El trabajo político hay que sentirlo

Yuniasky Crespo Baquero, de 35 años de edad, tras haber tenido múltiples responsabilidades desde las etapas más tempranas de su vida, asumió hace solo días la de primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas a nivel nacional

Autor:

Alina Perera Robbio

Tal vez la historia de la humanidad, de su Isla, y de su querida y natal provincia de Las Tunas, hilos en los que ha escudriñado con gusto, han dado a Yuniasky Crespo Baquero el aplomo nacido de saber que la vida es línea sin divisiones ni pausas, a la cual subimos y de la cual descendemos como personajes que, si tenemos conciencia de estar habitando una época, daremos lo mejor de nosotros.

Yuniasky confiesa mirar hacia delante, sin temor. En sus ojos creo encontrar la idea de un gran poeta cubano: aquí no ha pasado nada; no es más que la vida. Y así, entendiendo que hay sucesos que se asumen de modo natural, ella recién ha tomado la responsabilidad como primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) a nivel de país.

Cuando llegó al salón fue donde tuvo lugar esta entrevista, su presencia es la de una mujer más bien serena, sencilla, con el típico paso de quien está acostumbrada a trabajar duro. Minutos después, en algún momento le pregunto quién le puso un nombre tan peculiar, y ella recuerda que fue su padre, inspirado por el universo de los soviéticos.

«Supongo que me lo aprenda antes de terminar nuestro diálogo», lanzo esa broma pesada que no crispa a mi interlocutora sino todo lo contrario: cuenta anécdotas de cómo le han trocado la identidad cada vez que le han cambiado alguna letra del nombre o le han puesto «señor» donde debía decir «señora».

«Nací en el municipio cabecera de Las Tunas, el 10 de agosto de 1977», me dice cuando le pido se remonte a sus comienzos, allí donde están casi todas las claves de quiénes somos. Y rememora risueña: «tuve una infancia bonita, viví en casa de mi abuela materna, fue una etapa rodeada de mucha gente que me quería. Era hija única en ese entonces, y siempre fui muy aficionada a dar clases. Aprendí a leer tempranito. Todo ese mundo del aula me gustaba mucho».

—¿Dabas clases a estudiantes imaginarios?

—Mi mamá y mi papá tenían un cuarto un poco apartado en la casa, y esa era el aula que yo preparaba. Allí sentaba a los muñecos, y hasta una perrita llamada Laica. Tenía libros y una regla que de vez en cuando servía para regañar. En el barrio no había muchos amiguitos, pero había una con la que siempre jugaba a enseñar.

—Si cursaste una carrera pedagógica (Licenciatura en Marxismo-Leninismo e Historia), entonces coincidió tu elección con una vocación muy temprana…

—En realidad sentía mucha inclinación por las ciencias. Desde que estudiaba en la Secundaria Básica, cuando comencé a descubrir la Química, me dije que quería ser química o física. Cuando llegó el momento de decidir qué estudiaría, en días muy difíciles del período especial, no eran muchas las ofertas: en Las Tunas se estudiaba Medicina, carreras pedagógicas y Agronomía. Entonces escogí carreras pedagógicas, porque la única de mi municipio que pedía Química era yo, y esa especialidad tenía que cursarla en Holguín, algo que no hice pues mi madre estaba enferma y no quería alejarme de ella.

«Así fue como empecé a estudiar Historia, universo que no me había llamado la atención desde temprano, pero que me empezó a interesar gracias a un profesor que tuve en grado doce y que después me impartió clases en la universidad, y también gracias a la vocación de mi esposo, quien era mi novio en los días del preuniversitario y adoraba estudiar y conocer sobre sucesos históricos».

—De todos modos fuiste afortunada: tomaste un camino que ya buscabas desde los días de la infancia: el del magisterio.

—Estudié Historia y no me arrepiento. Tuve excelentes profesores, personas que hoy son doctores en ciencias pedagógicas y tienen una formación marxista y una filosofía, una concepción del mundo bastante realista. Ellos hicieron que me apasionara definitivamente por la Historia. Me gradué en el año 2000, en el Pedagógico de Las Tunas.

—Interesante período: los debates eran intensos en tu ámbito universitario…

—La etapa universitaria fue convulsa, de mucho movimiento de ideas, y de diversas actividades estudiantiles. Yo era militante de la UJC desde 1993, cuando estaba en décimo grado, y las circunstancias me llevaron a asumir responsabilidades en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Momentos de una trayectoria

«Siempre me han gustado mucho las cosas que tienen que ver con las actividades, y me era fácil, en el colectivo pioneril, tener alguna ascendencia», recuerda Yuniasky Crespo.

