Somos amantes de la paz, pero no le tememos a la guerra si nos la imponen

Discurso pronunciado por Alí Rodríguez, Ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica de la República Bolivariana de Venezuela, en Villa Clara, 26 de julio de 2010, «Año 52 de la Revolución»

Autor:

Juventud Rebelde

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Compañero General de Ejército y Presidente de la invicta República de Cuba, Raúl Castro Ruz (Aplausos);

Fidel, allí donde te encuentres, siempre joven, siempre vital, siempre lúcido, siempre heroico (Aplausos);

Compañeros de la dirección del Partido Comunista de Cuba, del Estado, del Gobierno;

Compañeras y compañeros villaclareños;

Compañeras y compañeros de la delegación de Venezuela:

Grande, muy grande es el honor que se nos confiere al ser invitados a hablar aquí y ahora, cuando se celebran 57 años de la gloriosa acometida de un grupo de jóvenes soñadores, llenos de convicción, cargados de amor por su patria, para dar un vuelco a la terrible situación que en aquellos años vivía nuestra hermana República de Cuba y abrir un sendero de libertad y de Revolución, en toda nuestra patria, en toda nuestra América (Aplausos).

Grande el honor, además, de hablar aquí en esta tierra de héroes, donde se quedó sembrada para siempre la valentía, el heroísmo, la entrega a una causa justa por el entrañable comandante Ernesto Che Guevara (Aplausos).

Grande, además, muy profundo el compromiso, hablar en esta hora, en esta hora donde de nuevo una sombra tenebrosa se extiende sobre nuestro continente y sobre el mundo, amenazando con la guerra, con la opresión a pueblos que durante siglos han batallado por su libertad, por su independencia, por su dignidad.

En este momento en que nos encontramos reunidos acá, una amenaza se cierne sobre Venezuela;  sorpresivamente las gallinas cantan como gallos.  Desde nuestra hermana Colombia se cierne una amenaza, que no es del pueblo colombiano, porque Colombia y Venezuela somos una misma patria (Aplausos).

Un día fuimos conocidos como habitantes de la Gran Colombia, de aquello que hoy es Panamá, Colombia y Venezuela, de manera que cuando estamos en Colombia, en Panamá o en Venezuela, no estamos en casa extraña, no estamos en territorio extraño, estamos en nuestra tierra, estamos en nuestra patria (Aplausos).  Eso que Bolívar soñó cuando dijo que la unión no es quimera de los hombres, es decreto inexorable del destino.  Somos bolivarianos y con Bolívar compartimos ese mandato.  Tenemos vocación por la unidad y, por tener vocación por la unidad, tenemos vocación profunda por la paz; odiamos la guerra, ese monstruo de matanza con el cual hoy se nos amenaza de nuevo.

Somos un pueblo pacífico, queremos trabajar en paz, queremos construir en paz, queremos resolver muchos de los problemas que heredamos del pasado y para ello necesitamos la paz; pero si nos obligan, que sepan los imperialistas que en nuestros pueblos hay muy pocos cobardes, que somos —como dice la canción— de madera de caguairán (Aplausos).  En Venezuela le decimos quebracho, una madera con la cual se rompen las hachas, sea de la naturaleza que sea, sobre todo si esa naturaleza es imperialista.

Ahora bien, ¿por qué se ciernen las amenazas sobre Venezuela?  ¿Y acaso es solamente sobre Venezuela?  Uno puede explicarse rápidamente por qué la amenaza contra Venezuela.  En primer lugar, porque, como lo sabemos, Venezuela aloja en sus entrañas la más grande riqueza petrolera del mundo, y este es un mundo, sobre todo el mundo capitalista, el mundo imperial, sediento de petróleo, insaciable, sus fauces inmensas consumen millones y millones de barriles diarios de petróleo, eso está en Venezuela.  Además, el petróleo venezolano ha servido, desgraciadamente, para movilizar el gran poderío militar imperial en los tiempos en que han ido a la guerra y, generalmente, a la guerra injusta, a la guerra para oprimir; es un recurso sumamente codiciado, sobre todo, cuando en los propios Estados Unidos de Norteamérica escasea cada día más ese recurso y confrontan cada día mayores problemas para obtener esos recursos.  Ahí está la desgracia que está ocurriendo todavía en el Golfo de México con el derrame petrolero.

