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Orquídeas criollas en el jardín

Por vez primera en Cuba se obtiene un híbrido de orquídea. El suceso fue posible por el empleo de técnicas biotecnológicas y participativas, acontecimiento que enriquece la botánica nacional

Autor:

Dora Pérez Sáez

Lorena Suárez tiene motivos de sobra para sentirse feliz. A sus siete años ya sabe que hay una flor que lleva su nombre, y que fue descubierta por su papá. De hecho, su nombre y hasta su apodo, Lorita, nombran a dos genotipos de orquídea originados por primera vez en nuestro país. Lo que seguramente no imagina la pequeña es el tiempo que invirtió su progenitor, Lorenzo Suárez Guerra, en el logro de tal «descubrimiento».

Como ingeniero agrónomo y trabajador del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias (ISCA), de La Habana, Lorenzo se especializó en biotecnología agrícola y mejoramiento genético de plantas, fundamentalmente en cultivos de reproducción de semillas agámicas, como la yuca y la malanga, y en plantas ornamentales.

Aunque desde 2002 trabaja con las orquídeas, no fue hasta 2005 que el Ministerio de la Agricultura comenzó a desarrollar un proyecto de tres años de duración, para la propagación in vitro de dos especies de orquídeas terrestres que, aunque no son endémicas de Cuba, están naturalizadas aquí, y cuya principal ventaja es que se mantienen durante más de tres meses abriendo en sucesión sus flores, por lo que brindan un colorido perdurable.

«Naturalizadas —explicó Lorenzo— significa que se reproducen solas. Como son terrestres, no requieren un soporte específico, como una maceta, ni tampoco un determinado sustrato especial. Se pueden cultivar en cualquier base, como un jardín».

—¿Por qué esa predilección por las orquídeas?

—Ese era un reto mío; toda la vida me han gustado. También en el Instituto se dieron ciertas circunstancias que aproveché y llegué a concretarlas en un proyecto. El Centro me apoyó mucho, me dieron muchas sugerencias. Para el año 2010 debe salir otro proyecto, que se relacionará mucho con el mejoramiento genético de estas plantas.

«Pienso que las orquídeas siempre han ocupado un lugar importante a nivel mundial y también en Cuba. Fue muy bueno que el Ministerio de la Agricultura dedicara un financiamiento al cultivo de plantas ornamentales, un sector bastante deprimido, pero que es trascendental desde el punto de vista ornamental para las casas, los hoteles y las funerarias».

—¿En qué consistió el proyecto?

—Una de las dos especies que se debía propagar era la Spathoglottis Plicatta, que presenta una gran variedad de colores: rosa, morado claro, morado oscuro. Lo que hice fue agrupar todos esos colores, crear en el Instituto mi banco de germoplasma para la reproducción in vitro de esas especies, e ir trabajando con los productores de los diversos clubes de aficionados que existen en la capital.

«Así aparecieron nuevas especies, que fui incorporando en los cruzamientos para aumentar la diversidad del género».

—¿Cómo obtuvo el primer genotipo?

—El proyecto comienza siempre con la parte experimental. Al parecer, en esa primera etapa hubo alguna alteración genética en una de las especies, porque después de sembrar y llevar todo el proceso hasta la floración, nos percatamos de que había una planta que difería del resto de las otras y del donante, que era la Spathoglottis Plicatta.

«Nos dimos a la tarea de hacerle algunos análisis de caracterización morfológica y bioquímica, para determinar si podía ser un somaclón, que no es más que una variación genética que ocurre durante el cultivo in vitro. Según la literatura, esto tiene una frecuencia de un 15 por ciento. En cultivos de interés económico no es bueno, pero en plantas ornamentales es muy favorable, porque se pueden obtener nuevos genotipos a partir de este.

«Después de todos los estudios que se le hicieron a la nueva especie que apareció, nos dimos cuenta de que estábamos en presencia de un nuevo genotipo. Empezamos el proceso de registro a nivel nacional, y vimos que no había nada en plantas ornamentales. Internacionalmente tampoco. Finalmente surgió Lorita, Spathoglottis Lorita, que es como le digo a la niña».

—¿Cómo llegó al híbrido?

—Se llama Bella Lorena, y no es más que el cruce entre dos especies de orquídeas: Spathoglottis Plicatta y Spathoglottis Kimballiana. Esta última es una especie muy grande, que se usa a nivel internacional en la hibridización.

«Del club de aficionados de Marianao traje granos de polen. En Cuba son los aficionados quienes tienen las grandes colecciones; siempre ha sido así, porque es un cultivo que difiere en manejo y cuidado de una especie a otra. De esa forma hice varias polinizaciones en mi patio y en otros. Recogí las cápsulas alrededor de los 42 días.

«Posteriormente, en el ISCA se realizó la desinfección. Eso fue en 2006. En 2007 ya estábamos climatizando las vitroplantas hasta que alrededor de los diez meses y medio empezaron a florecer.

«La primera planta no me atrajo mucho. Fue en el momento del pico de floración cuando hice la selección de Spathoglottis Bella Lorena. Desde el principio me llamó la atención, porque era una flor mediana que combinaba los dos colores: el rosado y el amarillo, de forma muy intensa, muy bien distribuidos en los pétalos y los sépalos (pieza que forma el cáliz de una flor). El labelo (pétalo de gran tamaño y forma irregular) tenía una combinación algo llamativa, con varios colores.

«Presenté los resultados en un evento en Matanzas. Allí causó sensación; me estimularon, porque hasta el momento no se habían producido híbridos netamente cubanos. Eso me resultó interesante. Sabía que en los años 80 se habían realizado intentos de híbridos mediante el empleo de técnicas participativas, o sea, aprovechando a los aficionados. Pero me puse a investigar si realmente era así, y lo verifiqué.

«Después le escribí a la Real Sociedad Hortícola de Inglaterra. Ellos me remitieron un formulario, envié el cruzamiento y todos los datos, con el posible nombre. Eso fue casi un año después de haber obtenido el híbrido. Siempre es bueno esperar un tiempo, porque hay que realizar estudios, alguna caracterización morfológica, ver cómo se comporta la reproducción del cultivo, porque si es de rápido crecimiento se puede reproducir a corto plazo».

—¿Qué importancia tiene este híbrido para la ciencia cubana?

—Este híbrido abre las puertas a futuros trabajos de mejoramiento con las mismas orquídeas terrestres o en otras especies cubanas, porque ya hay un protocolo establecido. Además, da la posibilidad de insertar genes de especies cubanas en especies foráneas.

«He obtenido una gran descendencia, de más de 150 ejemplares. Los dos genotipos, tanto Bella Lorena como Spathoglottis Lorita, ya se encuentran distribuidas en todo el occidente, incluido el orquideario de Soroa, y algunas se han enviado a la parte oriental del país».

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