Nunca quise ser un graduado mediocre

Pertenece a un proyecto de formación de maestros controversial. Mas lo cierto es que Oriniel Martínez Ibarra acaba de convertirse en el primer Profesor General Integral que alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Pedagógicas

Autor:

Margarita Barrios

Desde pequeño sus padres, que ya no están vivos, le inculcaron que la mejor meta que se podía proponer era llegar a ser un profesional, para lograr un mayor crecimiento personal y humano.

«Siempre dije: cuando me gradúe, no quisiera que me dijeran que soy un graduado mediocre. Quiero tener dominio de mi profesión, con capacidad para decir “soy licenciado”».

Oriniel Martínez Ibarra pertenece a un proyecto de formación de maestros que ha despertado muchas controversias en los últimos años. Mas lo cierto es que acaba de convertirse en el primer Profesor General Integral (PGI) que alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Pedagógicas.

«El tema de mi tesis de doctorado parte de una preocupación que me asaltó desde que llegué al aula, en segundo año de mi carrera: ¿Cómo atender a cada uno de mis estudiantes, partiendo de la diversidad?

«El estudio se titula La atención a la diversidad educativa en el proceso de enseñanza-aprendizaje durante la práctica laboral investigativa de los estudiantes de carreras pedagógicas en la secundaria básica, y te aseguro que constituye un aporte para muchos de los docentes que están hoy frente al aula.

«Nuestro grupo tuvo un año de intensivo en la Salvador Allende, y en segundo año de la carrera ya estábamos en las escuelas. Teníamos un encuentro cada 15 días en la Sede Universitaria Municipal (SUM), y nos exigían al mismo nivel que a un profesor graduado.

«A partir de los problemas que observé en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y comprendiendo que yo mismo estaba en formación y no tenía todas las herramientas y recursos necesarios para enfrentar la diversidad que existe en el aula, nació mi interés por lograr resultados.

«Por demás, trabajo en un lugar con características peculiares, una Secundaria Básica ubicada en el municipio de La Habana Vieja, en el Consejo Popular Jesús María. ¿Cómo llegar a cada estudiante que aprende de manera distinta, que tiene costumbres propias, que provienen de ambientes socioeconómicos diferentes, con motivaciones e intereses muy propios y característicos de la edad? Asumía la respuesta a esas preguntas como necesidad. Mis compañeros de trabajo también lo veían como una insuficiencia y cuando íbamos a la sede universitaria, encontrábamos que la asignatura Formación Pedagógica General no respondía a todas nuestras inquietudes», agrega.

Oriniel comenzó a trabajar ese tema desde que estaba en tercer año de la carrera. Luego fue profundizando y lo desarrolló para su trabajo de diploma. Se graduó con título de Oro en el año 2007.

En febrero de 2010 defendió su tesis de maestría, para lo cual profundizó en el mismo tema, y en septiembre del propio año matriculó el Doctorado Curricular Colaborativo del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (Iplac) y comenzó la formación de los cursos básicos.

Oriundo de Sancti Spíritus, el joven estaba estudiando en un Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Pedagógicas cuando nació el proyecto de los Profesores Generales Integrales (PGI).

«Tenía la intención de ser profesor de Química porque esa fue la asignatura que siempre me gustó, pero el proyecto me convenció, debido a las posibilidades que brindaba, y fuimos muchos los que aceptamos ese camino.

«Sentí que era un reto grande impartir todas las asignaturas, porque cada una tiene su didáctica y metodología. Además, hay que tener un buen dominio del contenido para poder impartirlas, y bajo esa expectativa jóvenes de diversas provincias llegamos a la escuela Salvador Allende, en La Habana, en el 2002.

«Cuando terminé el primer año comencé a trabajar en la secundaria básica Jorge Vilaboy y luego en la Enrique Galarraga, ambas en La Habana Vieja, que fue donde realicé mi investigación para la maestría y ahora para el doctorado».

—Muchos maestros aseguran que no tienen tiempo para la superación…

—Uno puede hacer lo que se propone, pero tienes que renunciar a muchas otras cosas. Si con 29 años me voy a hacer doctor, eso implica que no he tenido tiempo para discotecas o paseos, porque hay que dedicarle mucho al estudio.

