Un patriota que juntó y amó

Este 5 de marzo se recuerda la muerte de Juan Gualberto Gómez hace 80 años

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Yuniel Labacena Romero

Cuando el 5 de marzo de 1933 falleció Juan Gualberto Gómez, Cuba perdió un patriota y un hombre que había sido definido por José Martí como «una joya grande».

El Héroe Nacional, que estuvo unido a Juan Gualberto en su labor política independentista, lo había calificado de soldado que, desde la trinchera periodística, «juntó y amó para vivir en la pasión de la verdad».

Además de gran polemista y orador, los especialistas consideran que Juan Gualberto Gómez fue uno de los más importantes líderes negros en Cuba y uno de los patriotas más consecuentes con nuestra independencia, no solo mientras las fuerzas mambisas batallaban por esta, sino en medio de las contiendas políticas contra la Enmienda Platt y otros intentos de aplastar la libertad de su patria por parte de Estados Unidos y los anexionistas criollos.

El matancero conoció a Martí a finales de 1878, y desde entonces entablaron un vínculo fraternal basado en principios de rechazo a cualquier otra alternativa de separación de España que no fuera la plena soberanía de la patria. Fue por eso que tuvo en sus manos los hilos conspirativos para organizar los preparativos, dentro de la Isla, de la Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895.

Juan Gualberto Gómez falleció sin imaginar siquiera que su legado sería inspiración para todas las generaciones de patriotas y de quienes abrazan esta profesión.

Fue uno de los más brillantes periodistas y editores cubanos, labor a la que contribuyó no solo con su palabra, sino también con la fundación de órganos de prensa que lucharon en los escenarios complejos y difíciles de la Tregua Fecunda.

Sus artículos y crónicas trascendieron por la rectitud de quien mantuvo una postura consecuente con el legado martiano; la misma que deben sostener los periodistas cubanos que realizarán el IX Congreso de su organización en el año del aniversario 160 del natalicio del Apóstol y de los 80 de la muerte de este otro paradigma de la profesión, de la ética y de los ideales.

Cuando, en 1933, su salud comienza a decaer por causa de un edema pulmonar, careciendo incluso a veces de lo más necesario para vivir, tuvo el digno gesto de rechazar los 2 000 pesos que el Asno con garras, Gerardo Machado, intentó hacer llegar a sus manos para que traicionara sus principios.

Falleció en su fría y estrecha casa de madera en La Habana, a la que acudía numeroso público a rendirle honores. Su sepelio constituyó una gran manifestación de duelo popular como tributo al hombre que nunca faltó a los verdaderos valores, famoso por su carácter recio y trato refinado.

Juan Gualberto, el periodista mulato, el defensor de su raza oprimida, el gran polemista, no transigió con la intervención norteamericana ni con la dictadura de Machado. Con tal proceder no es de extrañar que hace 80 años muriera pobre, pero rodeado de la riqueza enorme que significa el cariño y el respeto de su pueblo.

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