La tierra, cuestión de familia

Para los muchachos que terminan el Servicio Militar Activo, cada año se diversifican las propuestas laborales. El otorgamiento de tierras en usufructo es una de ellas

 

Autor:

Sonia Regla Pérez Sosa

Desde hace unos meses, para Yosley y Yadier el sol sale a la misma hora. Su amanecer muestra colores y sonidos exactos, a pesar de no compartir el lugar de residencia. Casi al unísono, y sin conocerse, comienzan el día. Una misma esperanza los motiva: cultivar la tierra como usufructuarios.

Hace algún tiempo estos jóvenes terminaron el Servicio Militar Activo (SMA) y, como muchos otros en el país, escogieron convertirse en agricultores. Para ambos, la faena en el campo no les era ajena. Sus familiares les habían inculcado el amor por esta forma de vida. Y por supuesto, «saben defenderse».

Ambos reconocen lo difícil que resulta el trabajo agropecuario cuando el esfuerzo va más allá de lo decible y permisible, y para trabajar sacan fuerzas escondidas de no saben dónde, pero al final, son recompensados.

Su industria sin techo hay que verla crecer poco a poco hasta recogerle los frutos. Mas, a pesar de las semejanzas de los esfuerzos diarios, las diferencias van implícitas.

Recursos iniciales

Los veinte años de Yosley Piqueira Martínez son fácilmente apreciables. Hace solo tres meses se licenció del SMA y ya pone en práctica lo aprendido.

Hoy, en las montañas artemiseñas, siente el respeto y cariño de sus compañeros de faena, algunos de los cuales lo vieron nacer. El sol diario ha unido voluntades y formado al hombre en tiempo récord.

Incorporarse como obrero agrícola a la CPA Niceto Pérez, de San Cristóbal, constituye «el impulso necesario para aprender las cosas nuevas de la tierra. Por eso, aunque me lo propusieron, no quise ser usufructuario. Aún necesito ganar en responsabilidad y conocimientos sobre los cultivos y sus ciclos, el suelo, el trabajo duro y serio», comenta.

«Trabajar con personas más experimentadas que yo me permitirá aprender y, dentro de algún tiempo, poder acogerme al Decreto Ley 259 y tener mi pedacito», continúa.

Lograrlo depende de unir voluntades y saberes. Preparar el terreno lleva mañas campesinas a las que el joven quiere aferrarse.

Ciclos compartidos

Yadier Zahada Lugo, por su parte, casi tiene en sus manos el certificado de propiedad de tres hectáreas de tierras que le fueron entregadas en condición de usufructuario.

Según el Decreto Ley 259, referente a la entrega de tierras ociosas en usufructo, él podrá utilizarlas «en forma racional y sostenible de conformidad con la aptitud de uso del suelo para la producción agropecuaria».

Esta posibilidad laboral fue resultado de largos años de enseñanza práctica —al lado de su hermano Yudier, con cuyas tierras colindan ahora las suyas— y de labores, junto a su jimagua Yainier, con quien comparte responsabilidades.

Tatica, como algunos lo conocen, pidió tierras para criar ganado caprino, como su hermano mayor. Trabajar juntos le ha enseñado cómo saltar las dificultades y hacer suyas las enseñanzas de años anteriores cuando, machete en mano, hicieron de 11,43 hectáreas, casi infranqueables, el hogar de 57 pies de cría de ganado caprino, en menos de dos años.

Según Francisco Falcón Gutiérrez, director municipal de Atención a Combatientes de San Cristóbal, «la mayoría de los muchachos usufructuarios se incorporaron primero con sus familiares u otros conocidos, y al ver los resultados obtenidos, pidieron un pedazo de suelo para trabajarlo».

De esta forma se ampliaron caballerías, deberes y esperanzas, pues «los nuevos terrenos tienen buen vegetal, están descansados y son muy cultivables. Sin embargo, no ha faltado la limpia del marabú y el cercado», expresa el mayor de los hermanos.

Hacer crecer y producir el ganado en este terreno será para Yadier el resultado de mucho esfuerzo y sacrificio conocido.

