No debiéramos dejar que se extravíe el niño que llevamos dentro

El holguinero Guillermo Ovial Almaguer fue merecedor del premio Los zapaticos de rosa

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

RAFAEL FREYRE, Holguín.— Es el autor de la letra y la música de más de 250 canciones dedicadas, en su inmensa mayoría, a bosquejar los mundos infantiles. Durante los últimos tres lustros, al menos una de estas piezas resultó galardonada en algún que otro concurso anual especializado de carácter local o nacional.

Sin embargo, lo extraño es que, por más que se lo haya propuesto, Guillermo Ovial Almaguer Gay jamás en su vida ha podido «entrar en cintura» a instrumento musical alguno. Como reconocimiento a su sobresaliente labor en favor del desarrollo de la niñez y la adolescencia recientemente mereció el premio Los zapaticos de rosa, el cual otorga la Organización de Pioneros José Martí (OPJM).

Nacido en uno de los sitios más pintorescos del municipio de Rafael Freyre —en las mismas faldas de la Silla de Gibara, donde aún reside con su familia— Guillermo ha ejercido los más disímiles oficios: agricultor, chofer, constructor…, pero siempre ha estado dominado por la «incontinencia» de la creación musical y poética, en lo cual se considera un autodidacto.

A la par de su condición de promotor cultural, Guillermo se desempeña como jefe de Seguridad y Protección en una entidad agropecuaria perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Sin descuidar tan comprometido encargo, su tiempo libre lo emplea en la dirección de proyectos como la canturía infantil municipal Rayitos de Sol, y otro tanto de su tiempo lo ocupan los hijos y los nietos.

Fue en el año 1986 cuando compuso su primera canción, y desde entonces no se detiene. En las ediciones provinciales y nacionales del festival Cantándole al Sol es donde ha obtenido sus más importantes premios, incluido el de la Popularidad.

Temas de su autoría como El chofercito, Mis carritos o La musa viajera resultan antológicos, e incluso fueron llevados al videoclip. Por otro lado, uno de sus temas «adultos» más radiados, sobre todo durante las fiestas carnavalescas holguineras, es la guaracha Viejo, pero no solo.

«Para decidirse a escribir música infantil, lo primero es que puedas sentirte como un niño. Ponerte en el lugar de ellos, porque hay que recurrir sobre todo a esa etapa de la vida; lo segundo es haberla vivido y disfrutado mucho. Pienso que nunca debiéramos dejar que se extravíe completamente el niño que un día fuimos», aconseja Guillermo.

Al escudriñar sobre los «secretos» que guarda en el difícil arte de componer, su revelación no deja otra certeza que la de estar en presencia de un hombre con un talento innato, con un oído natural.

«Compongo la letra al mismo tiempo que la música, o viceversa. Me surge la idea y comienzo. Voy desarrollando entonces el tema que me tracé. Tampoco me detengo. Cuando la musa llega, me baja completa», asegura.

Como confirmaron algunos de sus colegas, lo curioso es que los únicos «instrumentos» que lo acompañan en esos instantes son el tamborileo de sus manos sobre la mesa y una silla, mientras tararea la recién nacida tonada.

Guillermo, cuyo verdadero apellido debiera ser «Jovial», así, con la jota de juventud, si nos atenemos a su casi sempiterno optimismo y buen humor, asegura que siente «un compromiso muy grande» con la OPJM.

«Entre los momentos más felices que he disfrutado en toda mi vida siempre cuento el de haber podido trabajar todos estos años junto a la OPJM. A mis casi 54 años me siento como un pionero más», aseguró.

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