¿Los zapaticos caminaron por Cojímar?

José Martí pudo haber visitado las playas de Cojímar y haberse inspirado en lo que allí vio para componer Los zapaticos de rosa. Aunque no existe consenso entre los investigadores acerca del verdadero lugar que inspiró al Apóstol, algunos sostienen que en dicha localidad están aunados todos los elementos que el más universal de los cubanos mencionó en ese poema

Autor:

Alex Pérez Pozo

Cojímar es un pueblo que nunca tuvo un acto o ceremonia de fundación. Sus espacios, que evocan a la naturaleza con paisajes afrodisíacos, de vez en cuando son escondidos tras la urbanización que hoy impera en sus terrenos y arrebata la historia oculta entre sus muros.

Como mismo Santiago no se rindió ante su desafío en El viejo y el mar, las leyendas de este pueblo, que en sus inicios fue de negros libres e indios errantes, luchan contra el tiempo y el abandono de sus pobladores, porque sus construcciones e historias se están quedando a la deriva, y permanecen solo en los recuerdos de algunos de sus habitantes.

Pero la notoriedad de Cojímar no comenzó cuando Hemingway utilizó este pueblo como escenario de su novela, sino desde mucho antes: se remonta a la época en que los capitanes generales venían a veranear a sus casas, o desde la época en que supuestamente el Apóstol pudo haber visitado sus playas y haberse inspirado para su poema Los zapaticos de rosa en el escenario que allí vio.

Vigencia de contradicciones

A pesar de la hipótesis planteada en 1984 por el cubano Oscar Fernández de la Vega, gran historiador y estudioso de la obra martiana, en su libro La barranca de todos II, aún no existe consenso acerca del verdadero lugar que inspiró al Apóstol a escribir este poema.

De la Vega plantea que Los zapaticos… está inspirado, al menos su escenario, en las playas de Nueva York, Nueva Jersey y Rhode Island. Demuestra que en aquella época eran muy concurridas por la alta aristocracia, excepto Bath Beach, en Nueva Jersey, lugar donde José Martí vivió durante un tiempo.

Según de la Vega, la calle del laurel, por la que anduvieron Pilar y su madre, no es más que «una vía reflejada en —The Marquand Cottage— un dibujo de Mr. Hunt».1 Esta obra ilustra una mansión famosa con una gran arboleda en su jardín, donde «se levanta un árbol que podría ser un laurel, por lo menos en la mente del poeta… percepción inmediata, no impresión evocada esta vez»,2  sostuvo el investigador.

Otro reconocido historiador cubano, Leopoldo Barroso, citado y refutado por De la Vega en La barranca…, al referirse a Cojímar resalta: «por allá había un camino de laureles, casas con jardines y cocheras, diferencia entre el color de las arenas, y al parecer, un resto de barranca».3

Según se recoge en la memoria popular y como se muestra en varios mapas topográficos, la única carretera existente desde Guanabacoa hasta Cojímar, estaba amurallada por árboles que, ante la sensibilidad perceptiva del héroe, debieron resultar impresionantes. Eran arboledas con filas de laureles que durante la época pasada sirvieron como símbolo de la vía para nombrarla.

Pero este no es el único indicio que tienen en cuenta los historiadores que consideran probable la presencia de Martí en Cojímar. Oscar Fernández de la Vega hace referencia en La barranca de todos II a la hipótesis planteada por Barroso, quien en su texto Guanabacoa libre expone que «el poema evoca los momentos vividos en el año 1869, cuando su padre era el celador del barrio de la Cruz Verde, en Guanabacoa».4

Una nueva posibilidad

Algunos miembros de la Asociación Nacional de Historiadores de Cuba (ANHIC) de Cojímar, representados por Alejandro Pérez Núñez, llevan a cabo una investigación sobre este tema como parte del proyecto comunitario Huellas sobre el mar, el cual ha planteado entre sus hipótesis que el Apóstol se hospedó en Cojímar, en una de las casas de veraneo de Miguel F. Viondi, entre 1878 y el verano de 1879. Este lugar se encontraba frente a los baños de doña Pilar Samohano, dueña de los Helados de París y el Hotel Telégrafo, en la famosa acera del Louvre de La Habana.

