¿Historias de papel? (+ Fotos)

El aseguramiento de la bibliografía en las universidades del país discurre hoy entre la lógica dialéctica de la actualización constante que demanda el desarrollo del conocimiento, y la necesidad de completar los módulos de textos en cada una de las especialidades

Autores:

Zenia Regalado
Margarita Barrios
Odalis Riquenes Cutiño
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández
Dayron Chang
Litzie Álvarez Santana

Elena Beltrán López, estudiante de la carrera de Letras de la Universidad de Oriente, busca desesperadamente libros de Lingüística. «La fecha del examen se aproxima y los textos básicos para el cuarto año no están dentro del módulo que nos entregaron. Los ejemplares con los que cuenta la biblioteca son muy pocos y deben compartirse entre una gran cantidad de alumnos, no solo de mi aula, sino de otras carreras que también los utilizan.

«Lo mismo ocurrió el curso anterior con la asignatura de Teoría Literaria, una de las más importantes del programa y que además no tenía ninguna obra impresa; menos mal que la mayoría de su contenido estaba digitalizado, gracias a la labor de los profesores, que buscan en Internet para ofrecernos un compendio en el que podamos apoyarnos».

Según la estudiante santiaguera, la literatura pasiva, que son en su mayoría los manuales con materias teóricas, se encuentra desactualizada. «Enfrentamos dificultades a la hora de estudiar el período histórico de la Antigüedad, pues son libros muy viejos y de los cuales se han realizado escasas impresiones.

«Eso sin mencionar lo difícil que se nos hace el aprendizaje de las letras clásicas, como el griego y el latín, ya que no se cuenta con los diccionarios necesarios para profundizar en la temática.

«Igual ocurre con literatura del siglo XX, y muchas otras obras que debemos analizar».

A Leidis Vázquez, futura abogada que cursa su cuarto año también en la Universidad de Oriente, le ocurre algo parecido con la materia de Derecho Económico. Durante su autoestudio comprobó que el libro que le habían entregado para prepararse no tenía nada que ver con lo que le estaban evaluando.

Lisandra Ferrer, de cuarto año de Periodismo, también se enfrenta a un dilema semejante. En su aula muchas veces hay que compartir un libro entre dos y hasta más compañeros, sin contar las ocasiones en las que se divide el grupo entre los que están becados y los externos, pues solo hay dos ejemplares y se deben entregar varios trabajos en un corto plazo de tiempo.

Tal realidad no es privativa del Oriente del país. En la Universidad Hermanos Saíz, de Pinar del Río, igual hay alumnos que lamentan no contar con determinados textos, pues no en todas las materias hay uno para cada uno.

Leonel Reyes Díaz es jefe de brigada de dicho año y refiere que lo malo es cuando llegan los exámenes, pues el que no tiene el texto es el que más se perjudica. Señala como opción los materiales que se colocan en soporte digital y pueden consultarse en los laboratorios de Computación, «pero cuando hay mucha gente, te demoras».

Desafío permanente

Entre la lógica dialéctica de la actualización constante que demanda el desarrollo del conocimiento y la necesidad de completar los módulos en cada una de sus especialidades, anda hoy el aseguramiento bibliográfico de la Universidad cubana.

Desde hace aproximadamente 12 cursos escolares, según datos ofrecidos por el Doctor Pedro Hourrutinier, director de Formación Profesional del Ministerio de Educación Superior (MES), unos 3 200 textos básicos intentan cubrir el gran desafío de servir de soporte a las diferentes asignaturas que apuestan por la formación de profesionales competentes, empapados de lo más actual de sus respectivas carreras.

Aunque existen materias básicas como Matemática o Física, cuyo nivel de reimpresión es mucho menor; las particularidades de un amplio espectro de especialidades hace que los textos varíen de un curso a otro. En ciencias como la Informática, por ejemplo, en seis meses un libro puede quedar sustancialmente desactualizado.

Intentando responder a la demanda, todos los años se producen libros que en implacable espiral envejecen.

La actualización de los planes bibliográficos en la Educación Superior cubana, como asegura el Doctor Pedro Hourrutinier, es una tarea permanente. Y el esfuerzo por publicar todo lo más posible, también.

Compartir permanente

Amplio y diverso es igualmente el espectro en el que se concreta la actualización bibliográfica en la cotidianidad de las aulas universitarias. Situaciones como que los alumnos que concluyen no entregan los libros, también generan dificultades.

