Kelvin no tiene fiebre por irse al campo

Un joven abogado de Granma tomó la decisión de dejar la toga de jurista e irse al campo como presidente de una cooperativa de créditos y servicios

Autor:

Osviel Castro Medel

RÍO CAUTO, Granma.— Algunos, al enterarse de su determinación, le preguntaron que si tenía fiebre de 40 grados; o si se había pasado de copas.

Pero aquellos que le conocían la historia y lo habían visto crecer en la comunidad rural de Cayamas, en el municipio granmense de Río Cauto, tuvieron la certeza de que Kelvin Darío Pompa Sánchez no se había vuelto loco cuando decidió dejar la toga de jurista e irse al campo como presidente de una cooperativa de créditos y servicios.

«Yo me gradué de Derecho en la Universidad de Oriente hace cinco años. Trabajé en la dirección municipal de Justicia y después como consultor jurídico de la delegación de la Agricultura en el territorio. Me gusta esa profesión, pero el corazón y la mente me pedían a gritos dedicarme al surco, porque eso corre por mis venas, por mi alma», dice este muchacho de 30 abriles, hoy líder de la CCS Luis Enrique Moreno, dedicada a la cosecha de arroz, la ganadería y cultivos varios.

Claro, él mismo confiesa que esa resolución implicó numerosas controversias y análisis porque «no me querían soltar», a pesar del reclamo de los cooperativistas de la Luis Enrique Moreno, con quienes tenía vínculos desde hace varios años.

«Estas manos nunca han dejado de sembrar la tierra, ni en los tiempos en que estaba becado en la Universidad, pues cada vez que venía cultivaba lo mío. Llevo en el alma las enseñanzas sobre el campo que me dio mi abuelo, Clemente Sánchez, fallecido hace seis meses», comenta este jurista-agricultor, quien fuera uno de los invitados especiales al último congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños.

Cuando el Diario de la Juventud Cubana le expone que muchos otros no siguieron esas tradiciones familiares y que él puede considerarse una «especie rara» por haber pasado del buró a los sembradíos, encoge los hombros y con naturalidad señala: «Allá ellos, me encanta el trabajo este porque es bello recoger el fruto de lo que uno siembra. A mucha gente le han metido miedo con las cosas de la agricultura, a veces la mala propaganda viene de la propia familia campesina. No te digo que sea fácil, pero cuando todo se organiza bien ves los resultados en el plato y en el bolsillo».

Kelvin subraya que no resulta fácil ser presidente de una cooperativa con 180 caballerías que atender y más de 200 campesinos subordinados. «Un presidente debe, sobre todo, facilitar la labor de los asociados, ser un líder político y con el ejemplo, y eso intento hacer día tras día. Yo no descanso, no tengo sábados ni domingos. Y hay unas cuantas trabas con las que uno tiene que luchar, sobre todo con la poca entrega de insumos de las empresas suministradoras».

Agrega que los suyos se consagran fundamentalmente a la cosecha del arroz, la que requiere buenas semillas, insecticidas, urea... «Dedicamos más del 50 por ciento de nuestras tierras a ese cultivo y hemos logrado rendimientos hasta de 900 quintales por caballería; pero también sembramos flores, yuca, boniato... y ahora empezamos con la cría de cerdos, con la que estamos entusiasmados».

Aunque lo mejor en la vida de este campesino atípico quizá esté en que su pasión no nace solo por el mundo agrícola: hace unos días se convirtió, oficialmente, en delegado del Poder Popular de su circunscripción, una muestra de que sus vecinos ven en él a un guía natural. «Esta nueva tarea tampoco será sencilla. Hay que abrirse paso con la verdad, sin engañar a nadie, hablando a los ojos. Yo, a pesar de todos los problemas, estoy optimista», remarca.

Como si todo eso fuera poco, Kelvin es miembro no profesional del Buró municipal de la UJC de Río Cauto desde hace varios años. Y desde 2003 no ha dejado de atender a su padre, quien sufrió entonces un accidente cerebrovascular que le impide caminar.

«Yo lo baño todas las mañanas, lo atiendo, le doy vueltas...», dice con un nudo en la garganta.

Hay quien señala que con tantas cosas a cuestas, a la que se añade ahora un hijo recién nacido, es demasiado complicado vivir. Pero Kelvin no se aturde, no se agria. Vive cada minuto sin fiebre ni hiedras que le enreden la senda.

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