Los discípulos de una diosa

Una parte de los jóvenes cubanos que son llamados a cumplir el Servicio Militar Activo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias se especializan en la artillería. Hoy se celebra el aniversario 50 de la fundación de esa arma

Autor:

Patricia Cáceres

Desde su surgimiento las piezas de artillería constituyen el principal medio de fuego para apoyar las fuerzas terrestres. Están diseñadas para disparar proyectiles potentes a largas distancias.

A 50 años de su fundación, la artillería de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ha devenido carta de triunfo en las contiendas bélicas en las que Cuba ha participado después de 1959.

Las victorias en Playa Girón o en las hermanas repúblicas de Angola y Etiopía hubieran sido mucho más difíciles de alcanzar sin los certeros disparos de las piezas de artillería y los lanzacohetes BM-21, posibles debido al alto nivel de preparación de sus dotaciones.

Arma joven

Los exploradores son los ojos de cualquier unidad artillera. Determinan las coordenadas del enemigo y se las comunican al segundo jefe de batería que aguarda en el área de espera.

Desde allí se da la orden a las piezas para ocupar la posición de fuego y realizar el tiro sobre el blanco.

Las armas de este tipo, desde los pequeños cañones, lanzacohetes y morteros, hasta las de calibres mayores, preparan las condiciones para que entren en acción el resto de las fuerzas de combate.

En 1960 el Comandante en Jefe Fidel Castro realizó un llamado general para la asimilación, mediante cursos intensivos de capacitación, de esta compleja técnica que empezaba a llegar vertiginosamente desde la Unión Soviética.

En honor al momento que marcó la incorporación masiva del pueblo para la formación de las unidades de artillería, se escogió al 2 de noviembre de 1960 como fecha simbólica de la fundación del arma.

«Los artilleros se seleccionaron entre los jóvenes del pueblo. Yo tenía 18 años. Aquello significó mucha responsabilidad, porque no solo fue incorporarnos a la artillería, sino que a quienes teníamos cierto nivel cultural nos fueron asignando responsabilidades.

«Muchos llegamos a ser jefes de una unidad cuando apenas teníamos 20 años», recordó el coronel de la reserva Santiago Álvarez Marín, otrora jefe de artillería de una gran unidad y profesor de esta especialidad en la Academia de las FAR Máximo Gómez, Orden Antonio Maceo.

Las condiciones de vida también eran mucho más complejas que en la actualidad, agrega. «Cuando aque- llo tú ibas a un monte y no había casas, ni dormitorios ni baños. Todo tenías que realizarlo en plenas condiciones de campaña. Todo era más difícil y la preparación de los soldados no era como la actual.

«Hoy la diferencia es abismal: la calidad en la instrucción, el perfeccionamiento de la base material de estudio, los medios modernos para enseñar a los soldados, todo es cualitativamente superior».

Una gran cantidad de jóvenes optan por nuestra especialidad, asegura el teniente coronel Javier Viel González.

«Este nuevo relevo es muy importante, porque se incorpora a las Fuerzas Armadas con ese tesón, pujanza e ímpetu que necesitamos», dice.

Sacrificio y desvelo

El primer teniente Yorgel Martínez, con apenas 25 años, se desempeña como jefe de batería en un regimiento de artillería autopropulsada en la Gran Unidad de la Gloria Combativa Rescate de Sanguily, Orden Antonio Maceo.

«Para mí es un gran honor ser artillero. Me gradué en la Escuela Interarmas General José Maceo, Orden Antonio Maceo, y desde entonces mi experiencia en las Fuerzas Armadas ha sido maravillosa.

«He participado en ejercicios demostrativos y en maniobras. En el poco tiempo que llevo de servicio en las FAR he adquirido una experiencia de incalculable valor.

«Ser artillero implica muchas horas de sacrificio y desvelo, por la complejidad de la técnica. Nosotros vivimos exigiéndoles y preparando a los soldados para que hagan su trabajo con la perfección y destreza requeridas», aseguró el jefe de batería.

Reyner Acosta Morales, de 22 años, es uno de los jóvenes soldados que actualmente cumple con el Servicio Militar en este regimiento de artillería.

«Aquí he aprendido cómo preparar y orientar una pieza, determinar las coordenadas, conocer los riesgos que se corren, porque si no eres certero en el tiro puedes provocar el batimiento de tus propias unidades.

«En la artillería hay que tener preparación, tanto física como psicológica, porque es algo que impacta y sentimos los temores normales de cualquier joven. Pero me enorgullece mi experiencia, ya que pertenecemos a un arma determinante para batir a cualquier enemigo.

«No por gusto a la artillería la llaman la diosa de la guerra», destacó el joven soldado.

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