Escuela Solidaridad con Panamá recibe Premio Los Zapaticos de Rosa

También la primera secretaria de la UJC, Luidmila Álamo Dueñas, envió una carta de reconocimiento a este reconocido plantel de educación especial para niños

Autor:

Marianela Martín González

Cuando Fidel inauguró la Escuela Solidaridad con Panamá, el 31 de diciembre de 1989, manifestó su certeza de que el centro sería una obra de infinito amor, donde primaría la solidaridad.

Este viernes, mientras celebraba su vigésimo aniversario, el colectivo recibió Los Zapaticos de Rosa, máximo Premio que otorga la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) a personalidades e instituciones destacadas en el trabajo con los niños. El augurio del líder de la Revolución podía palparse: gracias a la solidaridad, la discapacidad palidecía. Los niños se ayudaban unos a los otros para conducir andadores, sillas de ruedas o recordar una estrofa olvidada.

En medio de tantos disparates de la naturaleza, casi todos tarareaban. «Aunque el mundo cambie de color, estoy aquí». Y era cierto. Muchos, a cientos de kilómetros de sus hogares, estaban felices.

Yamilé Ramos Cordero, presidenta de la OPJM, entregó el Premio. «Son ustedes dignos de este reconocimiento, porque aquí el amor es una constante que se impone a las más difíciles adversidades», apuntó.

La primera secretaria de la UJC, Luidmila Álamo Dueñas, envió una carta de reconocimiento a esta escuela, de la que han egresado más de 900 niños de todo el país y de Venezuela, Chile, Uruguay, Chile y Ecuador.

Yusimí Castillo, la niña que cortó la cinta cuando Fidel inauguró la escuela, ahora con 32 años de edad, no faltó a la celebración. Agradeció la existencia de este centro y les dijo a los muchachos que era una joven realizada gracias al lugar que la ayudó a ser capaz y hasta tener hijos: «Soy muy independiente. A ustedes les aseguro que van a salir adelante», afirmó desde su silla de ruedas.

Esther María de la O, directora del centro desde 1992, destacó el modo en que preparan a los niños para la vida. Los talleres de encuadernación, artesanía y confecciones con que cuentan sirven para despertarles el interés por actividades útiles. «En nuestra casa grande los niños y adolescentes son felices, y pierden el temor de sentirse diferentes, reír, cantar y conocer la historia del país», aseguró.

Un equipo multidisciplinario ofrece atención a los 106 niños que actualmente cursan estudios en este plantel, y están garantizadas además las atenciones médica, fisiatra, psicológica, logopédica y estomatológica.

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