Pero, además, se nos considera una amenaza porque en Venezuela ha renacido lo esencial del espíritu de Bolívar, que era la integración de nuestra gran patria latinoamericana, de Nuestra América, como dijo Martí.  Porque, como dijo también Martí, de América somos hijos y a América nos debemos (Aplausos).  Se nos odia porque proclamamos la unidad de nuestra patria, somos una patria, somos una gran nación por nuestro origen histórico, porque ocupamos el mismo territorio, tenemos la misma cultura, tenemos las mismas creencias y también los mismos problemas y las mismas amenazas.  ¡Somos una gran nación, fragmentada todavía, pero somos una gran nación! (Aplausos.)

Nos odian, además, porque cuando los sueños del hombre se creían definitivamente sepultados después del derrumbe de la Unión Soviética, cuando se creía que habíamos llegado al fin de la historia y que lo único que podía prevalecer en el mundo era el odioso sistema capitalista, cuando apenas como una brasa se mantenía la esperanza socialista en Cuba, vino el soplo de la revolución en el continente y en Venezuela surgió una nueva antorcha blandiendo las puras, sublimes ideas del socialismo, que no es otra cosa que la liberación del ser humano de sus miserias, de la opresión y de la explotación (Aplausos).

Pero hay otras razones, o mejor dicho, otras sinrazones:  hoy el capitalismo mundial sufre una profunda crisis sistémica, y decimos sistémica porque no se trata solamente de la crisis del capitalismo norteamericano o del capitalismo de uno u otro país de Europa, no, es una crisis del sistema capitalista mundial, y cuando estos sistemas entran en crisis, comienzan a generarse, en su propia entraña, factores de violencia.  Cómo ha crecido la pobreza en la opulenta Norteamérica.  Cómo está creciendo en Europa, y esa es la primera condición para que broten los conflictos internos en la propia entraña de los grandes imperios, así se han derrumbado los grandes imperios.

Los ideólogos imperialistas —y me estoy recordando de Cecil Rhodes— decían que para evitar, en aquel entonces, en el caso de Inglaterra, una revolución, la violencia interna, era necesario llevar la violencia al exterior;  por eso desataron toda esa violentísima campaña para colonizar pueblos enteros, y en la época del imperialismo, este fenómeno se ha acentuado, en estos tiempos.

Bolívar dijo un día, recordémoslo, «los Estados Unidos de Norteamérica parecen predestinados por la historia para plagar de miserias la América».  En aquel entonces todavía el imperio norteamericano no había alcanzado la fuerza que fue adquiriendo posteriormente; en la medida en que se hizo una fuerza imperial planetaria ha plagado de miseria ya no a la América, sino al planeta entero.  Por eso cuando los pueblos se rebelan, por eso cuando del seno de los pueblos brota un nuevo liderazgo, como surgió Fidel aquí, como ha surgido en  Venezuela Hugo Chávez, buscan exterminarlos a como dé lugar (Aplausos).  He ahí la segunda de las sinrazones.

Por eso el problema hoy no es solamente Venezuela, el problema hoy no es solamente Cuba, el problema hoy no es solamente los países que nos hemos integrado en la ALBA, no es solamente Nuestra América; es un problema en el mundo. Por eso despliegan una flota hacia el Sureste Asiático, por eso mantienen la criminal política de exterminación del pueblo palestino, por eso despliegan en Nuestra América siete bases militares en Colombia, bases militares en Aruba, bases militares en Curazao, y ahora 44 buques de guerra, incluyendo portaaviones y 7 000 hombres, en Costa Rica, en la querida y pequeña Costa Rica, dicen que para combatir el narcotráfico.  Y esto ya es una razón más que suficiente para la sospecha.

