Seguir estudiando: ¿cómo hacerlo?

Cuando el país vive importantes transformaciones en pos de mejorar su economía, la Universidad cubana atiende y perfecciona sus estrategias para preservar el derecho a cursar estudios superiores

Autores:

Marianela Martín González
Alina Perera Robbio

A partir de las transformaciones que vive la Isla, inmersa en la actualización de su modelo económico —y por ello dando pasos en medidas como la reducción de plantillas infladas y la ampliación del trabajo por cuenta propia—, los cubanos expresan múltiples expectativas, interrogantes y puntos de vista.

El amplio espectro de opiniones llega por estos días a la redacción y asoma en el foro generado por los lectores en nuestra página web, a partir del trabajo publicado el domingo 31 de octubre en Juventud Rebelde («Se queda quien mejor trabaje»), el cual versó sobre el significado que para las más jóvenes generaciones tienen los cambios en pos de un mejor funcionamiento de la economía cubana.

Especial interés han despertado las decisiones que se adoptan y que contribuyen a la incorporación y permanencia de los más jóvenes en el empleo, y a su desarrollo profesional. Entre ellas, la alusiva a los trabajadores que cursan estudios en la educación superior y resulten disponibles, para quienes se ha decidido que mantendrán el derecho de seguir en las aulas.

La continuación de estudios es un concepto defendido y viable mientras permita avizorar una sociedad en la cual ganen preponderancia el sentido de la responsabilidad y de la autoexigencia.

Tal decisión —según explicó a Juventud Rebelde el Doctor Pedro Horruitiner Silva, director de Formación de Profesionales del Ministerio de Educación Superior (MES)—, permitirá continuar elevando la preparación general y a la vez, la profesionalidad del trabajador.

Los ajustes que se emprenden buscan, entre otros propósitos, un mejor aprovechamiento de la jornada laboral, y conducen a que los trabajadores que cursen estudios  universitarios, ya sea por encuentros o en la enseñanza a distancia, lo hagan demostrando la voluntad de estudiar durante su tiempo libre, a partir del esfuerzo propio.

Ello supone una organización docente que se desarrolle fundamentalmente los fines de semana; o en el horario vespertino-nocturno, de lunes a viernes, con posterioridad al horario de trabajo en los casos en que ello sea posible.

«En relación con lo anterior —explicó Horruitiner— partimos del hecho de que los trabajadores puedan seguir contando con hasta 15 días de sus vacaciones, dosificándolos del modo que sea necesario, según la planificación de las actividades docentes de cada carrera.

«En correspondencia con ese supuesto, el MES viene trabajando en el diseño de un modelo de organización docente factible de aplicarse en las nuevas condiciones, que permita la continuidad de los estudios superiores a los trabajadores.

Escalar peldaños en la acumulación de conocimientos resulta una elección que —cada vez con mayor fuerza— pasará, primero que todo por el sacrificio de quienes decidan emprender viaje a través de esa prometedora y exigente ruta.

Antecedentes y sustento de un concepto

La Constitución asegura el derecho a estudiar. En lo que a los cursos para trabajadores respecta, se garantiza mediante facilidades como la educación de adultos, la enseñanza técnica y profesional, la capacitación laboral en empresas y organismos del Estado y el acceso a las carreras universitarias.

Estos cursos de estudios superiores, concebidos específicamente para las personas que trabajan, tuvieron su inicio en la primera mitad de la década de los años 70.

En la actualidad, en las carreras que se cursan en el Ministerio de Educación Superior —tanto en las sedes centrales de las universidades como en los municipios—, asisten a las aulas cerca de 100 000 trabajadores de diferentes sectores laborales. Unido a ello, otras 50 000 personas estudian en las tres carreras que actualmente se ofertan en la educación a distancia, una parte de las cuales también son trabajadores.

En el presente, el 85 por ciento de quienes simultanean los estudios superiores con el trabajo, lo hacen por la vía de la universalización.

En pos de la equivalencia

Se han reconocido un grupo de errores cometidos en el proceso de municipalización de la educación superior que dañaban la calidad en la implementación de esta revolucionaria idea. Es por eso que las transformaciones están encaminadas a garantizar la pertinencia de la educación superior en los municipios y la calidad de los graduados.

Entre otras acciones de importancia, se han emprendido ajustes a los planes de estudio vigentes, así como la reestructuración de las carreras que se ofertan en cada municipio, sobre la base de mantenerlas en aquellos en que haya demandas de profesionales y que estas se puedan garantizar con calidad, a fin de lograr una respuesta más integral a las necesidades de cada territorio.

En ello tienen un papel esencial las facultades de las universidades encargadas de transmitir la experiencia metodológica y científica; exigir por la superación pedagógica de los profesionales que se desempeñan como profesores a tiempo parcial y de diseñar las evaluaciones finales que se realizan en los municipios.

De igual manera resulta primordial una posterior revisión de las calificaciones, de modo que se asegure el mismo rigor en cada una de las asignaturas, con independencia del lugar donde se realicen los estudios. Igualmente se procede con los ejercicios de culminación de estudios, donde también participan en los tribunales para las tesis, los docentes de las sedes centrales.