«Se toman medidas disciplinarias para evitar esto, como que deben pagarlo o reponerlo, porque de lo contrario no reciben la nota de la asignatura, pero ello no ha resuelto la situación totalmente, apunta la vicerrectora docente de la Universidad de Pinar del Río, Teresita Díaz Domínguez.

«Ahora hemos buscado otras alternativas: si se te pierde un libro, no puedes reincidir, y si vuelves a caer en esa falta se toman otras medidas que inciden en la evaluación integral del estudiante. Hay que pensar que quien viene detrás también tiene el derecho de encontrar los materiales necesarios», recalca.

Ocurre también que todavía hay profesores que por no revisar sistemáticamente las bases de datos de la Intranet, en las que se lleva un reporte de la bibliografía en existencia, no incluyen los nuevos libros en el módulo de sus asignaturas.

Reylis Grinán, estudiante de Periodismo de la Universidad de Oriente, le da igual importancia a la distribución de los textos. «No puede olvidarse —sostiene— que el día de la entrega de los libros no debe coincidir con el horario de clases, para que ese momento no se vuelva una competencia».

Maykel Santovenia, alumno de cuarto año de Economía y presidente de la FEU en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Cienfuegos, razona que aun cuando la gestión organizativa del profesor y de la institución en su conjunto debe seguir mejorando cada día, lo que más afecta el trabajo con la bibliografía es el insuficiente número de computadoras con las que se cuenta, ya que la mayoría de los textos complementarios, incluso algunos básicos, están en formato digital.

Y Lisyeni Rivero Calvo, estudiante de cuarto año de la carrera de Lengua Inglesa en territorio sureño, defiende la idea de que se siga privilegiando el texto impreso, es decir, el libro en su formato tradicional.

Mac Johnson Usuatueu Roblejo, de la Universidad Médica santiaguera, aboga por la responsabilidad estudiantil: «Como educandos debemos estar conscientes de que el cuidado de los libros es una obligación en aras de garantizar que los que están en años precedentes no obtengan materiales mutilados. Es importante que se tomen medidas disciplinarias con aquellos jóvenes que por ahorrarse trabajo les arrancan páginas a los textos o a los que simplemente al final del semestre o de la carrera, no los entregan».

Lisandra Castillo, de Comunicación Social en la Universidad de Oriente, opina: «Es necesario que haya una correspondencia entre las necesidades bibliográficas de los alumnos y los materiales que se incluyen en los módulos o que están en la biblioteca, lo que impone una interacción constante entre los directivos y profesores que atienden esta esfera».

Donde falla la comunicación interna y la búsqueda de estrategias pueden suceder situaciones como las que relata el estudiante de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Santiago de Cuba, Dante Miraglia: «Es increíble que algunas veces uno encuentra textos de excelente calidad, a muy altos precios, en las librerías de la calle, los cuales además son imprescindibles para la carrera, y no aparecen en ningún lugar dentro de la escuela».

Alternativas

El asunto es tan complejo como especialidades existen, y está mediado por las condiciones concretas de cada centro de altos estudios. En la sexagenaria Universidad de Oriente, por ejemplo, con 34 carreras y una matrícula de 14 941 alumnos, y donde este curso se imparten más de 2 047 asignaturas, la situación es verdaderamente retadora.

Como explica la Doctora Lizett Pérez Martínez, vicerrectora docente de este centro, «hay carreras y asignaturas, sobre todo nuevas carreras como Agronomía e Ingeniería Industrial, que no tienen hoy un texto para cada estudiante, pero hay aseguramiento bibliográfico para el ciento por ciento de las asignaturas, tanto en la sede central como en las sedes universitarias de los municipios».

La actualidad, según la directiva, no solo está en los libros de texto, sino en la información que el profesor busca y le ofrece al alumno en soporte digital.

«Puede ser que el estudiante no tenga el libro que aprobó la Comisión de Carrera porque no haya llegado aquí todavía, pero tiene a su alcance aquellos textos que usaba antes como básicos, a los que hoy llamamos complementarios, además de un volumen de información digital que se pone a disposición de los estudiantes en los laboratorios de cada carrera y en los Joven Club de Computación en los municipios».

