Centinelas de la mar

Guardafronteras que cumplen a diario con su deber evitan que otros arriesguen la vida entre las olas, la sacrifiquen por el consumo de drogas o dañen la naturaleza

 

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Insomnes centinelas... así llamó Fidel, décadas atrás, a esos hombres —en su mayoría jóvenes— que salvaguardan la soberanía del país y garantizan nuestra seguridad desde las costas.

Si cada uno de ellos pudiera contar sus vivencias, muchas serían las historias, pues cada día trae consigo acciones que enfrentar, decisiones que tomar y delitos que impedir.

Afortunadamente esta reportera, una vez más, pudo conocer algunas de las que guardarán en su memoria guardafronteras que laboran en el Puesto Fronterizo Radiotécnico del Henequén, del Destacamento TGF Nor-occidental, en el municipio artemiseño de Mariel. Compartirlas brinda también la oportunidad de que se conozca más sobre el trabajo de estos muchachos.

Ante todo, ¡la vida!

A pocos minutos de iniciar la conversación, el primer teniente Oscar del Toro Cutiño, jefe del Puesto, no pudo dejar de recordar lo sucedido hace algo más de un mes.

Aquella madrugada, mientras realizaba una revisión habitual de la zona junto a un cadete que se encontraba en su período de prácticas de la especialidad, ambos escucharon y divisaron un tractor que remolcaba una carreta, en la que se encontraba una embarcación con una veintena de personas.

«Se trataba de un intento de salida ilegal y es nuestro deber, como guardafronteras, impedir que esta ocurra y se ponga en peligro la vida de las personas. Antes de solicitar el apoyo de las fuerzas, procedimos al convencimiento de rutina y la reacción fue muy violenta», detalló del Toro.

«No siempre quienes quieren abandonar el país de manera ilegal reaccionan así al ser descubiertos,  pero en ocasiones esto sucede y nuestra principal misión entonces es tratar de evitarlo sin usar la fuerza, a no ser que sea estrictamente necesario», agregó el joven, egresado de la Escuela Interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Antonio Maceo.

Del Toro señala que los intentos de salidas ilegales del país constituyen una de las acciones que con mayor frecuencia se ejecutan en la zona de atención del puesto fronterizo que dirige.

«Duele ver que muchos arriesguen su vida, amparados en una legislación foránea, dejando aquí tantas cosas buenas, dijo en alusión a la llamada Ley de Ajuste Cubano. Mujeres embarazadas o con niños pequeños, ancianos, jóvenes; en fin, gente que no tiene por qué poner en juego lo más valioso. Hacerles entender también es nuestra misión», afirmó del Toro.

Emociones encontradas

Cuando este diario visitó el Puesto Fronterizo Radiotécnico del Henequén, las tensiones se cruzaban en los pasillos y el constante dinamismo se contagiaba.

Casi al amanecer, los jóvenes José Luis Rodríguez y Pedro Pablo González, quienes cumplen su Servicio Militar Activo en la unidad, encontraron un paquete de droga en la orilla.

«Hacíamos la revisión de la zona que nos correspondía, y de repente divisamos el paquete. En ese momento y antes de notificarlo a la jefatura, saltamos y cantamos de alegría, porque nos emocionó ser protagonistas de un hecho que para todo guardafrontera implica una gran responsabilidad», narró José Luis.

Era la oportunidad de que reconocieran nuestro trabajo, agregó Pedro Pablo, quien dijo estar convencido de que esa droga que recala en nuestras costas, procedente de embarcaciones extranjeras que la trafican por los límites marinos cubanos, no podía llegar a manos inescrupulosas en nuestro país.

«La salud no tiene precio. Notificar el hallazgo para que no pudiera ser encontrada y vendida a jóvenes como nosotros, que luego padecen las terribles consecuencias de la dependencia a estas sustancias, es nuestra misión y así la cumplimos», insistió.

Minutos después, cuando José Luis y Pedro Pablo recorrían la zona nuevamente junto al primer teniente Oscar del Toro, encontraron, entre las piedras, restos de un animal marino, difícil de identificar.

«Entre nuestras misiones, además del enfrentamiento al narcotráfico, al tráfico de personas y a la protección de los principales objetivos económicos del territorio, se suma la del cuidado de la flora y la fauna presentes en él.

«Es una batalla diaria la que libramos contra los pescadores furtivos, quienes violan las leyes ambientales y se lanzan al mar sin la documentación y autorización de pesca requeridas, con el fin de comercializar o consumir las especies», acotó del Toro.

No se pudo capturar a los malhechores, pero aun así, según lo estipulado, urge notificar a los especialistas del Citma que registren el incidente y hagan su trabajo profesional.

Ojalá no hubiera que llegar a esto, precisa del Toro. A menudo nos enfrentamos a situaciones que pudieran evitarse si la gente tomara conciencia del daño que le hacen a la naturaleza o a sí mismos, tanto en el caso del consumo de drogas que cuando se lanzan al mar en cualquier tipo de embarcación, en busca de un sueño al que supeditan hasta su vida.

Si de aspiraciones se trata, Del Toro y sus compañeros saben bien cuáles son las suyas.

«Nuestro sueño está aquí y es precisamente que esas cosas no ocurran, aunque nos place el trabajo que hacemos y sabemos, esa es nuestra razón de ser. Pero preferiríamos que la gente no arriesgara su vida ni dañara su medio, aun cuando estamos acá para impedirlo».

 

 

 

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