Ariadna colabora con el Departamento de Inteligencia Artificial y eso le permite acceder a las redes WIFI disponibles. Autor: Naturaleza Secreta Publicado: 20/02/2026 | 05:01 pm
Cuando la Universidad de La Habana cerró sus puertas de manera temporal por la situación de desabastecimiento con el combustible, Ariadna Velázquez Rey perdió mucho más que un espacio físico. Perdió el lugar donde podía investigar, donde se gestaban las ideas, donde la ciencia fluía entre conversaciones de pasillo.
«Realmente fue muy triste. A mí me encanta estar aquí, me gusta el ambiente de mi facultad. A veces nos ponemos a hablar y se nos ocurren cosas nuevas para los proyectos en los que trabajamos», recuerda.
La Facultad está cerrada, pero su tesis no puede esperar. Ariadna cursa cuarto año de Ciencias de la Computación y se encuentra en la recta final: el semestre de la investigación, los experimentos, la escritura. Todo eso que requiere horas frente a una computadora, conexión a internet, luz estable.
Ella vive en El Cotorro. Para quienes no conocen La Habana, baste decir que es una de las puntas del mapa, de esos municipios donde el transporte público es una promesa que se cumple muy ocasionalmente. «El transporte desde El Cotorro hasta aquí, hasta la escuela, es bastante complicado», dice con la economía de palabras de quien ha normalizado lo anormal.
Pero el problema no termina cuando finalmente logra llegar. En su hogar, la historia es otra.
«En la casa, mayormente, no puedo trabajar, porque los horarios de apagón son completamente inestables, no hay ningún cronograma, y la conexión también es muy mala. Mala por la cantidad de datos que consume, mala porque luz e internet rara vez coinciden. Rara vez tengo las dos cosas al mismo tiempo para trabajar», resume.
Por eso, a pesar del cierre, Ariadna busca la manera de llegar a la Facultad. Colabora con el Departamento de Inteligencia Artificial y eso le permite acceder a las redes WIFI disponibles.
Y vale la pena preguntarse: ¿para qué tanto esfuerzo? ¿Qué investiga Ariadna que justifica cruzar media ciudad en transporte público, sortear apagones, depender de la conexión universitaria?
Su proyecto de tesis aborda uno de los desafíos más actuales de la inteligencia artificial: lograr que esta comprenda realmente lo que los humanos le piden.
«Actualmente tú le preguntas y ella trabaja con lo más probable que hay en internet sobre cosas ya existentes. Es un loro probabilístico básicamente, te dice lo mismo que ya existe y no genera nada nuevo. A veces se equivoca porque entiende mal la dirección de lo que se le está pidiendo».
Su objetivo es que la IA «entienda qué es lo que uno le está pidiendo a la hora de responder». Una investigación de frontera, de esas que en otros contextos se desarrollan en laboratorios con financiamiento millonario.
Cuando en El Cotorro coinciden la luz y la conexión, Ariadna tiene una ventana de dos o tres horas para trabajar. «Lo que a lo mejor podría parecer mucho, pero con proyectos tan grandes realmente no lo es».
Explica: «Necesito mucha información de internet, incluso para la parte de hacer el código, programar, hacer los experimentos de ir validando si está funcionando mejor que lo que hay. Necesito muchas horas en el día, no solo dos y tres. Los estudiantes a veces necesitan un mínimo de cinco horas para estudiar, y en un proyecto de este tamaño se necesitan hasta diez horas a veces al día».
El transporte, mientras tanto, se ha convertido en otro obstáculo. «Ahora es casi imposible llegar. Un carro me cuesta muy caro, yo no puedo coger carro. Espero lo que sale de transporte público, si sale algo, sino me tengo que quedar en mi casa».
¿Por qué es importante para Cuba?
Ariadna no investiga en abstracto. Su trabajo tiene que ver con algo que debería importarnos a todos: la identidad cultural en la era de la inteligencia artificial.
«Está pasando mucho que se está perdiendo la identidad cultural de los países, porque los grandes volúmenes de información tienden a ser de Estados Unidos o de países grandes. China también. Tienen información muy específica y han perdido la cultura. Tú le preguntas sobre cosas y lo único que te dan es lo mismo. No son capaces de ir directo a las tradiciones de países más pequeños, de culturas como Latinoamérica o la propia Cuba».
Por eso, dice, «se están haciendo proyectos como CecilIA, que tienen que ver con la forma de hablar, de expresarse y de ver el mundo que tienen los cubanos».
Ella forma parte de ese esfuerzo. A pesar de que la universidad está cerrada. A pesar de vivir en El Cotorro. A pesar de los apagones.
Cuando se le pregunta si cree posible salir de la situación actual con soluciones autónomas desde la ciencia cubana, responde: «Este tipo de campos [fuentes de energías renovables] generan dinero, tanto para adentro como para fuera del país. Invirtiendo esas ganancias que se recuperan en las áreas correctas, se podría mejorar. Por ejemplo, si tuvieras paneles solares y gastaras menos combustible en esa parte, puedes utilizar el combustible en transportación».
Mientras esas soluciones llegan, Ariadna sigue yendo desde El Cotorro hasta la universidad cerrada, esperando el transporte público que a veces no aparece, aprovechando cada hora de luz y conexión que la inestabilidad le concede, empeñada en enseñarle a la inteligencia artificial a entender lo que los cubanos realmente quieren decir.
La ciencia cubana continúa. A pesar del cierre, a pesar de la distancia, a pesar de los apagones, a pesar de la asfixia.
(Tomado de la página en Facebook de Naturaleza Secreta)
