Vecinos incómodos

Peculiaridades constructivas de algunas edificaciones, como ciertas existentes en Cienfuegos, propician que los murciélagos se conviertan en inquilinos habituales. Evitar sus daños a la salud humana, sin afectar el equilibrio ecológico, es reto y necesidad

Autores:

Litzie Álvarez Santana
Liudmila Morales Alfonso

CIENFUEGOS.— Como «monstruos» de la oscuridad han acechado la imaginación a lo largo de siglos. Mitos y leyendas los convirtieron en seres temibles o «chupasangres» que viven eternamente.

Rodeados de misterio, los murciélagos resultan continua fuente de paradojas. Duermen de cabeza, colgados por las patas, y ven con los oídos. Mas, necesarios servicios ambientales como la polinización y el control de insectos avalan su importancia para el equilibrio de la biodiversidad.

Gilberto Silva Taboada, investigador del Museo Nacional de Historia Natural, ha dedicado gran parte de su vida a estudiarlos y a sensibilizar a las personas con su protección. Con todo conocimiento de causa, contribuye a desmitificarlos.

«No son ciegos; ven por orientación ultrasónica. No es cierto que fumen y tampoco se alimentan de sangre humana. Pero sí existe la posibilidad de contraer alguna enfermedad cuando se está en asociación estrecha con ellos», comenta el experto.

Esta última afirmación deviene preocupación cuando las peculiaridades constructivas de algunas edificaciones, como ciertas existentes en Cienfuegos, ayudan a que los murciélagos se conviertan en inquilinos habituales. Evitar sus daños a la salud humana, sin afectar el equilibrio ecológico, es reto y necesidad

Peligrosa convivencia

Una de las aristas más peliagudas de la convivencia con los murciélagos, es el peligro a enfermar de histoplasmosis. El doctor Nelson Fernández Quintana precisa que «este padecimiento se deriva de una infección causada  por el hongo histoplasma capsulatum, que crece en el suelo enriquecido con la excreta de murciélagos o de pájaros colectada por tres o más años, la cual produce esporas que se mezclan con el aire. Respirarlas causa la infección al igual que convivir con animales enfermos».

El experto añade: «Puede existir un período corto de infección activa, o hacerse crónica y propagarse por todo el cuerpo. En un pequeño número de pacientes, la histoplasmosis se vuelve generalizada (diseminada) y compromete la sangre, las meninges (cubierta externa del cerebro), las glándulas suprarrenales y otros órganos. Las personas muy jóvenes, muy ancianas o aquellas con un sistema inmunitario debilitado (debido al cáncer o un trasplante) están en mayor riesgo de padecerla».

Actualmente, en varias edificaciones cienfuegueras se reporta la presencia de murciélagos. «Hemos recibido quejas en algunos edificios y escuelas; y a los que lo solicitan les damos orientaciones de sellar las posibles entradas, pero según indica el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma) está prohibido la eliminación de las poblaciones, solo puede cambiárseles el hábitat, y nosotros no contamos con los métodos para hacerlo», explica el doctor Elibel Alonso Padrón, subdirector del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología en Cienfuegos.

Silva Taboada, experto que se ha dedicado al estudio de los patrones de refugios de las 26 especies existentes en Cuba, confirma que esto constituye una seria dificultad en todo el país desde hace un tiempo, ya que diez de estas especies incluyen a las edificaciones entre sus guaridas preferidas.

Iván Figueroa Reyes, especialista principal de Evaluación de Impacto Ambiental en la Unidad Provincial de Supervisión del Citma, apunta que «en Cienfuegos no hay estudios de cómo está la invasión, ni cuáles especies la realizan. Aunque sí se conocen algunas de las más representativas como molossus, o artibeus».

A su juicio, este territorio, como muchos otros del país, presenta características muy favorables desde el punto de vista arquitectónico para que algunas construcciones se conviertan en refugios.

«Hablamos de locales de puntal alto, con techo de tejas, muy antiguos, en algunos casos agrietados. Los pequeños espacios favorecen el desarrollo de colonias, sobre todo para individuos que prefieren los refugios de tipo C, o ligeramente calientes, para invadirlos todo el año», refiere Figueroa Reyes.

Corroboran tal tesis los especialistas Michael Alberico, Carlos Arturo Saavedra y Hugo García-Paredes, quienes en sus estudios sobre los murciélagos caseros —como también se les llama— describen ambientes favorables para las colonias: temperaturas entre 30° y 50° C, humedad relativamente mayor que la ambiental y ventilación deficiente.

