Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un país entre todos

Trabajar unidos por una Cuba en paz, justicia social y elevada espiritualidad es un propósito en el que pueden trabajar unidos los jóvenes comunistas y quienes profesan diversas creencias religiosas, se coincidió en un encuentro en La Habana

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

La necesidad de trabajar unidos en la construcción de una Cuba mejor, bajo los mismos principios de paz, justicia social y elevada espiritualidad, reunió en La Habana a miembros del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y alrededor de 30 líderes de diferentes organizaciones e instituciones religiosas del país.

En el encuentro, que contó con la presencia de Joel Ortega Dopico, presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, se propició el intercambio de experiencias de los participantes y se debatió en torno a las principales problemáticas de la sociedad cubana actual que inciden en la niñez, la adolescencia y la juventud.

Yuniasky Crespo Baquero, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, explicó el funcionamiento interno de la organización y esbozó algunos de los cambios que en su seno se materializan para lograr una atención más directa y eficaz a los adolescentes y jóvenes del país, quienes se encuentran en el 20 por ciento de la población.

«El trabajo ideológico es un elemento fundamental para sentar las bases de una conciencia revolucionaria con la que podamos enfrentar la labor subversiva que se despliega contra la Isla, y acompañar al país, desde la acción, en cada una de las transformaciones que se desarrollan como parte de la actualización de nuestro modelo económico», añadió.

Nos unen intereses comunes, pues no hay un divorcio entre la militancia comunista y las creencias religiosas, agregó Miguel Osnay Colina, miembro del Buró Nacional de la UJC, por lo que nuestra labor en favor de la juventud cubana debe tributar a una unión de esfuerzos, iniciativas y resultados, compartidos en encuentros como este.

A la escucha

La oportunidad de ser escuchados y tenidos en cuenta fue lo primero que agradeció Pedro Batista, coordinador del trabajo en las prisiones en la capellanía evangélica de Guantánamo, quien habló de la urgencia de contar con más apoyo de las distintas instituciones para que proyectos culturales y de atención a niños sin amparo filial, menores con problemas de conducta y reclusos, organizados por su denominación religiosa, fueran más exitosos.

La educación y formación de adolescentes y jóvenes es una preocupación común en los asistentes al encuentro, y en particular esa que se fomenta a través de la música.

Por ello Coralia Blanco, pastora de la Iglesia Bautista de la zona de desarrollo industrial de Mariel, manifestó su inquietud con respecto a la producción y difusión de temas musicales, en su mayoría pertenecientes al género del reguetón, que degradan el papel de la mujer en la sociedad y laceran nuestros valores a través de sus letras.

Coincidió con ella José Luis Sánchez, de la Iglesia Bautista de Pinar del Río, quien opina que las actividades recreativas y culturales deben contribuir a la edificación del ser humano y no a su destrucción, por lo que ese tipo de música no debe ser la única que escuchen nuestros niños y jóvenes en sus escuelas, barrios y hogares.

Con jóvenes como Indira, de la Iglesia Bautista William Carey, de la capital, el país puede contar, pues la Brigada Frank País está conformada por quienes como ella desean apoyar a su patria y trabajan en el sector agrícola o en obras de restauración de centros hospitalarios, como el capitalino Calixto García, donde laboraron recientemente.

Se trata de que trabajemos juntos, los cubanos todos, expresó el granmense Roduelbys Núñez, quien es militante de la UJC y del Partido y, a su vez, líder del centro Espírita La Divina Luz.

«La diversidad de denominaciones religiosas no apunta a una desarticulación de los intereses para con la sociedad; al contrario. Abogamos por el crecimiento del ser humano, el enriquecimiento de su espíritu y su cultura y la urgencia de que Cuba siempre tenga un lugar para todos», apuntó.

Encuentros como este, en el que se destina tiempo a escuchar nuestras inquietudes y en el que organizaciones como la UJC se interesan porque confluyan las ideas, son vitales, pues reflejan que prima el respeto y que todos tenemos voz y podemos hacer uso de ella, dijo Sumiko Ruiz, presidenta de la Organización Juvenil Hebrea de Cuba.

Dianet Martínez, presidenta del Movimiento Estudiantil Cristiano, agradeció esta oportunidad y confía en que no se registre el encuentro como una reunión de balance, sino que trascienda como un espacio de sueños compartidos, en el que se pensó un país entre todos.

Luis Morlote, presidente de la Asociación Hermanos Saíz, ratificó el apoyo que la organización le ofrece a jóvenes artistas y creadores del país, creyentes o no, y habló de la necesidad de estimular el trabajo en las casas de cultura y el movimiento de artistas aficionados en los diferentes sectores profesionales.

«El auge de las nuevas tecnologías y la democratización de los medios masivos de comunicación devienen causa fundamental de la crisis de valores y el retroceso en el gusto que vivenciamos en el mundo actual. La televisión controla sus emisiones, pero en discos, memorias flash y otros soportes se expande un consumo de películas, seriales, videos y música que atentan contra nuestros principios, a lo que tenemos que enfrentarnos desde la creatividad y la originalidad».

Ortega Dopico insistió en que Cuba necesita de una pluralidad participativa y unida que cumpla con la historia de estos tiempos y que marche junto a los líderes de la Revolución en la materialización de los nuevos cambios.

Los asistentes al encuentro, en el que también estuvieron Teresa Viera, directora del Centro de Estudios sobre Juventud, y dirigentes de la FEU, la FEEM, la OPJM y las Brigadas Técnicas Juveniles, entre otras organizaciones, respaldaron la denuncia del Consejo Latinoamericano de Iglesias, organización que celebrará en La Habana su VI Asamblea General en febrero próximo, y que hoy sufre los efectos del bloqueo, pues los fondos para el evento fueron congelados por el Gobierno de Estados Unidos.

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