Durante los primeros meses de vida de José Francisco Martí, su padre trabajaba como pasante en el bufete de don Miguel F. Viondi y Vera, prestigioso abogado de la época y dueño de casas de veraneo en Cojímar, con el cual el Apóstol estableció una amistad muy cercana. Este señor fue el único que le ofreció empleo tras su arribo desde Guatemala el 31 de agosto de 1878.

Viondi era además vicepresidente del Liceo Literario y Artístico de Guanabacoa, del cual Martí fue secretario, y la amistad entre ambos fue de tal magnitud que el Maestro llegó a calificarlo de «ejemplar amigo»,5 en carta fechada el 13 de octubre de 1879, luego de ser deportado por segunda vez hacia España. Asimismo, en otras misivas muestra el aprecio que sentía por este señor con calificativos de igual significado.

El sanatorio

Después de ser indultado por el Gobernador de la Isla en 1871, «Martí es diagnosticado con infecciones pulmonares y sarcoidosis»,6 una enfermedad granulomatosa sistemática.

«Precisamente las playas cojimeras eran las únicas en la época con balnearios privados, porque gozaban de un prestigio, por sus aguas medicinales, desde 1813. Entonces, estas pudieron haber sido visitadas por él cuando estuvo brevemente en Cuba en 1879», comenta Pérez Núñez.

Estos balnearios fueron construidos mucho antes que los primeros baños de La Habana, entre los que se encuentran los famosos Campos Elíseos del Malecón y que datan de 1902. Sin embargo, las costas de Cojímar seguían siendo las predilectas para las personas de la alta aristocracia y los propios capitanes generales durante la etapa veraniega.

Pero, ¿por esas arenas finas de la playa al este de la actual capital habrán caminado los zapaticos de Pilar?

¿Quién era Pilar?

Oscar Fernández de la Vega planteó que la niña que va siempre con su sombrerito de plumas «es María Mantilla»7.

«Sin embargo, durante el tiempo de la posible estancia de Martí en Cojímar, la memoria popular afirma que a los baños cojimeros de doña Pilar concurría María de Boada Sabatés, hija de don Joaquín Boada, quien vivía con grandes comodidades, tenía lujos, coches y aparentemente permanecía cerca de la playa y de las casas del señor Viondi», plantea el investigador Alejandro Pérez Núñez.

Y agrega que «la infante padecía de enfermedades respiratorias, por lo cual su padre invierte en terrenos de Cojímar y le construye la famosa Quinta Boada o Quinta de Pedralves. La influencia de esta familia en el poblado de Cojímar era tan grande que la esposa de don Joaquín decidió donar la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Monte de Carmelo, Virgen del Carmen, a la iglesia de la localidad.

La indagación llevada a cabo por este historiador concluyó que «exactamente del mes de julio de 1879, de acuerdo con los textos consultados en las Obras Completas. Edición Crítica, no existen fuentes documentales (cartas, textos periodísticos, etc.) del Apóstol. Las únicas misivas enviadas durante este tiempo tienen fechas del 12 de junio, y la siguiente del 7 de agosto de 1879. Esto nos hizo preguntarnos si estaría de descanso en Cojímar, devenido sanatorio de enfermedades respiratorias. Este pueblo probablemente fue recomendado por su familia, o por su íntimo amigo don Francisco Viondi, o tal vez por su experiencia personal».

Por otra parte, la investigadora cubana Paula María Luzón Pi considera que «si Martí se refería a “zapaticos de rosa” es porque él identifica este color con la infancia, los niños, todo lo que comprendía a su hermana Lolita, quien muere a los cinco años de angina de pecho mientras él estaba en el presidio».

«Tal vez, como las playas de Cojímar eran consideradas un sanatorio para este tipo de enfermedades y don Mariano Martí era el celador del barrio Cruz Verde en Guanabacoa, a Lolita la trajesen aquí, y por eso es que dedica estos versos al amor en rosa que sentía por ella, destaca el investigador Pérez Núñez.

«También la niña protagonista de este poema puede ser la hija de la baronesa Pilar Samohano, dueña de los famosos baños de mar de Cojímar, a quien muchos llamaban Pilariña. Aun así Mademoiselle Marie, a quien está dedicado este poema, es una incertidumbre para la historia rodeada de suposiciones», agrega.

Con respecto a las personas presentes en la playa, Martí destaca extranjeros en los alrededores. «Y está comprobado que en Cojímar la presencia de foráneos mayormente provenía de España, Asia, otros de Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda y México, así como de Venezuela, Italia, Francia y Rusia»,8 sostiene Alejandro Pérez.

