Remedios de una añeja ciudad

La octava villa fundada en la Isla y cuna de la tradición cubana de parrandas celebra su 495 cumpleaños

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

San Juan de los Rmedios, Villa Clara.— Cuenta la leyenda, y lo que ha ido poniendo la imaginación popular, tan pródiga en estas tierras, que allá por el siglo XVII merodeaba aquí un güije con alma de diablillo que destruía los sembrados y usurpaba las provisiones de los vecinos de la villa, en cuyas cercanías se ubica la poza de La Bajada, sitio que por sus características devino guarida de aquel popular forajido.

Un día la aparición fortuita de unos papeles hizo saber a los lugareños que para acabar con el pequeño maldito debían salir a buscarlo siete mozos primerizos con el nombre de Juan, los que, armados de sogas, ganchos y cadenas lograron finalmente capturarlo y hasta exhibirlo como trofeo por la comarca. Pero justo cuando todo el pueblo aclamaba con euforia tan arduo triunfo a un lado de la Plaza Mayor, el astuto peregrino rompió sus ataduras y salió airoso de vuelta a su escondite.

Dicen hoy los remedianos, ya casi convencidos de esta historia a fuerza de tanto escucharla, que cada año, mientras se escenifica el mito en la noche del 23, esperando el 24 de junio —fecha del Santo Patrono de la villa— los niños y visitantes se convidan alegres a creerse una de las expresiones más representativas de la cultura popular y tradicional de esta urbe, imbuida por estos días en la celebración de su 495 cumpleaños.

Orígenes

Cientos de invenciones, alegorías y fábulas han fraguado la identidad de uno de los más viejos asentamientos poblacionales de Cuba, por lo que no es extraño que cada festejo fundacional sirva para desempolvar parte de esas tradiciones, aun cuando algunas poco tengan que ver con los orígenes históricos del pueblo.

A las décadas iniciales del siglo XVI se remontan los primeros contactos de los inmigrantes españoles con los aborígenes de esta región, entonces conocida como el cacicazgo de Sabana o Sabaneque, expone la investigadora local Dely Capote Gamoneta en su artículo Origen y desarrollo del ferrocarril en Remedios.

Fue aproximadamente por esta etapa cuando el capitán de la conquista Vasco Porcallo de Figueroa, quien ya era poseedor de una estancia en el otrora territorio de Puerto Príncipe, llegó a las costas del centro norte de la Isla y fundó aquí un feudo particular, cuya designación primera fue Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo.

Explica la historiadora María Victoria Fabregat Borges que lo inhóspito del lugar en que tuvo lugar ese primer asentamiento, junto al asedio frecuente de corsarios y piratas y la escasez de agua potable, trajeron consigo el traslado de la población hacia un sitio situado más al interior de la Isla, al que llamaron Santa Cruz de la Sabana del Cayo.

Años después similares motivos obligaron a mover el pueblo hasta el enclave en que se ubica actualmente, al que bautizaron con el nombre de San Juan de los Remedios de la Sabana del Cayo, buscando que la vida en el nuevo paraje pusiera fin a aquel peregrinar.

De acuerdo con lo expuesto por algunos estudiosos, en 1545 el caserío ya contaba con su ayuntamiento, institución de obligada presencia para conferirle a un pueblo la condición de villa, lo que explica que haya sido entonces por esta fecha que se le concedió tan importante rango para de ese modo convertirse en la octava fundada en Cuba.

Los siglos XVI, XVII y XVIII estuvieron marcados aquí por una población estable, dedicada básicamente a la cría de ganado menor, y por un fuerte proceso de mercedación de tierras, algo que obligó a fijar temprano los límites jurisdiccionales con Sancti Spíritus.

A causa de estas mercedaciones, explica la especialista, poco a poco se suscitaron serias diferencias de intereses entre la oligarquía criolla que ya se venía gestando y el clero católico de la villa, lo que propició la fundación, el 15 de julio de 1689, de un nuevo asentamiento en lo que es hoy la ciudad de Santa Clara.

Si bien la industria del azúcar ya estaba introducida en la zona —resalta— con la llegada de algunos hacendados procedentes de la región occidental del país se genera un desarrollo vertiginoso en la fabricación de este producto, lo que ocasionó el llamado «boom azucarero» a partir de 1840.

