la inmensa mayoría de ellos en la capital del país y algunos en las cabeceras de provincia), de los cuales se vendieron a los dólares estadounidenses la mitad, pero ya hoy tiene un médico por cada 156 habitantes. En decenas de países del mundo, en casi todos los continentes, hay más de 30 000 galenos cubanos prestando servicios y salvando vidas.

Solo en Cuba —no cuento los países donde galenos del patio son profesores de miles de estudiantes de Medicina— se forman hoy como médicos unos 21 000 jóvenes de América Latina, Asia, Oceanía, África y ¡Estados Unidos! Es decir, muchos más médicos de los que la inmensa nación que nos sigue bloqueando ha enviado para atender a los pobres fuera de sus fronteras, en sus casi dos siglos y medio de existencia.

Este es el mejor modo de rendir tributo al cumpleaños 176 del doctor Carlos Juan Finlay Barrés (descubridor del mosquito Aedes aegypti como transmisor de la fiebre amarilla), nacido el martes 3 de diciembre de 1833, en Puerto Príncipe —hoy Camagüey— fecha que con el tiempo devino primero en el Día de la Medicina Americana y, después de 1959, en el Día de la Medicina Latinoamericana y del Trabajador de la Salud.

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