El Bodø/Glimt celebra uno de sus goles contra el Inter de Milán. Autor: Al Jazeera Publicado: 20/02/2026 | 06:27 pm
En el regreso de la UEFA Champions League, tras la resaca del 14 de febrero y en una etapa que perfectamente puede ser suprimida, los focos parecían estar colocadas en el nuevo reencuentro de José Mourinho y el Real Madrid, el duelo francés entre Mónaco y PSG o la visita de un inconsistente Atlético de Madrid a Bélgica. Sin embargo, las miradas se desviaron a la fría Noruega, donde un crecido matagigantes vestido de amarillo no para de sacarle colores a sus rivales de mayor abolengo.
El Bodø/Glimt llegaba a esta competición como un invitado más, uno de esos equipos cuya mayor aspiración es raspar un punto, o una Victoria, y en sus sueños más lejanos, entrar en el play off de dieciseisavos de final. Los noruegos cerraron el 2025 cumpliendo el primer objetivo planteado, pero ni el nórdico más optimista imaginó que los primeros dos meses del 2026 traerían tantas noticias positivas.
A la penúltima jornada llegaron con esperanzas de estar en la ronda de eliminatorias, pero con dos molinos gigantes enfrente a los cuales rivales. Manchester City y Atlético de Madrid, reyes o plebeyos siempre implicados en las etapas más cruciales parecían inaccesibles para un pequeño club de Bodø. Pero la tropa de Kjetil Knutsen se levantó como un díscolo quijote, y su casa fue un fortín que destrozó a Guardiola y sus pupilos y tomó por asalto el Civitas Metropolitano para convertirse en el equipo de moda del fútbol europeo.
El pasaporte a la ronda de dieciseisavos ya estaba en sus manos, y una vez ahí solo quedaba seguir soñando. En el cruce por estar entre los mejores 16 apareció como rival el Inter de Milán, actual subcampeón del torneo y líder de la Liga Italiana. Parecía que el cartel de game over iba a salir en la pantalla de carga del Glimt. Pero los sueños no se pueden destruir, y no hay dos sin tres golpes en la puerta de los grandes. Con goles de Sondre Fet, Jens Hauge y Kasper Waarst Hogh, tres nombres que suenan demasiado poco, pero que ya son ídolos locales, el Bodø/Glimt puso contra la pared a un equipo neazurri que solo pudo descontar por medio de Pio Esposito.
Aún quedan 90 o más minutos en San Siro, un templo con demasiada historia, en una ciudad que aún respira aires de olimpismo tras la realización de los Juegos Olímpicos de Invierno. El Inter tiene todas las herramientas para darle la vuelta a la tortilla y consumar una remontada que le de el boleto a la siguiente fase. Pero mientras ese día llega, el Bodø/Glimt sigue viviendo un cuento de hadas a la espera de que a la Cenicienta le lleguen (o no) las doce, y la carroza que los lleve a los octavos de final se convierta en calabaza.
