Aprovechemos las ventajas del socialismo

Defender los mejores valores de la cultura y la identidad nacional pasa por no descuidar el arte de hacer política. Crear una capacidad crítica sobre la oleada banalizadora que desmantela el pensamiento debe estar entre las prioridades de la UJC, de conjunto con otras instituciones. Ello centró el análisis del 5to. Pleno del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

No se puede separar a la Revolución Cubana de los jóvenes, como tampoco se puede separar de la cultura. Por ello es tan importante que el análisis del papel de estos dentro de la política cultural del país, con la participación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la Brigada José Martí (BJM), haya sido el tema a discutir en este 5to. Pleno del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

De ello está convencido el vicepresidente del Consejo de Estado  Esteban Lazo Hernández, quien presidió este domingo la última sesión de trabajo de la mencionada reunión, que tuvo lugar en la Escuela de Cuadros de la UJC Julio Antonio Mella. El encuentro puso una vez más en evidencia la importancia que le concede la organización juvenil a la formación de una cultura general e integral en cuadros, militantes y jóvenes.

Y todo ocurre, como manifiesta el informe presentado al Comité Nacional, en momentos en que «la frivolidad y el culto a las marcas, exhibidos como credenciales de modernidad y distinción social, y la aprobación por los más jóvenes de ídolos promovidos desde la llamada industria del ocio, es un signo de estos tiempos».

De ahí que el también miembro del Buró Político del Partido insistía en que «cada vez que se presente un fenómeno hay que buscar las causas. No atacar al fenómeno, sino eliminar la causa. Tenemos que dedicar mucho tiempo a pensar, y el cuadro de dirección deber ser un pensador permanente».

Justo a analizar con profundidad la imbricación de la cultura y su influencia en los jóvenes en la realidad cubana actual se dedicó el encuentro, donde Roilán Rodríguez, primer secretario de dicha organización en el municipio capitalino de Playa, reflexionaba cómo conseguir que los jóvenes cubanos hagan cada vez más suyas las organizaciones juveniles. «Una de las maneras es a través de la cultura, y cuando en Cuba hablamos de cultura, hablamos de ideología de la Revolución. Por esa razón es de suma significación acudir siempre a Palabras a los intelectuales, donde el líder de la Revolución Fidel Castro concluía que las nuevas generaciones serían las encargadas de decir las últimas palabras».

Es imprescindible intercambiar más con los jóvenes en la base, dijo Roilán. Los nuestros no pueden ser dirigentes de burós. Se trata de promover el diálogo, el intercambio franco. Hacerles saber que la CIA es el ministerio de Cultura de Estados Unidos».

En su intervención, Roilán recalcaba que el espacio que no ocupemos nosotros lo tomará el enemigo, mientras Esteban Lazo enfatizaba que el enemigo quiere acabar con la Revolución por medio de la subversión ideológica. «No podemos ser ilusos. Con unidad de acción, hay que llevar adelante una decisiva batalla cultural para defender la patria, la Revolución, nuestra identidad».

Alejar prejuicios y tabúes

El llamado a los dirigentes juveniles de Joel Padrón, al frente del Departamento Ideológico de la UJC en la provincia de Villa Clara, fue a atender sin prejuicios la enseñanza artística y al sector cultural. «Pero los cuadros debemos prepararnos integralmente, estudiar, intercambiar con los artistas, acercarnos a su obra. A veces pensamos que porque los jóvenes llevan tatuajes no pueden hacer revolución. Pensamos que con discursos conseguiremos ese acercamiento. Y no es que dejemos a un lado los conceptos, pero lo esencial es propiciar el diálogo».

Este dirigente juvenil se refirió al modo como la programación cultural de los territorios no tiene en cuenta, en ocasiones, la obra creativa de los jóvenes, que tampoco es suficientemente visible en los medios de difusión. «Esos también son espacios que perdemos, donde se reúne parte del universo juvenil, y sin embargo, no estamos siempre presentes», señaló Padrón, quien está convencido de que donde el Partido, el Gobierno, Cultura, Educación, las organizaciones juveniles..., trabajen de conjunto, difícilmente no se puedan resolver los problemas.

A romper el mito de que todo aquello que esté relacionado con la cultura es privativo de la esfera ideológica, convocó Liudmila Álamo Dueñas, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC. «Creemos que solo los miembros de la esfera ideológica deben estar preparados para intercambiar con los jóvenes creadores y los estudiantes de la enseñanza artística, cuando la cultura es el reflejo del quehacer del ser humano. Por tanto, todos los cuadros deben estar listos para el intercambio. Solo así podremos quitarnos de encima la etiqueta de que únicamente existimos para reunirnos y recoger la cotización.

«La UJC tiene el reto de seguir acompañando al sector cultural y seguir dialogando, por complejas que sean las condiciones, con las nuevas generaciones de creadores que se incorporan a la vida cultural del país, y con quienes la integran desde su labor cotidiana, en el entendido de que nuestro acervo cultural es escudo y espada de la nación».