«Ya en décimo grado, desde que entro al preuniversitario, me eligen presidenta de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) del centro. Después, aunque tuve que cambiar de preuniversitario por cuestiones propias de la provincia (convirtieron la escuela en un politécnico), fui elegida presidenta de la FEEM en el nuevo centro».

—¿Todo se daba de modo natural?

—Sin imposiciones. Tal vez tuviera que ver con que mi papá era dirigente del Partido y mi mamá de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Nací en una familia donde se hablaba siempre de dar el paso al frente.

«A la altura de doce grado era miembro del Comité UJC del centro. Y ahí empieza la historia de los cargos en la Juventud: asumí procesos de aval, asuntos que tenían que ver con el funcionamiento interno de la organización, y cuando llegué al primer año de la carrera fui secretaria de un comité de base. Estando en segundo integré el Comité de la Juventud del Pedagógico.

«Tercer año fue el momento de asumir la responsabilidad como presidenta de la FEU del centro. Fue una etapa linda, que recuerdo con mucho cariño. Y a la altura del cuarto año de la carrera paso a integrar el Secretariado Nacional de la FEU, donde estuve desde 1998 hasta el 2002, año en que voy a la Universidad de Las Tunas como secretaria profesional de base.

«Al año siguiente, en el 2003, paso a ser miembro del Buró de la Juventud del municipio cabecera de mi provincia. Allí atiendo la esfera educacional. Fue una tarea que realicé gustosa y cómodamente, porque tenía mucho que ver con mi carrera».

Probarse en la profesión

El V Pleno del Comité Nacional de la UJC, celebrado en el año 2007, representó un encuentro de especial trascendencia para Yuniasky. De allí se desprendieron decisiones y vivencias que para la dirigente tunera han sido cardinales.

Ella llegó a la reunión con una experiencia como dirigente estudiantil y juvenil que se había acrecentado en tiempos recientes: en el año 2004 había comenzado a desempeñarse como primera secretaria del municipio cabecera de la provincia de Las Tunas, y en el 2005 había sido electa como miembro del Comité Nacional de la Juventud Comunista.

«Aquel Pleno —evoca la Primera Secretaria de la UJC— analizó, entre otros temas, el de la vinculación laboral previa de los dirigentes juveniles y estudiantiles. Yo era primera secretaria de la Juventud en el municipio cabecera de Las Tunas, y tuve la responsabilidad de explicar mi experiencia en el Pleno, y de comunicar el entendimiento que teníamos nosotros sobre la necesidad de trabajar en la base, de probarnos en lo que habíamos estudiado.

«Mientras cursaba estudios en el Pedagógico pensé que impartiría clases de Historia en una escuelita primaria, o en un preuniversitario, o donde hiciera falta. En el V Pleno se acordó que todos los dirigentes juveniles que no habíamos ejercido antes la profesión para la que habíamos estudiado, lo hiciéramos.

«Un año después, en el 2008, tuve a mi hijo Adolfo, y en el 2009 me incorporé a impartir clases de Historia de Cuba en el Preuniversitario de Ciencias Exactas de la provincia, en el grado doce. Ese fue un reto importante; me tuve que imponer mucha autopreparación, porque, aunque tenía ganada la parte teórica, estaba pendiente la arista metodológica.

«Afortunadamente conté con un colectivo que me apoyó, que me recibió con los brazos abiertos. Los estudiantes tenían un nivel alto, y conociendo eso me preparé, y aprendí mucho.

«Sobre este tema hay que decir que la dirección de la Revolución nos da siempre lecciones grandes. No tenía yo la comprensión exacta de la trascendencia que tenía vincularse a la profesión, por lo que aporta incluso en el plano personal. Uno es mejor ser humano después.

«Tiene un gran valor estar entre los profesores, entre los estudiantes, saber cómo piensa un colectivo, que los muchachos te digan: “profe, la moda está así…”. Fue una vivencia de dos cursos y medio, y cuando terminé asumí la misión, en el año 2011, de dirigir el Comité Provincial de la Juventud en Las Tunas, responsabilidad que he ocupado hasta el presente».

Una pregunta inevitable aflora en esta parte de la conversación: ¿cómo debe ser alguien que ostente responsabilidades frente a un colectivo humano?

«Habría que mencionar muchas cualidades —reflexiona Yuniasky—, pero la primera, a mi entender, es la capacidad del ejemplo personal. Si tú eres ejemplo, la gente te va a seguir. Las cosas deben hacerse bien, cotidiana, sistemáticamente. Es algo que da frutos. Quien dirige debe tener un grupo de valores muy arraigados, no valores que deban ser construidos después sobre la marcha».