Imperdonable resultaría hablar de los orígenes remedianos sin aludir a los aportes y la obra investigativa que con fuerza desarrolló en este ámbito el historiador local, recientemente fallecido, Rafael Jorge Farto Muñiz, quien fue incansable en su interés por arrojar nuevas luces sobre la fecha fundacional de esta urbe, un asunto todavía en extremo complejo.

Mediante el examen de fuentes históricas y el cotejo documental, este intelectual villaclareño dio curso a una amplia investigación para sustentar como criterio resultante que San Juan de los Remedios es la octava villa fundada en Cuba, pero el segundo pueblo con radicación española en la Isla, una conclusión que por su carácter revelador ha abierto otras interrogantes y provocado no pocas polémicas.

Fecunda para la cultura

Mientras se hacía ostensible un florecimiento económico por estas tierras a inicios del siglo XIX, la vida social remediana comenzó a experimentar algunos cambios. Indica la historiadora Fabregat Borges que el surgimiento de liceos y asociaciones recreativas, sumado a la llegada de la imprenta, constituyeron un acontecimientos de relevancia en el desarrollo cultural de la villa.

Todo ello va dándole cuerpo por estos predios a un notable movimiento de intelectuales. Nombres como los del filántropo y agrimensor Francisco Javier Balmaseda, escritor de fábulas morales para niños, y los de los hermanos José Alberto y Carlos Andrés Martínez-Fortún y Foyo, se tornan recurrentes al examinar el panorama sociocultural de la región por esta fecha.

Oriundos de esta ciudad son también los hermanos Otón y Alejandro García Caturla, este último considerado uno de los genios musicales de Cuba, cuyas obras reflejan una mezcla de los principios de la vanguardia musical europea de inicios de la pasada centuria con algunos de nuestros ritmos nacionales.

La casa donde naciera en 1906 este artista universal, a quien lo unió con Alejo Carpentier una entrañable amistad, es desde 1975 un museo en el que sobresale la colección de manuscritos pertenecientes al eminente compositor, uno de los primeros en introducir cadencias africanas en la música cubana de su tiempo.

Particular resulta también la Estatua remediana de la Libertad, del escultor italiano Carlos Nicoli, comprada por los moradores de la localidad en 1899, como tributo popular a los héroes de las Guerras de Independencia. Es esta una obra que llama la atención de cualquier visitante a su paso por el centro histórico de la villa, declarado en 1980 Monumento Nacional.

Espectáculo en plural

Recoge la tradición que allá por la segunda década del siglo XIX el joven sacerdote español Francisco Vigil y Quiñones (Francisquito) comenzó a convocar a niños, mozalbetes y jóvenes a salir con pitos, fotutos y matracas por los barrios del pueblo urgido de despertar a los feligreses para que asistieran a las Misas de Gallo, que tenían lugar del 16 al 24 de diciembre.

La historia no aclara si el inquieto Francisquito pudo lograr su objetivo, pero en cambio destaca que aquel escándalo madrugador, organizado inicialmente en ocho bandos, fue ganando cada año más fuerza hasta convertirse en la más emblemática festividad popular de Remedios, reconocida hoy entre las tres más importantes de carácter nacional, junto a los carnavales de Santiago de Cuba y las charangas de Bejucal.

Erick González Bello, especialista del Museo de las Parrandas Remedianas —abierto en 1980 como la primera de su tipo sobre arte popular en Cuba—, explica que hacia 1871 los barrios iniciales se agruparon finalmente en dos: El Carmen, cuyo símbolo es el gavilán, y San Salvador, representado por el gallo.

Considera González Bello, al igual que otros especialistas de la institución, que ese espectáculo propio de Remedios constituye singular expresión de teatro popular callejero, si se tiene en cuenta que ambos bandos son parte de un conflicto que se presenta, alcanza su desarrollo y concluye similar a una obra dramatizada, con entradas y salidas organizadas de principio a fin por un guión ya establecido de modo tradicional.

En el jolgorio remediano resaltan por su franca armonía los fuegos artificiales, las carrozas, los trabajos de plaza, los faroles y la música distintiva del festín, conformada por los himnos identitarios de cada bando, llamados polcas, y las rumbas de desafío y victoria.

Explica Erick que desde su surgimiento la fiesta ha asimilado elementos típicos de culturas europeas, africanas y asiáticas, lo que nos hace pensar que este sugerente convite, del que se han desprendido ceremonias parecidas en más de 35 poblados de la región central, es prueba legítima de ese ajiaco cultural que es la identidad cubana, en la que por fortuna «irremediable» siempre estará presente la historia de esta añeja ciudad.

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