Con el dolor de Adriana

Adriana Pérez, la esposa de Gerardo Hernández, uno de los Cinco, intercambió con los vecinos del Consejo Popular Latinoamericano, en la capital cubana

Autor:

Juan Moreno

Hace 12 años que no siente sus caricias, ni puede ofrecerle las suyas. Gerardo Hernández es la pasión abrasadora, el rostro y la encarnación de todas las ilusiones de Adriana Pérez, una joven hermosa y buena, con su esposo prisionero y sus ansias condenadas por una de las más duras y absurdas injusticias de este mundo.

El dolor de esta mujer hizo estremecer este miércoles a sus vecinos del Consejo Popular Latinoamericano, en la capital; esos que la ven caminar entre ellos, con su timidez, su cariño y su bondad, pese la laceración de sus heridas.

Su esposo fue sentenciado por un tribunal indigno a más de dos cadenas perpetuas; y como si para un hombre inocente semejante crueldad no bastara, intentan sancionar también su amor. Durante más de 12 años el Departamento de Estado norteamericano —de dos administraciones— le ha negado la visa junto a Olga Salanueva, la esposa de René González; guerrero en la misma causa, para que los visiten en prisión.

Pero el amor de Adriana no solo se alimenta de esos ojos que la enamoran desde las instantáneas que llegan de la celda, la voz dulce y tenue que la reconquista en el teléfono, o las frases tiernas de las cartas de amor y de ideales; también se sostiene y ensancha con la gente, esa que desde Cuba o el mundo comparte su tristeza y su esperanza.

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