El ingeniero Álvaro Vázquez Sedano, asesor de Literatura de la Dirección Docente Metodológica de la Universidad de Oriente, precisó:  «en los últimos tres años hemos recibido más de 150 títulos por curso; en este ya tuvimos tres entregas de 96 títulos y 40 075 ejemplares, en algunos casos textos básicos. Esa literatura impresa fue complementada con los 204 444 libros que tuvimos en la red el pasado curso docente, escaneados o bajados de Internet, y otros 254 040 materiales, monografías y otros trabajos preparados por los profesores».

Las dificultades con el ancho de banda para el acceso a Internet de esta institución, la más grande de su tipo en el Oriente, en opinión de los directivos limita la rapidez en la búsqueda de la información, y el reducido número de máquinas con que cuentan los laboratorios de Computación es hoy otro valladar a la hora de materializar el nivel de actualización a que se aspira.

En el caso de la Universidad Hermanos Saíz, al occidente del país, Teresita Díaz Domínguez, vicerrectora de Formación Profesional, detalló que en el centro tienen bien identificados 30 libros sin cobertura de texto básico, pero ello no significa que no haya materiales para consultar, ni que las asignaturas no tengan algún tipo de aseguramiento bibliográfico, porque esa es la responsabilidad del profesor: indicarles a los alumnos dónde está.

Otra variante es que el profesor escanee los títulos y los coloque en la biblioteca. En esta instalación pinareña abrieron una sala de navegación con cuatro máquinas mediante las cuales los estudiantes pueden acceder a la plataforma Model, en la que se colocan diferentes materiales, y se ha extendido su horario hasta las 12 de la noche. En ella, los jóvenes también pueden entrar a la red MES de todas las bibliotecas de las universidades del país.

Desbrozar el camino

La actualización bibliográfica, explica el Doctor Pedro Hourrutinier, depende mucho de la carrera. Hay asignaturas que por su dinámica no admiten un libro de texto, porque mientras lo escribes, editas y publicas, al cabo de un año ya sale desactualizado.

«Para ese tipo de asignatura, que no son pocas, lo indicado son los materiales que se bajan de Internet, artículos científicos y revistas especializadas. Cuando publicamos un libro lo hacemos con la certeza de que tiene un nivel de actualización determinado».

No obstante, al decir del funcionario del MES, el eje central de este proceso es el profesor. «Para nosotros es muy importante que el profesor esté al día en su materia, porque puede resolver los problemas de un libro con materiales complementarios y con lo que él hace en el aula.

«El primer día de clases de cada semestre, todos los profesores tienen la indicación del MES de decirles a los estudiantes con qué libros van a contar para la asignatura. La forma en que se les distribuirá o si está en la biblioteca o en la red, y cómo acceder a las guías de estudio que elaboran los profesores y los materiales complementarios.

«Adicionalmente tenemos un esquema en el que todas las asignaturas se montan en plataformas en la red de las universidades.

«Es un espacio al que el estudiante puede acceder para buscar toda la información que necesita en relación con su asignatura. Estas plataformas se llaman interactivas, porque tienen un espacio de diálogo con el profesor, que pone allí temas para el debate y se pueden discutir sin tener que estar en el aula.

«Lo que pasa es que no tenemos ni la cantidad de computadoras que necesitamos, ni el ancho de banda suficiente para que eso funcione idóneamente, debido al bloqueo económico financiero que impone a la Isla hace más de medio siglo el Gobierno norteamericano».

El día de nuestro sondeo encontramos la biblioteca de la universidad pinareña —que tiene tres áreas— completamente llena, y advertimos que hasta en los pasillos han habilitado asientos para las consultas, en lo que han llamado sala abierta. El mes pasado esta tuvo la visita de 2 340 estudiantes.

Abel Gómez Méndez, de cuarto año de Telecomunicaciones, estaba feliz el día de nuestra visita, porque encontró en ese espacio un texto que estaba en la biblioteca de la CUJAE.

En el corazón de la ciudad de Cienfuegos, a varios kilómetros de la sede universitaria central, también se acondicionaron dos laboratorios en los que pueden trabajar los alumnos externos. Se trata de una gestión que si bien no satisface todas las necesidades, al menos ayuda a paliarlas.

No menos valiosas pueden resultar las posibilidades de búsqueda y consulta de contenidos que se ofrecen en la sureña ciudad, con la apertura del Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Indagación (CRAI), en el que brindan diversos servicios.

