Por qué escogí a Cuba

Giustino Di Celmo, que cumple este viernes 90 años, narra las circunstancias que le impulsaron a venir a nuestra patria, donde su hijo Fabio muriera víctima de un atentado terrorista

Autor:

Luis Hernández Serrano

«Vine a Cuba por la convicción de que el socialismo verdadero no podía morir. La humanidad debía avanzar y no estancarse, para no retroceder».

Giustino Di Celmo, vital y lúcido, cumple este 24 de diciembre 90 años de haber nacido en Salerno, al sur de Italia, el 24 de diciembre de 1920.

Fue la caída del socialismo y el derrumbe de la URSS lo que le impulsó a venir a la Isla. Estaba en una ciudad turística de la entonces República Socialista de Checoslovaquia, encerrado en la habitación de un hotel. Había ido a pasar unas cortas vacaciones para darse unos baños termales, como parte del tratamiento de su diabetes.

«Al comenzar aquel drama estuve pegado al televisor, para enterarme de las noticias. Me movía en el cuarto ¡como un león enjaulado! Esperaba que los verdaderos comunistas tomaran de nuevo el poder».

En la habitación que ocupaba en el Hotel Palace, en la ciudad termal de Luachovice, de la Eslovaquia del Sur, llevaba una semana. Había ido hacia allí desde su oficina de trabajo en Praga.

«De modo casual, en un Banco, me encontré con un ex viceministro del Gobierno socialista checoslovaco asentado en Praga, al que me unía una fuerte amistad. Era Yaroslav Yakubez, fallecido hace varios años. En aquel momento era el director general de Relaciones Públicas de la sucursal en Praga del famoso Bank of Austria.

«Hablamos del desastre socialista, y me contó que durante su período de viceministro tuvo mucho contacto con ese establecimiento bancario y que, después de la caída del Gobierno socialista, su amigo, el director general del mismo, le ofreció ese cargo.

«Yaroslav me invitó a su casa. Me presentó a su esposa y me dio la impresión de que ella sentía un pánico reprimido. Fue mi amigo quien se encargó de despejar la incógnita, y me contó que hacía tres días había recibido una desagradable “noticia”.

«Estaba sola, tocaron a la puerta y al abrirla se vio ante un hombre de cierta edad, con una expresión de pocos amigos en su cara, quien, sin saludarla, y en forma muy amenazante, le dijo: “¡Yo soy el dueño de esta casa! El Gobierno comunista de Praga me la confiscó y vendré en estos días a que me la devuelvan, porque ya el socialismo se cayó también aquí”. Y al afirmar esto dio media vuelta y se marchó.

«Entonces yo era uno de los mejores proveedores de muebles para habilitar los hoteles en toda Checoslovaquia y le dije a Yaroslav que podían estar los dos tranquilos, porque yo, gratuitamente, amueblaría la nueva vivienda que buscaran si los sacaban de aquella».

Venir a Cuba

«Me vino a la mente la idea de ir hacia otro país socialista para ayudar a su pueblo. Tenía entonces 71 años y juré hacerlo. Pensé escoger entre Vietnam, Corea del Norte y Cuba. Escogí la Isla porque yo había vivido diez años en la Argentina y entendía y hablaba el español. Además, obedecía a mis principios éticos y políticos.

«Tomé esa decisión sin sospechar siquiera que defender la libertad y la justicia de esta tierra tenía sus riesgos, y que aquí iba a perder a un hijo.

«Mi amigo Yaroslav calificó mi decisión de buena. Me dijo que este país lo merecía, y me contó que él tenía a un amigo cubano, Manuel Vilasosa, al que conoció en la Embajada de Cuba en Bulgaria, y me estimuló a escribirle una carta. La hice, la traje a Cuba, lo encontré y se la di».

Él fue una tarde a la habitación de Giustino en el hotel Copacabana, de donde llamó por teléfono al amigo checo y comprobó que todo era verdad. A partir de la muerte de Fabio, Giustino decidió también morir en Cuba.

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