«Además, la investigación científica requiere de habilidades adquiridas, metodología… Eso no se alcanza en corto tiempo».

Oriniel recordó entonces a sus profesores, esos que lo ayudaron a llegar hasta aquí, y en especial a la doctora Teresita Miranda —su tutora principal para la tesis de doctorado— y a la doctora Rosa María Masón, también tutora de su trabajo.

—¿Por qué en muchos casos los Profesores Generales Integrales recibían criterios desfavorables?

—Sin demeritar a nadie, puedo decir que el primer grupo de la Salvador Allende, al cual yo pertenecí, fue de estudiantes seleccionados en todo el país con mucho rigor.

«Luego no se escogió tan bien a quienes se formarían como maestros, y algunos no tenían vocación alguna para el magisterio.

«Los criterios desfavorables de la comunidad se basaron, sobre todo, en las deficiencias en el dominio del contenido. El respeto se impone en todas las profesiones demostrando que tienes conocimientos. Si el estudiante quedó impactado positivamente, ahí está la primera consideración, la opinión del estudiante.

«Pasaron muchas cosas. Estar ocho horas en un aula con 15 estudiantes, con tantos planes de clase, es complicado. Luego, cuando se trataba de dos profesores compartiendo las asignaturas con 30 alumnos, esto a veces tampoco funcionó bien.

«Una persona tiene preferencia por una asignatura, y quizá le dedica a esa su mayor tiempo de preparación, en lugar de hacerlo al revés y enfocarse en la que le provoca más deficiencias.

«Otro tema fueron las videoclases. Nosotros éramos un facilitador en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero cuando estabas en el aula, ante el estudiante, tenías que asumir las preguntas que el teleprofesor no va a responder.

«Así comienza la exigencia de prepararse para llegar al aula. Había que visualizar cada clase, no correrla para ver solo las pancartas, lo cual hacían muchos profesores en formación.

«Yo hice un buen preuniversitario y me gustaron siempre las ciencias, pero puedo asegurar que aprendí la didáctica de esas asignaturas visualizando esas teleclases que fueron impartidas por magníficos profesores».

—¿Qué piensas del actual método de formación de los estudiantes de Pedagógico a partir de dos asignaturas?

—Ahora es mejor, sobre todo porque tienen más tiempo en el aula universitaria, aunque el vínculo con la práctica no se ha abandonado y es fundamental para cualquier profesional en formación.

«El futuro profesor pudo seleccionar la pareja de asignaturas en la cual se va a formar, pero yo pienso que debería ser todavía más flexible. Se puede escoger una, y que la segunda no venga obligatoriamente asociada a la primera. A mí me puede gustar la Matemática, pero quizá no la Física sino la Química, por ejemplo.

«La etapa más compleja, en mi opinión, es la Secundaria Básica. Se requiere de recursos para poder trabajar. No se trata de imponer criterios, sino de lograr una armonía sin perder las pautas necesarias para que haya respeto. Todavía hay deficiencias, pero se ha ido creciendo en ese sentido».

—Ahora que eres doctor, ¿regresarás a la secundaria básica?

—Realmente no es que no quiera regresar, pero quisiera continuar como investigador. Sé que puedo hacer ciencia también en la Secundaria Básica, pero tendría mayor crecimiento en la Universidad Pedagógica, aunque no tengo aún ninguna propuesta de trabajo en concreto.

—Hay estudiantes que no quieren ser maestros. ¿Qué les dirías a esos jóvenes?

—El éxito de cualquier profesión es que te guste, y en la de maestro, como en otras tantas, hay que hacer muchos sacrificios —incluso desde el punto de vista económico— y se precisa tener dedicación… Si no me gustara tanto, no hubiera defendido un grado científico.

«La de maestro, en mi concepto, es una profesión bien linda, sin demeritar ninguna otra. Llegué muy temprano al aula y algunos de mis alumnos ya están en la Universidad. Cuando me encuentran en la calle, me saludan con cariño y respeto. Eso reconforta enormemente desde el punto de vista espiritual y profesional».

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