Otro empeño fructífero lo ofrece la Universidad Médica santiaguera donde, como explica el estudiante Mac Johnson, a través del sitio web de Infomed se posibilita el acceso de los alumnos a las páginas especializadas e incluso a las internacionales en otros idiomas. «Gracias a eso nos actualizamos constantemente, porque muchos de los libros que tienen tópicos como el Tratamiento médico y la Farmacología quedan obsoletos muy rápidamente debido a los adelantos científicos y a los descubrimientos».

Entre otras alternativas, el Doctor Pedro Hourrutinier anunció que en estos momentos se trabaja en el desarrollo de un espacio para poner en la red todos los objetos de aprendizaje que se diseñan en los centros de altos estudios.

«Hace dos años se creó en las universidades un laboratorio de tecnología educativa con el propósito de generar materiales en soporte digital para el proceso docente. Estamos reorganizando todo eso, que es mucho, y estamos creando lo que se llama el repositorio de objetos de aprendizaje, al que, cuando tengamos una capacidad de acceso mayor, todos los estudiantes podrán entrar para actualizarse en torno a lo que se produce en nuestros centros.

«En estos momentos, aunque se acceda con más trabajo, se puede hacer. A partir de esta herramienta se puede encontrar lo que necesitas. Para avanzar más en ello se esfuerzan de conjunto la dirección de Informática del MES y todas las universidades. Hasta el momento, donde mejor se ha trabajado en este propósito es en la Universidad Agraria de La Habana, la CUJAE y la Universidad de La Habana».

La Doctora María Julia Rodríguez Saíf, metodóloga de la Universalización de la Dirección Docente Metodológica en la Universidad de Oriente, ofrece claridad sobre un necesario cambio de concepciones: «No podemos acostumbrar al estudiante a depender de un libro de texto; hay que matizar esta cuestión, sobre todo a partir del tercer año de las carreras, cuando empiezan las asignaturas especializadas del ejercicio de la profesión y que tienen que estar constantemente actualizadas con el devenir social y económico del país.

«Un libro impreso en el año 90 o en 2000, o una reimpresión de 2005, no está atemperado a la situación actual y al estudiante hay que formarlo con la concepción de un criterio de interpretación y transformación de la realidad; por tanto no puede estar atenido solo a un libro de texto.

«El mismo profesor con su actualización los obliga a buscar en la prensa, en Internet, la última información que hay sobre la asignatura, o a investigar para dar respuesta a determinadas temáticas que no se pueden cubrir con el libro de texto. El estudiante universitario tiene que estar motivado por buscar más allá del libro, donde hay conocimientos elementales básicos, porque eso le va a permitir completar su formación, para poder tener una visión transformadora de la sociedad. No podemos formar un profesional limitado, restringido, incapaz de buscar las vías para acceder al conocimiento».

La espiral de lo impreso

Desde el año 2008 hasta noviembre de 2011 han sido publicados un total de 1 126 títulos. El problema de la Universidad cubana, aclara el Doctor Pedro Hourrutinier, director de Formación Profesional del MES, no está en la capacidad poligráfica del país para imprimir, sino en su capacidad editorial.

«Existe una entidad que se llama Dirección de Política Editorial, que dirige el MINED, y de la que forman parte todos los organismos formadores: el MES, el INDER y el MINSAP.

«El MINED tiene Pueblo y Educación, y nosotros la Félix Varela; sin embargo, las universidades nos piden por año unos cien nuevos títulos, que son libros escritos por cubanos, y no tenemos capacidad editorial para procesar la cantidad de textos de los cuales se precisa.

«Estamos empeñados en resolver eso, con la creación de una red editorial donde podamos aprovechar la fortaleza que tienen las universidades para editar sus propios libros.

«Después que salimos del conflicto editorial, todo lo que llega a la poligrafía sale. Incluso a ellos no les conviene publicar cien ejemplares, sino mil, por el tipo de equipamiento que poseen. Los libros de poca cantidad tenemos que producirlos nosotros. Por eso la Félix Varela tiene también una industria.

«Otra situación es que a veces la industria poligráfica, por problemas de recursos económicos, no recibe todo lo necesario en tiempo, y un libro que debía estar en septiembre sale en diciembre; ese es otro problema que tenemos que sortear».

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