Tanto en los cursos específicos para los trabajadores, como en los restantes, se han elevado y mantendrán el rigor y la exigencia para lograr que los egresados sean capaces de demostrar, además del dominio de los conocimientos y habilidades esenciales de su especialidad, un uso adecuado de la lengua materna, especialmente en su expresión oral, correcta ortografía, caligrafía y redacción.

Los profesionales que la economía demanda

Este análisis sobre los cambios que Cuba realiza y las estrategias que la Universidad diseña a tenor con ellos, estaría incompleto de no contar con una mirada acerca de los cursos diurnos, los cuales constituyen la respuesta principal a las demandas de profesionales del país.

Para abordar el asunto, el cual alude a la sociedad por venir y a desafíos futuros que desde ya pueden atisbarse, el periódico dialogó con el ingeniero Mario Miranda Márquez, director de Formación y Desarrollo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), quien ofreció detalles sobre el estudio de fuerza de trabajo calificada, que se realiza con la participación de todos los que demandan, forman y emplean profesionales.

Según detalló el especialista, la investigación emprendida con miras al período 2010-2015, develó que la demanda de graduados de nivel superior en las Ciencias Técnicas es superior a la disponibilidad que se proyecta, mientras la situación es otra en el caso de las Ciencias Sociales y Humanísticas: la disponibilidad de graduados resulta superior a las necesidades identificadas.

Como ya están en las aulas quienes habrán de graduarse en el período 2011-2015 —y ante la posibilidad de que en algunas de las actuales carreras la demanda de profesionales de un municipio o provincia sea inferior a las proyecciones de graduados para esa etapa—, se trabaja en la recalificación y reorientación, en aras de que sea mayor la correspondencia entre los graduados y las demandas de fuerza de trabajo.

«Un aspecto de significativa importancia para lograr esa respuesta —expresó el Doctor Pedro Horruitiner— está en la posibilidad de utilizar la flexibilidad de nuestros actuales planes de estudio para adecuarlos a esas demandas, sin afectar la cualidad esencial de la carrera, que se asegura con el cumplimiento de la parte común, obligatoria para todas las universidades que la imparten».

¿Qué sucede con los graduados de los años terminales en cuyos casos ya no sean posibles esos ajustes al nivel que se requiere?

La vía —dijo— deberá ser la del adiestramiento laboral, a través del cual el egresado dispondrá de tiempo suficiente para complementar la formación alcanzada en su carrera y así poder desempeñarse exitosamente en su puesto de trabajo. Lamentablemente -—enfatizó— es cierto que ese espacio no se utiliza, como se debiera, por parte de muchas entidades laborales; aunque no faltan los ejemplos positivos.

Culminada la etapa de adiestramiento laboral, y sobre la base de la formación ya adquirida y las necesidades de los puestos de trabajo, las entidades pueden encauzar, en función de sus necesidades, a los  profesionales a estudios de superación de posgrado, con el fin de lograr la especialización requerida en cada caso.

A fin de cuentas, resulta clave —resaltó Horruitiner— «continuar avanzando en el perfeccionamiento de la demanda de plazas para el ingreso a cada una de las carreras universitarias en los próximos años, en un trabajo integrado  que incluya las áreas en las que existan mayores déficits de graduados, así como aquellas en las que los niveles de graduados satisfagan esas necesidades».

Otro ángulo esencial

El estudio compartido por el ingeniero Mario Miranda, también abarcó el nivel educacional de la Enseñanza Técnica y Profesional, donde se forman técnicos medio y obreros calificados para todos los sectores de la economía.

En este nivel las políticas aplicadas para asegurar a los graduados de noveno grado la continuidad de estudios, han conducido a la formación de técnicos medio en un grupo de especialidades (como Comercio, Gastronomía, Informática, entre otras), en cifras superiores a las que realmente demanda el desarrollo económico y social del país.

En el caso de los obreros calificados la situación es diferente para un grupo de especialidades vinculadas a los sectores de la construcción y la agricultura, donde a pesar de haberse logrado matrículas superiores en los cursos 2008-2009 y 2009-2010, las proyecciones de graduados no satisfacen la demanda identificada para dicho período.

«Los resultados anteriores —comentó Miranda— indican la necesidad de realizar un balance entre la disponibilidad y la demanda de graduados, lo cual se está llevando a cabo actualmente para identificar los excesos o déficits.

«Así podrán definirse las estrategias a seguir en cada provincia, relacionadas con la recalificación o reorientación profesional de esos estudiantes a partir de sus necesidades y prioridades de desarrollo económico y social. Se trata de un balance que es herramienta de trabajo cardinal para planificar y dirigir el empleo en cada territorio».

Al encender la luz larga, puede irse viendo el reto que aguarda a nuestra sociedad para los próximos años: buscar y lograr el equilibrio requerido entre la formación de estudiantes en las diferentes carreras, especialidades, y las necesidades y posibilidades de empleo en cada territorio, a partir de una planificación coherente de la fuerza de trabajo calificada.

Esta fuerza que entraña riquezas, cuyo valor se acrecentará en la medida en que se hagan cada vez más palpables el envejecimiento de nuestra población y los retos que impondrá el desarrollo económico y social del país.

Enfrentarlos implica estar preparados, y para ello, la voluntad de superación deberá acompañar, como buen sello, cada ajuste que la Isla emprenda.

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