Los detalles del paraíso

Cuando Martí se encontraba en España, y antes de escribirle a su esposa, le comenta a Viondi, en carta del 13 de octubre de 1879: «…ni escribir quiero mis memorias,—porque hasta las que escribo me hacen falta para calentarme el alma en la soledad (…) nunca olvidaré aquellos días de animado bufete, ni las heridas que usted me curó, ni la fortaleza que usted me reanimó, ni aquella unión entrañable —no en mí perecedera— en que vivimos. Sean para V., como para mí, las obligaciones nuevas de cariño! —Ayer vi un encantador sombrero blanco. Pensé en Julita (hija de Miguel Viondi). Y en mi hijo».9

Para el estudioso Alejandro Pérez «el sombrero blanco pudo ser el que tuvo como referencia para destacar en la niña de Los zapaticos… y así recordar a la hija de su entrañable amigo y a su pequeño José Francisco Martí y Zayas Bazán, quienes, en las etapas de veraneo, probablemente descansaban en las playas de Cojímar.

«Cada detalle escenificado es manifiesto en la vida que tenía, de la experiencia que lo pudo haber acompañado durante las estancias con su hijo, tal vez, antes de partir de Cuba en septiembre de 1879», agrega.

El poema fue publicado en la primera edición de La Edad de Oro en julio de 1889, diez años después de la supuesta estancia de Martí en las playas de Cojímar. Pero en carta a Viondi, con fecha del 18 de noviembre de 1879, el Apóstol le anuncia a su amigo: «reúno cuidadosamente todos esos datos que puedan serme útiles para la obra que desde hace años intento».10

Otros aspectos importantes que menciona pudieran referirse a la topografía de las playas de Cojímar. Sin embargo, Oscar Fernández de la Vega plantea que «el escenario es fruto de la visión de las costas norteamericanas»,11 para reflejar la sociedad de la época.

En el plano topográfico del Cojímar de 1850 y en el de 1919 se trazan elementos de la geografía que resaltan y concuerdan con la descripción hecha en el poema. Una de las propuestas de la hipótesis de Barroso plantea: «Martí y su familia hubiesen visto una puesta de sol desde la playa de Cojímar, con la elevación al oeste que pudo ser “el monte dorado” de la vigésima redondilla».12

En ambos mapas aparece una bahía bordeada por arena, con dos tonos interrumpidos por una sección de rocas y en el medio de la pequeña ensenada se impone un cayito de arenas blancas, El Cocal, como un islote que se comunica con la orilla. Se aprecia la desembocadura de un río en donde antiguamente se sentaban los pobres.

«Esta era la parte de la playa donde se reunían los botes de los viejos pescadores, como mismo lo hacían en las márgenes del cayo, donde las arenas eran más finas y las aguas más saladas», agrega el historiador Pérez Núñez.

Y asimismo, reafirma Barroso en el dibujo para Guanabacoa libre, «la calzada de los laureles queda entre la playa (al este) y un montículo (al oeste) que podía parecer dorado en la puesta de sol observada desde la arena».

«Cuando indica que “Lo alegre es allá, al doblar// En la barranca de todos” puede ser a la derecha de los baños de doña Pilar si nos fijamos en el mapa.13 Porque en ese espacio es donde estaba El Cocal y la orilla de la costa de los pobres, justamente donde está la barranca», afirma Alejandro Pérez.

Un cardinal de referencia

En otra estrofa, Martí menciona a Alberto el militar, quien salió en la procesión, con un tricornio y un bastón echando un bote a la mar. Oscar Fernández de la Vega propone que el soldado «pudo haber sido un militar o ex militar o ciudadano común y corriente, pero disfrazado de alguna de las carnavaladas o desfiles exhibicionistas de New Port, Estados Unidos».14

Para Alejandro Pérez «el tricornio, a pesar de que desapareció tras el fin de la Guerra de la Independencia Española en 1814, es reutilizado por la Guardia Civil en 1844 por orden del Duque de Ahumada. Esta decisión perseguía el realce del uniforme, y en la actualidad es utilizado para las ceremonias, o en determinadas ocasiones, por la Guardia Real. Por lo que existe la posibilidad de que haya sido utilizado también en la primera procesión efectuada en Cojímar».