Apuntes necesarios

Insertar laboralmente a los jóvenes en el campo ha sido una de las tareas enfrentadas por Drialismay Azcuy Triguero, técnica en gestión de recursos laborales de la Dirección Municipal de Trabajo en San Cristóbal.

Desde hace unos meses, la puesta en práctica del Decreto Ley 259 y el Decreto 282 del Consejo de Ministros, permitió que ocho muchachos licenciados en febrero, hayan optado por esta posibilidad y laboren la tierra como usufructuarios.

Lo primero fue localizarla para ver a quién pertenecía, si podía ser otorgada, y estudiar las condiciones y posibilidades de hacerlas producir. Después, acudir a la Delegación Municipal de la Agricultura para realizar el convenio como campesinos. Y, posteriormente, esperar por la decisión de las comisiones que aprueban la entrega del certifico de propiedad.

Asistir a las siembras, observar los rendimientos, averiguar cómo las cuidan y las hacen producir, son algunos de los métodos utilizados por las direcciones municipales de Trabajo y las de Atención a Combatientes y familiares, para sistematizar el vínculo con los jóvenes.

«No obstante, nuestro interés común comienza cuando ellos inician el SMA y termina un año después de su licenciamiento», explica la técnica Drialismay.

Incluso, meses antes de salir de las unidades militares, como parte del proceso de inserción laboral, la Dirección Municipal de Trabajo hace un recorrido donde les comunica a los soldados las ofertas y estos manifiestan sus intereses.

«Hasta ahora todo ha salido bastante bien, pero el proyecto comienza. Cuando venga la otra inserción estaremos más preparados, brindaremos mejores respuestas y explicaciones sobre el trabajo y su incorporación», manifiesta la joven.

«Los resultados, en la medida en que mejoren, lograrán la incorporación de otros jóvenes como Yosley y Yadier, para quienes hacer producir la tierra y acabar con el marabú, también es cuestión de familia», especifica Falcón Gutiérrez.

Experiencias extendidas

A partir de las transformaciones producidas en el sistema laboral del país, los ministerios del Trabajo y Seguridad Social y de las FAR, han trabajado por incrementar las opciones laborales de los jóvenes licenciados del SMA.

En virtud de ello, y a partir del Decreto Ley 259 y del Decreto 282 del Consejo de Ministros, se implementa de forma experimental la posibilidad de otorgar tierras en usufructo a descendientes de campesinos y trabajadores agrícolas; a técnicos de nivel medio, graduados en institutos politécnicos agropecuarios, interesados en hacerlas producir una vez concluido su plazo de servicio.

Este experimento constituye una nueva opción de inserción laboral. Hoy, se trabaja en unidades del Ejército Juvenil del Trabajo y de una Gran Unidad de la Región Occidental. En ellas se realizaron visitas y entrevistas para orientar y dar a conocer los objetivos de esta nueva alternativa.

«Como resultado de estas acciones existen jóvenes interesados en la tenencia de tierras en Camagüey, Las Tunas y Granma», expresa el teniente coronel Elson Labrada Cruz, de la Dirección de Organización y Personal del MINFAR.

Para convertirse en usufructuario por esta vía, «el joven será avalado por el jefe de la unidad, quien certificará su conducta durante el cumplimiento del SMA», apunta el teniente coronel.

«Además, continúa, el beneficiario será atendido directamente por el Delegado Municipal de la Agricultura. Y como un reconocimiento adicional, se exonerará del pago de la Certificación Catastral expedida por la Oficina de Hidrografía y Geodesia».

De esta manera, se agilizarán y oficializarán los trámites. Así, los plazos establecidos para la entrega de suelos se acelerarían, conforme a lo dispuesto en las indicaciones No. 11 del Ministro de la Agricultura y la Resolución No. 231 de la Ministra de Finanzas y Precios, ambos del 2011.

Por lo tanto, los muchachos que se licencien en julio-agosto de 2011, de las unidades seleccionadas, serán los primeros en convertirse en usufructuarios por dicho procedimiento, el cual se generalizará al resto de las unidades a partir del primer semestre del 2012 para todos los que opten por este beneficio y sean merecedores del mismo.

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