Si uno echa a volar la memoria, ¿cómo justificaron los norteamericanos la invasión a Cuba, en los días en que Cuba luchaba por su independencia? ¿Cómo justificó Hitler toda la guerra en Europa, cuando manda a incendiar el Reichstag y acusa a los comunistas de ese delito?  ¿Qué arguyó el gobierno norteamericano para justificar su criminal invasión a Iraq?  Yo comienzo a sospechar que Bin Laden era también una simple justificación para invadir Afganistán.

¿Y qué les han traído las últimas guerras a los Estados Unidos de Norteamérica?  ¿Qué les trajo la guerra de Viet Nam?  La desmoralización y, con la desmoralización, el consumo creciente de drogas.  Estados Unidos se convirtió en el primer gran mercado consumidor de drogas y, en consecuencia, en el principal estimulante del narcotráfico en el mundo y no solamente en Nuestra América.

Eso convirtió a Colombia también, desgraciadamente, dolorosamente, en el principal productor de drogas en nuestra región.  Donde hay mercado hay demanda, donde hay consumo hay oferta; surge una creciente demanda de estupefacientes en Estados Unidos y una creciente producción de drogas en Colombia, y Venezuela se encuentra entre el gran consumidor y el gran productor: el gran consumidor, que ha demostrado una completa incapacidad para combatir el consumo de drogas en su propio territorio; y el gran productor, que ha demostrado una completa incapacidad para erradicar el cultivo de drogas en su propio territorio.  Ahora resulta que los responsables somos los venezolanos, porque ­­―Reichstag, según ellos; Bin Laden, según ellos― protegemos el narcotráfico y protegemos el terrorismo.

¿Se requiere demasiado talento deductivo para llegar a conclusiones?  Pareciera que no; es un grosero, vulgar, ofensivo pretexto para atacar a Venezuela y para atacar a los procesos libertarios en nuestro continente, en Nuestra América y en el mundo (Aplausos).

Desde aquí, desde esta Plaza, repetimos:  somos amantes de la paz, lucharemos hasta lo infinito por garantizar la paz, pero no le tememos a la guerra si nos la imponen (Aplausos).  Repito, en nuestros pueblos hay muy pocos cobardes, hay muy pocas mujeres y hombres que tiemblen ante la amenaza imperial.  Somos pueblos de héroes, somos hijos de Simón Bolívar, somos hijos de Antonio José de Sucre, somos hijos de Francisco de Miranda (Aplausos).  Y con Fidel decimos:  «¡Señores imperialistas, no les tenemos absolutamente ningún miedo!» (Aplausos y exclamaciones.)

No queremos la guerra porque sabemos lo que significa ese monstruo de matanzas, no la queremos por lo que representa de sacrificio, de sangre, sudor y lágrimas para nuestros pueblos; pero, incluso, no la queremos tampoco porque allí se derrama sangre del pueblo norteamericano.

El pueblo norteamericano no es nuestro enemigo, es un pueblo noble, creador, y los que van a morir en los frentes de batalla no son los hijos de los grandes millonarios norteamericanos ni europeos, son los hijos del pueblo, los humildes, los hijos de los trabajadores, los hijos de los desheredados, de esos más de 8 millones de desempleados, de esos más de 42 millones de pobres que hoy crecen inconteniblemente en la propia entraña de la sociedad norteamericana y europea.  Ellos también van a morir como murieron en Viet Nam, como han muerto en Iraq, como están muriendo en Afganistán.  No queremos que mueran en nuestras tierras, porque sea lo que nos cueste, sea el sacrificio que nos cueste, al final, no tenemos la más mínima duda, los pueblos vencerán, porque luchan con la razón y son capaces de construir la ventaja, y son tan nobles que nunca exagerarán sus victorias.  Buscarán siempre la paz, el entendimiento entre nuestros pueblos, que son pueblos hermanos.

Por eso, porque defendemos la más elevada expresión de la democracia, el socialismo, y con ella la paz, gritamos en este día de celebración, de conmemoración de la gloriosa, invencible, invicta Revolución Cubana:

¡Viva el 26 de Julio!  (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Viva Cuba!  (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Viva Fidel!  (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Viva Raúl!  (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Viva Venezuela!  (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Viva Hugo Chávez!  (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!  (Exclamaciones de: «¡Venceremos!»)

(OVACIÓN.)

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