El 16 de julio de 1879 en este pueblo se celebró uno de los eventos más importantes de la región de Guanabacoa, porque se realizó la primera procesión de la imagen de Nuestra Señora del Monte de Carmelo, debiendo ir custodiada por un militar, quien había de ir con su uniforme de gala; lo que, además, coincidía con las fiestas patronales del poblado.

Allí la imagen de la Virgen era engalanada, en un desfile por la calle que comunicaba a la playa, luego se colocaba en un bote y se mostraba alrededor de la pequeña bahía para bendecirla, porque ella significa la estrella del mar y la protectora de los navegantes.

«Coincidentemente, en Cojímar hay un torreón que servía para defender esta parte de la ciudad de los ataques de corsarios y piratas. Esta fortificación y otras que existieron en las inmediaciones de la costa debieron estar comandadas por militares españoles. Probablemente uno de ellos fue el mismo que custodió a la virgen, utilizó el tricornio en la procesión y luego Martí describió en su poema», considera Alejandro Pérez.

Martí describe una playa que tiene un ambiente de ricos y a uno de los lados había pobres. Contrasta la desigualdad que veía con sus propios ojos. Todo era pura percepción—precisa Alejandro Pérez—, no un escenario compartimentado en varias playas como presupone De la Vega.

«En Cojímar están aunados todos los elementos que él minuciosamente va mencionando en su poema: la calle del laurel, la presencia de extranjeros, el monte dorado, la arena fina, el águila simbólica en sus textos, Pilar, el tricornio, Alberto el militar y la procesión», infiere Pérez Núñez.

Y continúa: «El amor a la Patria que sentía Martí es tan grande que un homenaje de esta magnitud debería ser para las tierras que él defendió y, en Cojímar, son muchas las coincidencias de carácter histórico y geográfico mostradas en los versos, como una especie de reflexión autobiográfica de los acontecimientos que ocurrieron en julio de 1879 en este lugar. Además, cuál escenario, si no el de su Cuba, va a representar para los niños de América.

«Probablemente los momentos vividos aquí, de cierta forma son los que están manifestados en estos versos, porque en ellos se reflejan aspectos de su niñez, relaciones familiares, pasajes históricos, su hijo, sus amigos, la playa donde supuestamente compartió con todos ellos en diferentes momentos. La flora y la fauna que lo conmovieron, todo un escenario que inspiraría a cualquier poeta», concluye.

Tal vez esta fue la playa que él inmortalizó. ¿Quién sabe si no se pudo resistir a sus encantos y decidió escribirle este poema; o si Pilar es el reflejo de alguna de las personas que habitaron en este pueblo durante la época? Parece que la incertidumbre permanecerá, y solo en un fragmento de la historia local surgirá la verdad porque, probablemente, aquellos zapaticos caminaron por Cojímar.

Citas:

1 Fernández de la Vega, Oscar. En La barranca de todos II. Las playas en Los zapaticos de rosa de José Martí. Manuscrito de indagación psicosemiológica. 1984. p. 9

2 Ídem.

3 Ídem.

4 Ídem.

5 Colectivo de autores. José Martí. Obras Completas. Edición Crítica. Tomo 6. Editorial Oriente. Cuba. 2002. p. 117

6 Hodelín Tablada, Ricardo. Enfermedades de José Martí. Editorial Oriente. 2007

7 Fernández de la Vega, Oscar. En La barranca de todos II. Las playas en «Los zapaticos de rosa» de José Martí. Manuscrito de indagación psicosemiológica. 1984. p. 6

8 Refiere a Censo de población de 1853, del Archivo del Museo Histórico de Guanabacoa. 33-24 8-1

9 Colectivo de autores. José Martí. Obras Completas. Edición Crítica. Tomo 6. Editorial Oriente. Cuba. 2002. pp. 117-119

10 Colectivo de autores. José Martí. Obras Completas. Edición Crítica. Tomo 6. Editorial Oriente. Cuba. 2002. p. 122

11 Fernández de la Vega, Oscar. En La barranca de todos II. Las playas en «Los zapaticos de rosa» de José Martí. Manuscrito de indagación psicosemiológica. 1984.

12 Ídem. p. 8

13 Mapa de 1850 y Mapa de 1919. Área Topográfica de Cojímar. Archivo de Guanabacoa.

14 Ídem. p. 15

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