Al argumentar las causas de su proliferación en el medio urbano, Figueroa Reyes destaca la reducción de áreas periféricas y naturales en el entorno de la ciudad, donde pudieran desarrollarse.

Perjuicios constructivos

Además de las afectaciones a la salud, los murciélagos ocasionan perjuicios constructivos. Dicha problemática pudiera agudizarse si no se realiza un adecuado manejo. Iván Figueroa Reyes aclara: «No se trata de acabar con la especie. Hay quienes hablan de fumigar, pero con eso no resuelves el problema».

Un ejemplo de tal realidad es el teatro Tomás Terry, en la cabecera provincial. Y más desafortunado resulta el día a día de los trabajadores del emblemático restaurante Palacio de Valle, quienes tienen que realizar limpiezas extra y desinfecciones debido a la acumulación de excremento de murciélagos.

Oscar Moya García, jefe de Brigada de Servicio en este último centro, relata: «Se han metido en la segunda planta, entre el yeso, contribuyendo al deterioro de la parte exterior. Hemos acudido al Centro Provincial de Higiene y Epidemiología y a la Dirección de Salud Pública, para ponerlas al corriente del asunto. En ocasiones dijeron que venían a poner motas de algodón con formol, pero nos quedamos esperando. Ahora se halla la institución en remodelación, tal vez llegue algún especialista».

Hilda Dorado Héctor, restauradora del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, coincide en ponderar la pertinencia del asesoramiento. «En el Museo Provincial, cuando se minó el techo buscamos orientación en los ministerios de la Agricultura y de la Salud, y en nuestra dirección nacional. Cuando colocamos luminarias enormes y algodones empapados en formol, logramos mudarlos».

Pero no todos respetan al pie de la letra la indicación de preservar la vida de los «invasores», sostiene Rosalina Montes Espín, inspectora ambiental del Citma, pues «ciertas entidades han tomado medidas extremas».

¿Invasores?

A la especialista Montes Espín no le gusta llamar invasores a estos animales, que representan la cuarta parte de las especies vivientes de mamíferos y superan a todos los demás en diversidad ecológica, densidad poblacional y distribución mundial. «En realidad quienes hemos invadido su espacio somos nosotros. Por ello sufrimos las consecuencias, una de estas, la convivencia».

En Cuba, según expertos, en sus 109 884 kilómetros cuadrados se albergan seis familias, 22 géneros y 26 especies de murciélagos, y existen cien veces más especies de estos por kilómetro cuadrado que en Canadá y Estados Unidos juntos.

La inspectora Montes Espín explica que los paradigmas de hoy en el mundo, para buscar armonía entre la vida silvestre y la humana, parten de un cambio de mentalidad.

«Debemos acabar de comprender la necesidad de eliminar las condiciones favorables para su instalación. Estas acciones requieren un estudio previo a las labores de urbanización, donde se analicen las especies de la zona y su densidad poblacional».

Montes Espín expresa la necesidad de empezar a plantear dichas alternativas dentro del quehacer cotidiano de los cubanos, más cuando se conocen las dificultades de convivir con estos mamíferos. Las vías para adaptarse a ellas provienen del conocimiento científico de los especialistas —que no escasean en nuestra Isla—, y las formas de diseñar gestiones ambientales, sociales y económicas, desde una perspectiva multisectorial.

En cualquier caso, el tránsito hacia posibles enmiendas se origina desde el conocimiento. Un inventario de todas las edificaciones afectadas para establecer diseños comunes entre el Minsap, el Minagri, el Citma y quizá las organizaciones de masas en las circunscripciones más afectadas, resulta un peldaño mencionado por Montes Espín en la escalera de soluciones a largo plazo. «No podemos sancionar a una persona por no tener conocimientos; las estrategias surgirán luego de aumentar la cultura sobre el tema».

Silva Taboada añade que «tenemos el compromiso de proteger a los ciudadanos de estos animales y viceversa, pero no ha habido acciones concretas. Por desconocimiento, pero también porque tenemos como práctica priorizar lo urgente».

En un manejo orientado a resolver los conflictos entre ambas especies residen las posibles soluciones, tan difíciles de concretar, hasta ahora, como el desalojo de los mismos murciélagos.

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