Vivir, sentir la historia

—De la historia de Cuba, ¿qué personalidades, sucesos o etapas son los que más te gusta repasar?

—La historia de Cuba es muy rica. Así es desde la propia formación de la nacionalidad. Se disfrutan todas las etapas, todos los procesos que ya sabemos no se dan aisladamente sino en una concatenación permanente. Pero si me das a escoger una etapa que me gusta repasar, menciono los inicios de la década de los 50 del siglo XX, hasta el triunfo de la Revolución.

«Y por qué digo esto: hay momentos de la historia en que se llega a la cúspide de la formación de generaciones que han ido dando pasos, en que hay una consolidación en la formación de la conciencia revolucionaria, y creo que esa etapa fue decisiva para la elevación de la conciencia patriótica, de la conciencia revolucionaria en el pueblo.

«A mí me pasaba que cuando impartía esos años era como si los estuviera viviendo. Es conmovedora la etapa de preparación del asalto al Cuartel Moncada; y hay un libro del Comandante Juan Almeida Bosque que a mí me gusta mucho y que incluiría en la bibliografía para impartir las clases de Historia de Cuba: ¡Atención! ¡Recuento!.

«Es verdad que no está en la bibliografía, pero no he dejado de compartir con mis estudiantes un libro como ese, porque el Comandante Almeida te llevaba tanto a la realidad, a lo que estaba pasando, que yo hacía que los muchachos lloraran conmigo, se emocionaran».

—Hay en ese libro, que a mí me gustó mucho leer, una frase sobre la muerte. Su autor dice que los hombres deben prepararse para saber caer como lo hacen los árboles…

—«De pie…». Es una gran frase. Hace poco fueron apareciendo en el periódico Granma pasajes y anécdotas del Comandante en Jefe Fidel relacionados con el asalto. A mí me gusta mucho el gesto del médico y asaltante Mario Muñoz, quien el día de su cumpleaños, el 26 de julio, le dice a Fidel que pone sus 41 años en manos del líder que tenía solo 26. Son momentos muy lindos, que deben ser conocidos.

—La historia debe ser contada como solemos contar la vida…

—A mí me gusta vivir esa historia que impartía, y siempre que podía la conectaba con la de la comunidad, con la de Las Tunas que es muy rica. No di la contienda de 1868 sin tocar la figura de Vicente García, con todas sus cualidades y errores, y cuando expuse sobre la primera reunión conspirativa llevé a los alumnos a San Miguel del Rompe, en mi provincia natal. Si la historia no se enseña así, los muchachos aprenden una cosa fría, y eso no es lo que queremos. Es necesario transmitir conocimientos pero también sentimientos. Llevando las dos cosas a la par creamos valores como el patriotismo y el antiimperialismo, tan importantes para las nuevas generaciones.

—Por lo que entiendo, lo que estudiaste te llevó a la certeza de que el trabajo político, si no implica los sentimientos, no será eficaz…

—El trabajo político hay que sentirlo. Y dentro de él, lo más importante es encontrarle sentido a cada tarea. Si no le encuentras un sentido lógico a lo que haces, si no hallas una idea coherente, una razón, un por qué, no serás eficaz. Si le encuentras el por qué a las cosas, vas a lograr convencer, que la gente se involucre y cumpla. Si de alguna manera la gente percibe que el trabajo político es imposición de tareas y misiones, no se logrará nada, porque la gente tiene que percibir que las misiones dadas no son por gusto, sino tareas que tienen una coherencia.

—¿Qué es lo que más te preocupa de la Cuba actual?

—Es una interrogante que debe ser bien pensada, porque tiene dentro de sí otras muchas. Creo que tiene que ver con la asimilación consciente de las nuevas generaciones de que este proceso histórico que estamos viviendo hoy hay que cuidarlo. Es un elemento que me parece trascendental: que los jóvenes puedan entender que la Revolución no está aquí porque nos tocó ese destino y ya, sino que hay que defenderla, cuidarla todos los días.

«La Revolución es un ser vivo que hay que alimentar. Y es de poquitos, con trabajo. Pero un trabajo sistemático, no al bulto. Un trabajo diferenciado, a lo individual, con las personas. No podemos pensar que lo logrado se mantendrá porque sí, como si fuera un derecho divino, y no porque luchemos.