Empujar el país

Roberlandy Verdecia Lambert, secretario de la UJC en la Universidad de las Artes (Instituto Superior de Arte), reconoció que en ese centro los jóvenes se han distanciado un poco de la organización, mientras cree que la FEU puede ayudar mucho más a transformar esa realidad. «Esta situación podría ser diferente si aprovechamos al máximo todos los espacios donde insertar a ese universo juvenil y sus creaciones artísticas. ¿Será que los jóvenes no se integran o que no les ofrecemos todas las oportunidades?

«La muestra más reciente la tuvimos en el Escambray espirituano, donde los estudiantes de la universidad de las artes pusieron de manifiesto la capacidad del ISA de invadir los espacios con arte, y de espiritualidad a las personas que más lo necesitan».

En esa línea de pensamiento Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la AHS, aseguró que «lo que mayormente desean los jóvenes artistas cubanos y aquellos que están en formación, es tener el público de frente, poder estar en los lugares donde más se urge de ellos. Sería muy saludable que se crearan brigadas artísticas que fueran a las montañas, a los lugares de difícil acceso, a ver y encontrarse con el país. Eso les cambia la vida a los artistas, porque se ponen en contacto con personas que se encuentran en una situación límite, y los hace crecer espiritualmente.

«Es imprescindible darles tareas para que se sientan responsables de que construyen el país desde la cultura y la ideología. Motivarlos a que empujen el país, que nos está pidiendo no perder la libertad, la justicia que hemos conquistado».

Gómez Triana también recalcó lo vital de la atención a los profesores de menor experiencia. «Existen grandes maestros, eternos paradigmas, pero hay que atender más intencionadamente a los más jóvenes, quienes están más abandonados; y los dejamos solos en una formación que debe ser pensada, elaborada, a partir de la gran influencia que pueden ejercer en sus educandos».

Como miembro de la dirección nacional, hizo uso de la palabra Pedro Pablo Cruz Echeverría, en nombre de la BJM, movimiento que, bajo la vigilancia de la UJC, no debe desvirtuar su función: influir en el gusto y en los modelos culturales de la población.

Recordaba Pedro Pablo, para quien la cultura es todo lo que la humanidad puede entregar, que esta y el arte deben apoderarse de las comunidades con más frecuencia, «y surgir de la confrontación con la realidad, construirse desde los públicos y sus necesidades. Que el arte sea el método para que la gente se transforme, para que se entretenga, pero también para que sea mejor. No es caer en las comunidades como en paracaídas sino integrarse a ellas.

«Y las escuelas deben ser, enfatizó, de una vez y por todas, el centro cultural de las comunidades, porque ellas portan todo el saber del hombre, es decir, la cultura».

También Carlos Rangel, presidente de la FEU, insistió en la necesidad no solo de potenciar más el movimiento de artistas aficionados, sino que este salga de los muros de la universidad para situarse en las comunidades, «pues tenemos que estar conscientes de que el arte y el disfrute cultural pueden multiplicar en los individuos no solo el goce espiritual, sino también las ideas, los sentimientos patrios.

«Al mismo tiempo, las universidades deben convertirse en espacios donde ganen mayor sistematicidad los debates en torno a temas culturales, como la manera en que los medios de comunicación constituyen la herramienta más poderosa usada por el imperio para manipular a las masas, al dar forma y moldear las opiniones y actitudes».

Defender nuestra identidad

Un ejemplo de cuánto puede aportar la cultura en las comunidades lo ofreció Ariadna Padrón al hablar por los brigadistas que han tomado parte en la Misión Cultura Corazón Adentro, en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Tras valorar positivamente el quehacer de los más de 800 instructores de arte en dicha tarea, Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, señaló que luego, a su regreso a la Isla, a veces los brigadistas y los artistas abandonan la creatividad que desplegaron en el hermano país, en lugar de ponerlas en práctica en el nuestro, quizá por distorsiones burocráticas. Allí, dijo Abel, no cuentan con luces, vestuarios, equipos de sonidos..., pero buscan soluciones para cada momento.

«Cuba está sometida a la influencia de esa cultura hegemónica, con valores de culto al capitalismo, a lo yanqui, a lo colonial. Consumimos entusiastamente esas películas y series donde la memoria es lavada y donde nos aseguran que para ser felices hay que ser idiotas, al estilo de la película Forrest Gump.

«Cuando Fidel fundó la escuelas de instructores de arte fue pensando en crear a nivel de pueblo una capacidad crítica sobre esa oleada banalizadora, que desmantela el pensamiento crítico, y para defender nuestra identidad. Lo cierto es que no pocos jóvenes están sometidos hoy al influjo de las marcas, que sueñan todo el tiempo con eso.

«Como si fuera poco, encontramos acá réplicas nacionales de esa globalización, que han caído en la tentación de repetir esos modelos, mientras algunas instituciones culturales hacen concesiones. Por tanto debemos articularnos, y aprovechar las ventajas del socialismo».

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