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Arroceros espirituanos a prueba de sequía

Agricultores del complejo arrocero Sur del Jíbaro, ubicado en el centro del país, han tenido que buscar nuevas alternativas para paliar la insuficiencia de agua y garantizar el plan de cultivo anual

 

Autor:

Juventud Rebelde

LA SIERPE, Sancti Spíritus.— Benancio nunca se ha fiado de creencias de comadres, y menos ahora con 68 años de edad. Por eso siempre ha bromeado, a pesar de terremotos y enfermedades, frente a los rumores sobre la proximidad del fin del mundo.

Sin embargo, en los últimos meses este guajiro ha domado un poco su escepticismo, al contemplar el paisaje de la presa Zaza, un embalse que, ante tanta sequía, cedió considerablemente sus márgenes.

Según declaraciones del ingeniero Ángel Díaz, subdelegado técnico del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos en Sancti Spíritus, 2009 fue uno de los años más secos para la provincia durante la última década e incluso varios meses clasificaron entre los de menos precipitaciones, en comparación con lo reportado desde 1931, cuando se inició esta clase de registros.

Añadió el especialista que la presa Zaza, la mayor del país con más de mil millones de metros cúbicos, cubre hoy solo el 20 por ciento de su capacidad total, situación que mantiene la boca seca a los campesinos vinculados a planes arroceros, quienes han tenido que implementar nuevas alternativas para mantener los indicadores productivos, especialmente en el Sur del Jíbaro, una de las principales zonas en el cultivo del cereal en el país.

Como dirían los campesinos sierpenses: «Ni las tiñosas anuncian aguaceros en el horizonte». Declara el directivo de Recursos Hidráulicos que en las perspectivas inmediatas, de acuerdo con la época del año, no se prevén lluvias con beneficios significativos para las presas espirituanas. Por tanto, ahora más que nunca debe lograrse mayor aprovechamiento del recurso, para minimizar el impacto negativo en la agricultura.

Antes que caiga la gotera

Aunque la producción arrocera en el complejo agroindustrial Sur del Jíbaro no satisfizo el plan previsto para la campaña 2008-2009, sí logró un crecimiento de alrededor de 12 000 toneladas con respecto a la temporada precedente, según directivos de la entidad.

Los retrasos en el programa escalonado de siembra, problemas en la industria y la inestabilidad en la entrega de combustible, constituyen algunos de los factores que impiden hablar sobre la pasada cosecha como quien relata un poema homérico. No obstante, sí deben reconocerse las estrategias para paliar la insuficiencia de agua.

Ahora que comienza la llamada campaña de siembra de primavera, el complejo arrocero asegura la racionalización de los recursos hídricos, con el objetivo de respaldar el plan de cultivo anual, ascendente a 11 675 hectáreas, de las cuales ya cerca de 4 000 han sido plantadas, según informó Raúl Hernández, especialista principal de esta empresa.

Agrega el entrevistado que entre las acciones practicadas por la entidad para un mejor aprovechamiento del agua, se encuentran la siembra de variedades de ciclo corto, el empleo de dos anegadores por campo, la reducción del tamaño de los lotes hasta 200 hectáreas, la reparación de un grupo de compuertas y la limpieza de canales como el P5, con cuatro kilómetros saneados hasta el momento.

Resulta meritorio el trabajo del colectivo de la entidad en las actividades relacionadas con las innovaciones, así como la sustitución de piezas y estructuras hidráulicas, deterioradas por el paso del tiempo. La búsqueda de alternativas como el rescate de bombas de agua avala el trabajo de no pocos jóvenes vinculados a las BTJ y la ANIR.

El joven Ángel Eduardo Ruiz, perteneciente a la CCS 40 Aniversario, evidencia que, a pesar de las inclemencias meteorológicas, el relevo de los productores arroceros en La Sierpe tiene su retoño garantizado. Sin embargo, muchachos como él han tenido que adaptarse a nuevos conceptos en la forma de cultivar el cereal, a diferencia de algunos campesinos de mayor experiencia, pero más aferrados a métodos tradicionales.

«Nos hemos tenido que unir varios campesinos para concentrar los cultivos y así garantizar el suministro de agua a partir del empleo de una misma turbina para extraer agua de los pozos cercanos. Antes la gente llenaba de agua el campo varias veces porque el líquido sobraba. Ahora no podemos darnos ese lujo y tenemos que retomar lo que se hacía previo a la construcción de la presa Zaza».

Mientras revela sus secretos para un manejo en correspondencia con las nuevas circunstancias, Ángel Eduardo se enorgullece por su producción durante el pasado año: 4 800 quintales de arroz, entre los que se encuentran los producidos en el área colectiva de la CCS, atendida por él directamente.

Este campesino habla de sus iniciativas: «Ahora construimos una recuperadora de agua al final del campo en unas tierras subutilizadas. Si esta idea contara con mayor apoyo, podríamos alcanzar como promedio hasta 16 000 o 17 000 quintales de arroz, entre los diferentes agricultores res que nos beneficiamos con el proyecto».

El país desarrolla una estrategia dirigida a sustituir en los próximos años el 50 por ciento del arroz importado con producción nacional, iniciativa que no podrá prescindir de los esfuerzos de productores como los del Sur del Jíbaro, con cuyas iniciativas se desarrolla una voluntad a prueba de sequía.

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