«Hay que seguir explicando las virtudes y bondades que tiene nuestra Revolución, que la gente tenga la percepción de que si no la cuidamos podemos correr el riesgo de perderlo todo por el acecho que sufrimos todos los días, porque los jóvenes somos un punto en la mira de la contrarrevolución. Eso es lo que más me preocupa».

—En cuanto a la juventud, un sector tan heterogéneo y complejo, ¿cuáles son los desafíos que a tu modo de ver implica ese universo en el contexto de la sociedad?

—Hay muchos desafíos que tenemos que enfrentar. No estamos en una urna de cristal, y nos llegan todo tipo de influencias. Se da una avalancha de otras culturas que debemos asumir, pero de manera inteligente y natural, trabajando. Estamos expuestos a todos los elementos que tienen que ver con la propia globalización. Hay escenarios que no teníamos hace dos, tres años, como el condicionado por las nuevas tecnologías. Y están los nuevos elementos que se están introduciendo en la economía cubana, los cuales hay que explicar especialmente a nuestros jóvenes.

«Antes solo teníamos la televisión, la radio, y la prensa escrita. Hoy una noticia llega más rápido por otras vías que lo que pueden hacer nuestros propios medios nacionales, realidad a la cual no estábamos acostumbrados hace cinco, seis años. Creo que son elementos que debemos tener presentes, pero no huir de esos desafíos sino todo lo contrario: las nuevas tecnologías, por ejemplo, deben ser usadas para bien, en función de nosotros, de nuestras políticas, a favor de los jóvenes, de lo que quiere la Revolución».

—Tengo la percepción de que muchos de nuestros jóvenes no están leyendo lo suficiente, lo cual implica un reto cultural y político enorme…

—Esa es una realidad innegable, que hay que enfrentar, pero evidentemente habrá que hacer otras cosas en función de que haya atracción por alimentar el espíritu. Habrá que buscar nuevas propuestas a través de la prensa y de nuestros libros, elaborando mensajes para todas las edades. Hay que buscar y encontrar los caminos, con un lenguaje amplio, creativo.

—En la Cuba actual, que vive momentos de suma complejidad, la UJC como organización política tiene ante sí, como la sociedad misma, múltiples y grandes tareas…

—La organización tiene muchos retos. El primero es agrupar en su seno a la vanguardia, lo mejor de lo mejor, y que nuestros militantes sean un espejo para el resto de los jóvenes, y que nuestros jóvenes se quieran parecer a nuestros militantes. De esa condición de liderazgo se van a desprender las cosas que en la labor cotidiana hace la Juventud, como la labor de crecimiento, como que nuestra organización de vanguardia juvenil sea verdaderamente el relevo de nuestro Partido, porque si perdemos el Partido estamos perdiendo la Revolución.

«La juventud debe tener esa idea, esa percepción de que cuidando nuestra organización, manteniéndola, estaremos dándole continuidad a la Revolución».

—¿Cómo asumes personalmente la nueva tarea?

—Dirigir a los jóvenes en Cuba es una gran responsabilidad, porque debemos tener en cuenta todas sus aspiraciones, sus características, desde los niños hasta los menos jóvenes dentro de los jóvenes. Creo que ese es un elemento que hoy nos toca asumir.

«Y nosotros, en el plano profesional, tendremos que seguir trabajando para que la gente tenga espíritu de preparación, sobre todo quienes son responsables de dirigir colectivos desde la base hasta el nivel nacional».

—Será importante hacer equipo, visualizar a los más idóneos dentro de esa vanguardia…

—Es importante tener líderes dentro de la organización, gente que de verdad arrastre, sin fanfarria, sin los grandes escenarios, sin las grandes reuniones, sin las grandes concentraciones, aunque eso también será necesario en algún momento, pero habrá momentos también, que son los más, donde tendremos que ir a lo individual, al convencimiento, a lo particular, y eso solo se asume con gente más preparada.

—¿Qué podrá decir, dentro de 20 o 30 años, un profesor de Historia sobre lo que estamos viviendo ahora en Cuba?

—Un profesor de historia, si de la Cuba de hoy se trata, tendrá que hablar de muchas cosas: de los cambios, de la recontextualización de nuestro modelo económico. Habrá que decir que este momento tuvo sus características. Dentro de 30 años vamos a estar pensando que los jóvenes de ese tiempo necesitan atenciones especiales, porque tendrán otras condiciones, pensarán de otra manera, el mundo lógicamente ya no será igual, la tecnología será más avanzada. Será una etapa más de la Revolución que entonces tendrá más años, y que será como la hayamos sabido hacer y defender, en la que se hablará de sus líderes históricos, los cuales van a trascender el tiempo que dure la historia misma.

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